Alegaba Chesterton –probablemente el mejor biógrafo que nunca tuvo Dickens– que la empatía simbólica del autor se debía a que nadie como él había entendido el imaginario de un pueblo como el británico y le había dado una expresión literaria justa y genial. Tanto es así que, aún hoy, muchos de sus compatriotas siguen viéndose reflejados en sus personajes, al tiempo que reconocen los ambientes, los paisajes y las brumas del escritor.

Pero el 2012 no servirá para constatar su calidad literaria –estaría de más–, sino la enorme influencia cultural de Dickens fuera de sus novelas, tal y como demuestran los acontecimientos relacionados con el cine, el arte o la vida urbana que tendrán lugar en su país natal.

En primer lugar, se estrenará la esperada adaptación cinematográfica de Grandes Esperanzas, en clave de thriller. Por otra parte, hasta el 4 de marzo, la British Library explorará la relación de Dickens con lo sobrenatural. Y hasta el 1 de abril, el museo londinense Victoria and Albert exhibe el manuscrito original de David Copperfield. Asimismo, en la galería Watts de Guilford, una muestra indaga en la relación del autor con las artes visuales.

Contrastes en Londres. En la época victoriana, la capital británica se convirtió en el centro del mundo. Presumía de su estilo de vida opulento y de sus impresionantes edificios, lo que contrastaba con la pobreza de algunas barriadas. Un mundo, este último, que Dickens denunció en Oliver Twist, lo que le ha llevado a ser considerado por muchos como portavoz de los desfavorecidos.

Esa ciudad de hondas desigualdades, puede ser repasada en una original ruta que bien podría iniciarse en el céntrico Museo Dickens, ubicado en un edificio que el literato consideraba su hogar en la ciudad. Podemos desplazarnos luego hasta el área de Clerkenwell, un enclave cosmopolita repleto de locales de diseño que, en tiempos del creador, era considerado uno de los barrios más peligrosos de Londres. La calle de Saffron Hill, por ejemplo, estaba plagada de carteristas, asesinos y mujeres alcohólicas que robaban la ropa a los niños. No en vano, era conocida con el sobrenombre de el pequeño infierno. Asimismo, algunas travesías y rincones como el pasaje de Bartholomew o el popular pub Jerusalem Tavern pueden transportar a las tinieblas victorianas.

Para revivir aquella época, nada como entrar en la coctelería Purl, con un piano, sofás Chesterfield y candelabros, donde se preparan versiones sofisticadas de brebajes de la época victoriana. Worship Street Whistling Shop es otro de esos bares de ubicación semisecreta donde no desentonaría uno de los villanos de las páginas de Dickens. Y en el sótano del legendario pub Ten Bells, donde en el siglo XIX se reunían las prostitutas de la zona de Spitafields, un grupo de chefs se reúne para servir cenas con un toque retro.

Inicio y final.

El condado de Kent inspiró algunos de los pasajes más conocidos de la obra de Dickens, pues es en esa región donde pasó cinco años de su infancia y los últimos 13 de vida. Grandes Esperanzas, por ejemplo, incluye unas inolvidables descripciones de las marismas.

Y en el cementerio de la pequeña iglesia de Saint James –en Cooling–, el autor imaginó al protagonista –Pip– visitando las tumbas de sus familiares, en uno de los episodios más escalofriantes de la novela. A unos ocho kilómetros de allí se encuentra Gad’s Hill, la casa (hoy convertida en colegio) de la que Dickens se enamoró de niño y que consiguió comprar cuando era un escritor de éxito. En la zona también está Dicken’s World, una atracción familiar que explica a los niños el mundo del autor.

Pero si en la región hay una capital dickensiana, esa es Rochester, donde anualmente se organiza un festival dedicado al escritor. En la ciudad se puede visitar el Restoration House, el edificio que sirvió de modelo para Satis House, la casa del personaje Miss Havisham en Grandes Esperanzas, una mujer acaudalada que se paseaba con su ajado vestido de novia tras ser abandonada en el altar.