HAY VIAJES QUE SUSCITAN

opinio- nes contrarias. Lo que para unos es sor- prendente, para otros se salva por los pelos. En cambio, hay otros que no ad- miten discusión alguna. Son inolvida- bles, y punto. Esto sucede con Guipúz- coa, la provincia más pequeña de Espa- ña, pero una modesta coleccionista de encendidos piropos. Tras su visita, en el recuerdo del via- jero ronda siempre el mismo adjetivo: verde. Es el refrescante tapiz que cubre el paisaje de las comarcas del interior de Guipúzcoa: Debagoiena, Goierri, To- losaldea, Urola Erdia y Urola Garaia. Tras sus nombres, esconden el pálpito de una cultura milenaria que, lejos de ha- ber desaparecido, se conserva en ca- da una de las manifestaciones cultura- les del pueblo vasco.

IDÍLICO ENTORNO

En apenas 2.000 kilómetros cuadrados, Guipúzcoa encierra los parques natu- rales de Aralar y Aizkorri, así como los entornos de Ernio, Leitzaran, Izarraitz y Udalatx. Ésta es la cuna donde los amantes de la cumbre se sienten a gus- to, mimados por la espesura del bos- que y el agua helada del serpenteante riachuelo. En cualquier ladera aparece espon- táneamente un caserío. Una puerta que se abre a los productos autóctonos y artesanales, o que prepara con esme- ro una mesa donde presentar sus es- pecialidades gastronómicas. Aquí se mezcla la nueva cocina vasca con la sa- biduría desprendida de las tradicionales sociedades gastronómicas, cuyos so- cios han colaborado en la conservación y recuperación de viejas recetas, que revalorizan su humilde origen.

EXQUISITEZ A LA VISTA

El queso Idiazabal, las alubias de Tolo- sa, las morcillas de Beasain o los mo- dejus de Zaldibia son algunos de los bo- cados obligatorios de Euskadi. Una tierra que ha dejado su fuerte impronta en los recetarios culinarios, así como en los restos histórico-artísticos de su patri- monio. Piedras que siguen sorprendien- do muchos siglos después de que sus creadores los idearan. Entre los conjun- tos monumentales llaman la atención los de Bergara, Oñati, Tolosa, Azpeitia, Azkoitia, Arrasate, Segura, Ordizia, Bea- sain… Y villas como Legazpia, con su historia íntimamente ligada al patrimo- nio industrial, así como el Camino Real y el Camino de Santiago. Tampoco pue- de olvidarse la visita a la denominada ruta de los tres templos: Loiola, La An- tigua y Arantzazu, de estilos comple- tamente distintos, aunque igualados por una devoción que subyace al paso del tiempo. Descubrir el interior de Guipúzcoa es, finalmente, integrarse en sus fiestas y celebraciones populares, como las pro- cesiones de Semana Santa de Azkoitia y Segura, la barroca procesión del Há- beas Christi en Oñati o los carnavales de Tolosa. Ruido, música y estruendo que en absoluto son necesarios para que el visitante quede profundamente afectado por la experiencia.

La tradición popular hac onservado celebraciones muy antiguas