EL HOMBRE, un acertijo de pistas confusas, que acarician lo físico, lo biológico, lo mental y –don de fe– lo espiritual. Un trabalenguas que la naturaleza pronuncia con nitidez y a nosotros se nos complica. Quien trató de descifrar el enigma fracasó. Y el misterio sigue plenamente vigente. El ayurveda –término que proviene del sánscrito y significa ciencia de la vida– lleva cinco milenios tratando de esclarecer los principios que la rigen y las prácticas que la benefician. El método curativo más antiguo del mundo, del que beben las formas médicas modernas, floreció en los valles de los ríos indios, donde se forjó una sofisticada cultura, con un sistema de escritura pictográfica, un exacto estándar métrico y una gran destreza arquitectónica. El ayurveda cree en el tratamiento no sólo de la parte afectada, sino del individuo como un todo, haciendo de él la forma natural para rejuvenecerse, eliminar todos los desbalances tóxicos del cuerpo y recuperar la resistencia perdida. Según esta filosofía, después de años de rutinas diarias y estacionales incorrectas, de hábitos desarmónicos y de la acumulación de residuos tóxicos o radicales libres que no podemos digerir apropiadamente, surge la base de los desequilibrios agudos y crónicos. Estos residuos tóxicos obstruyen el flujo de nutrición e información, posibilitando que aparezca la enfermedad. Cuando los radicales libres a nivel mental obstruyen el flujo de sentimientos positivos y de claridad surge la fatiga emocional y psicológica, puesto que –según el ayurveda– la buena salud depende de la habilidad de la unidad mente-cuerpo para metabolizar plenamente la información nutricional, emocional y sensorial que se ingiere diariamente. Como práctica médica, el ayurveda se extiende por todo el país. Sin embargo, Kerala es el único estado donde se practica este sistema con dedicación absoluta. Su adecuado clima, la abundancia natural de sus bosques (con gran riqueza de plantas medicinales) y la fresca temporada del Monzón (entre junio y septiembre) son factores muy apropiados para los paquetes curativos del ayurveda.

CLIMATOLOGÍA FAVORABLE
Según los expertos, el monzón es la mejor temporada para los programas de rejuvenecimiento, porque la atmósfera permanece fresca y libre de polvo y los poros del cuerpo se abren al máximo, haciéndolo más receptivo a los aceites. Pero los monzones en Kerala no siguen el patrón de aquellas lluvias incesantes que parecen no acabar nunca y que tanta devastación dejan a su paso. Se trata más bien de un juego de precipitaciones intensas e intermedios soleados. Ocasionalmente, estas lluvias pueden prorrogarse durante unos cuantos días, pero en cualquier caso el sol no tarda en aparecer a través del húmedo palmeral. Kerala tiene dos estaciones lluviosas. El monzón del suroeste, en el mes de junio, y el monzón del noreste, a mediados de octubre. Con las lluvias, se asiste a un renacimiento. La naturaleza retoma su pulso vital y determina el momento exacto en que el rejuvenecimiento humano sería idóneo. Ese en el que el cuerpo entra en armonía con la ley cósmica.