A VECES, la mejor forma de hacerse una idea del lugar es subir a su punto más alto. En este caso, pues, toca enfrentarse a unos duros escalones de piedra y ascender hasta lo alto del templo de la Serpiente Bicéfala, de cerca de 70 metros de altura. Una vez allí, con la respiración todavía entrecortada, se obtiene una visión panorámica de los restos de la que fue una de las ciudades mayas más poderosas, Tikal, y ahora uno de los lugares de mayor relevancia de Guatemala. Una antigua metrópoli enmarcada en una selva para la que no pasan los años, que ha logrado conservarse tal y como era antes de la llegada de los conquistadores españoles, donde los pumas y los jaguares campan a sus anchas, los monos arman jaleo desde los árboles y los lagos muestran un azul casi irreal. Por eso, y a pesar de que todavía permanecen enterradas entre 3.000 y 4.000 construcciones, entrar en el Parque Nacional de Tikal supone viajar hasta un periodo en el que la actual Centroamérica nada sabía del progreso de la civilizada Europa. La ciudad estuvo poblada desde el año 700 antes de Cristo hasta el 900 después de Cristo, y se convirtió en la capital comercial durante la época de mayor esplendor del imperio maya, cuando llegó a acoger a 100.000 habitantes. Construida sobre plataformas artificiales de diversas alturas –un método para hacer llegar el agua–, a lo largo de 15 kilómetros cuadrados se pueden observar plazas, centros ceremoniales, juegos de pelota, complejos residenciales y, por supuesto, templos construidos bajo unos conceptos totalmente opuestos a los parámetros occidentales, y que en algunos casos pueden llegar a considerarse galácticos. De hecho, George Lucas eligió esta zona para filmar algunas escenas del episodio IV de la Guerra de las Galaxias, la primera de la saga. La edificación principal de la Acrópolis central es el denominado Templo del Gran Jaguar (a la derecha, en la fotografía silueteada), de 55 metros de altura, tumba de Hasaw Cha’an Kawil, que devolvió la supremacía a Tikal tras la lucha contra otros líderes mayas. Le acompañan, entre otros, el Templo de las Máscaras, también conocido como la Pirámide de la Luna, o el Templo de las Inscripciones, llamado así por el extenso texto que se encuentra en la parte trasera. Alrededor de la ciudad se encuentran otros centros arqueológicos, como El Mirador, Dos Pilas o Piedras Negras, así como lugares de belleza natural incontestable, como las grutas de Naj Tunich y Jobtzinaj, el lago de Petén Itza o las lagunas de Yaxhá y Sacnab.

CULTURA VIVA

Visitar el parque Nacional de Tikal permite hacerse una idea del antiguo esplendor maya, pero recorrer los pueblos que rodean el lago de Atitlán, en el departamento de Sololá, supone una oportunidad de sumergirse en su cultura viva, que, a pesar de todo, logró sobrevivir y multiplicarse en las 44 lenguas mayas que se hablan en la actualidad. El lago, de origen volcánico, se extiende por aproximadamente por 130 kilómetros cuadrados y está rodeado por tres majestuosos volcanes, que posibilitan el contraste entre el verde de la intensa vegetación y el azul de las aguas cristalinas. A su alrededor, 14 pueblos indígenas mayas, aislados cada uno en su propia burbuja. Y es que cada localidad tiene sus propias características: sus habitantes visten diferentes trajes típicos, hablan su propia lengua maya, trabajan la agricultura según sus propias reglas y construyen cada uno según su tradición. Además, cada uno de ellos se ha adaptado al impacto del turismo de una forma diferente, por lo que el visitante se encuentra con un ambiente diferente a apenas unos kilómetros de distancia. Panajachel es el pueblo más polivalente, con todo tipo de restaurantes y bares. Por su parte, Santiago Atitlán mantiene un fuerte contacto con sus tradiciones, mientras que San Pedro la Laguna atrae a un público más bohemio, con una gran cantidad de servicios a precios económicos. En San Marcos abundan los centros de meditación, relajación y yoga, y Santa Cruz la Laguna destaca por su tranquilidad, ya que solo se puede acceder a él en lancha.

LA PRIMERA CAPITAL

La inmersión en la cultura maya continúa por Iximché, que significa literalmente Árbol de Maíz y que se encuentra en el municipio de Tecpán. Ciudad arqueológica y centro ceremonial, fue la primera capital del Reino de Guatemala bajo mandato español, aunque también fue el lugar donde tuvo lugar la primera rebelión indígena del país. Finalmente, en el departamento de Quiché se encuentra Chichicastenango, un mercado donde se fusionan las tradiciones indígenas y cristianas. Un buen lugar para interaccionar con la población maya, quienes venden sus artesanías en la plaza central y sus alrededores.