robinhood_4Cada generación tiene su propio Robin Hood.
Un héroe para el pueblo, un proscrito para los poderosos, un as disparando flechas y una leyenda que se ha ido trasmitiendo de padres a hijos primero gracias a las baladas de los trovadores medievales y luego mediante el poderoso instrumento de difusión que es el cine.
Los historiadores todavía discuten si este justiciero fue de carne y hueso o fruto de la imaginación popular, y lo cierto es que hay argumentos tanto a favor como en contra.
Lo que sí existe es la posibilidad de acercarse a los escenarios en los que se forjó la leyenda de aquel que se enfrentó al sistema corrupto establecido por el rey Juan, quien usurpó el trono a Ricardo I, Corazón de León, mientras este luchaba en las cruzadas.

El mejor lugar para comenzar a rastrear los pasos de Robin Hood es, sin duda, el bosque de Sherwood, su escondite preferido para huir de las tropas del sheriff y desvalijar a los ricos que se adentraban en él.
Actualmente está protegido como Reserva Natural Nacional y recibe cada año cerca de 45.000 personas interesadas en ver con sus propios ojos el lugar de las principales hazañas del príncipe de los ladrones, formado por la mayor concentración de robles antiguos de toda Europa.

Existen dos formas de acercarse a la leyenda de Robin Hood.
Una se basa en recorrer los lugares en los que construyó su mito.
Otra, en cambio, consiste en experimentar en persona lo que significaba ser un proscrito en la Inglaterra medieval. Algo que requería unas buenas habilidades orientadas a la supervivencia, como saber esconderse en los árboles.
Los centros Go Ape, ubicados a lo largo de todo el país, ofrecen un trepidante circuito de cuerdas flojas, tirolinas, pasarelas y barras de equilibrios que hacen sentir a uno como si fuera un auténtico forajido huyendo de la autoridad. Otro de los puntos fuertes de Robin Hood era su puntería. En el mismo bosque de Sherwood, y en otros puntos del territorio, se puede practicar el tiro al arco.
De la misma forma, las campiñas inglesas son el escenario perfecto para aprender a montar a caballo, o perfeccionar la técnica como jinete, algo fundamental para escapar de las tropas del sheriff.
Y cuando cae la noche, nada mejor que un buen banquete medieval para reponer fuerzas.
Por ejemplo, en las Galerías de Justicia de Nottingham, en el castillo de Peckforton de Cheshire o en el muelle de St. Katharine de Londres.

Más información: www.visitengland.es/robinhood