EN LA ARTERIA peatonal que va de la estación central de Ámsterdam a la plaza de Dam, aguarda una grata sorpresa. Nadie diría que en el modesto callejón que se abre entre un doner kebab y un puestecillo de patatas fritas se esconde uno de los hoteles más curiosos de la capital de los Países Bajos. Se trata del The Exchange, inaugurado el pasado 3 de diciembre con el objetivo de romper con unos cuantos estereotipos.

Se trata de una iniciativa de Otto Nan y Suzanne Oxenaar, una pareja de diseñadores que, fieles a sus proyectos anteriores, han entrelazado los conceptos de moda y arquitectura. En este caso se propusieron vestir las habitaciones como si de modelos se tratase. Para ello, los creativos se aliaron con el Instituto de Moda de Ámsterdam, donde seleccionaron a ocho alumnos para que desarrollaran la idea de cada habitación de una forma independiente, utilizando la metáfora como principal recurso creativo.

Así, repasando las estancias, es posible encontrar paredes llenas de ojos vigilantes, enrevesados amasijos de hierro forjado o muebles forrados de tela. Las maletas de María Antonieta, el armario de Frida Khalo o el estilo tejano son otras de las fuentes de inspiración. Asimismo, para la elección de telas que adornan el hotel, los alumnos se acogieron a la idea de colchones abandonados, cajas de cartón o fachadas de edificios.

El edificio al completo –no solo las habitaciones– ha sido tratado como si fuera un modelo humano. Así, el pavimento de entrada se convierte en una pasarela; la iluminación y las mesas dejan de ser meramente ornamentales para transformarse en accesorios del cuerpo; y las arrugas dejan de ser características de las telas, para traducirse en la forma estructural de la carne humana.

Un último aspecto a destacar: The Exchange no responde a una única categoría. El huésped puede escoger habitaciones de una a cinco estrellas. Porque no todas pueden ser top models.

Texto: AlbertoGonzález