Es uno de los establecimientos más escogidos por las grandes celebridades en su estancia en París. Eso dice mucho de Meurice. El rey español Alfonso XIII, el rey de Montenegro, el príncipe de Gales, el rey Jorge VI, el presidente francés Doumergue o el sultán de Zanzíbar son sólo algunas de las visitas que recibió el hotel durante los primeros años del siglo XX, lo que le valió el sobrenombre del Hotel de Reyes. Los rostros conocidos no han dejado de sucederse mucho tiempo después, entre los que se encuentran artistas, escritores e intelectuales: Liza Minnelli, Plácido Domingo, Orson Welles, Ginger Rogers, Elizabeth Taylor, Richard Burton… Sus salones son escogidos para albergar algunos importantes eventos de la alta sociedad, como las recepciones que ofrecía Coco Chanel en los años 30. Su inusitada belleza le ha convertido en el escenario donde se han grabado grandes películas, como Mata Hari y Julia, protagonizada por Jane Fonda. Este hotel de corte palacial se encuentra en pleno corazón de París, entre la Plaza de la Concordia y el Gran Louvre, de cara al jardín de las Tullerías, rodeado por una mezcla de boutiques modernas y clásicas. Un lugar lleno de historia, donde tuvieron lugar algunos de los episodios más importantes de la Revolución francesa, el periodo napoleónico y la restauración de los reyes borbónicos.

Desde febrero de 2001, los recién llegados al hotel Meurice descubren una oferta para el bienestar personal que les atrapa. El motivo es el exclusivo Bien-Être, el gigantesco spa del hotel, así como su moderno centro de fitness con la última tecnología.

Aprovechar el Tiempo
Sus 160 habitaciones son extraordinariamente espaciosas, y se encuentran decoradas con mobiliario de época y elegantes obras de arte. Entre ellas se encuetran 25 suites y 11 habitaciones júnior, incluyendo dos suites presidenciales en la primera planta, y la Belle Étoile Suite en la séptima, con vistas a la romántica ciudad. Para tomar un té, un cóctel o una comida ligera, el Jardin d’Hiver, en el corazón del hotel, se convierte en un lugar mágico, donde los clientes pueden disfrutar del mejor jazz en directo desde las cinco de la tarde. Otras opciones son el lujoso y tranquilo bar Fontainebleau o el restaurante Meurice, que se ha propuesto deleitar vista y gusto. La estrella Michelin que recibió en 1992 por sus platos creativos, ligeros y exquisitos, confirman que lo consigue.

TEXTO DARÍO REINA

www.meuricehotel.com