ELX CUENTA CON impaciencia los días que faltan para el 18 de mayo, fecha en la que la ciudad valenciana recibirá a su embajadora más conocida y preciada: la Dama de Elx, un busto de piedra caliza que se enmarca dentro del periodo íbero clásico y que fue esculpido entre los siglos V y IV aC. Su retorno temporal, después volverá al Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, motivará la celebración de Ilicielx 2006, una exposición con varias sedes que recogerá los 2.500 años de historia de la localidad. Así, los lugares más significativos de la ciudad albergarán todo tipo de muestras destinadas a ofrecer una visión completa de Elx, centrándose en su pasado, su presente y su riqueza patrimonial. Además, coincidiendo con la llegada de la Dama se inaugurará el Museo Arqueológico y de Historia de Elx, que se convertirá en el hogar momentáneo del preciado busto, y que en sus 4.000 metros cuadrados recorrerá la historia ilicitana y su entorno. Las exposiciones relatarán como hace más de 2.000 años la ciudad nace como la antigua Heike íbera y luego se convierte en la Ilice romana. La huella que dejaron ambas culturas se aprecia en el yacimiento arqueológico de la Alcudia. Con la llegada de los árabes, en el siglo X, la ciudad se trasladó desde ese punto hasta su actual ubicación y empezó a ver crecer su palmeral que, junto al Misteri d’Elx, forman parte del Patrimonio de la Humanidad. Mucho más tarde, en el siglo XIX, la ciudad vive una época de esplendor con el surgimiento de la actividad alpargatera, origen de la moderna industria del calzado, que potenció el crecimiento económico y social. En la actualidad, Elx es una población cosmopolita de 220.000 habitantes que vive armónicamente con su pasado y lo muestra orgullosa a través de su ruta monumental, que permite conocer edificios como el Alcázar de la Señoría, la fortaleza de Calahorra, los baños árabes o la basílica de Santa María. Tan imprescindibles como los huertos de palmeras que envuelven la ciudad formando un impresionante paisaje urbano. El palmeral, compuesto por más de 200.000 ejemplares, fue cultivado por los árabes aprovechando las técnicas de cultura de oasis características del norte de África, entre ellas una red de acequias que todavía perdura.