ATERRIZAR EN DUBLÍN

 y dirigirse ha- cia el sureste es tan simple como alquilar un coche en el mismo aeropuerto de la capital de la isla Esmeralda o coger uno de los autobuses de la compañía de trans- portes de Irlanda –Bus Eireann–, que co- necta casi todas las ciudades y pueblos del país con muy buenos horarios y me- jores tarifas. El recorrido llevará al viajero a unos 102 kilómetros al sureste de Dublín, a Kilkenny, la antigua capital del país. Una ciudad que ha conseguido conservar su aspecto me- dieval y donde no sólo se puede admi- rar su imponente castillo –a orillas del río Nore–, que efectivamente deja boquia- bierto a cualquiera que lo visita, del siglo XII y rodeado de 20 hectáreas de jardines, sino también la catedral de Saint Canice, la segunda catedral medieval más anti- gua de Irlanda. Las compras se pueden realizar en High Street –donde se encuen- tran tiendas de todo tipo–, pasear por sus calles, con ese toque medieval y hacer un alto en el camino en uno de los inconta- bles pubs de la ciudad. Una hora en au- tobús o en coche de alquiler es lo que se- para Kilkenny de Waterford.

FUNDADA POR VIKINGOS

 En Merchants Quay, justo en frente de la estación de autobuses, se encuentra la Oficina de Turismo, donde atienden ama- blemente y dan información suficiente so- bre lo que se puede ver y hacer durante la estancia. Además, el viajero podrá com- prar algún souvenir típico de Irlanda, ya que tienen gran variedad de ellos (desde camisetas y balones de rugby hasta las típicas galletas de mantequilla irlandesas). En ese mismo edificio se encuentra uno de los museos más importantes de la is- la Esmeralda, el Waterford Museum of Treasures. De hecho, ha sido galardona- do con numerosos premios desde 1999. En él se han recopilado importantes pie- zas o tesoros con los que narrar la his- toria de Waterford, la ciudad más antigua de Irlanda, desde que fuera fundada por los vikingos alrededor del año 914. Espa- das impresionantes, coronas, anillos, bro- ches, piezas de cristal, la maqueta de lo que fue la ciudad de Waterford en sus principios, representaciones audiovisua- les…

Sin duda es un museo merecedor de esos premios, y mejor verlo que con- tarlo, ya que los objetos que posee son de incalculable valor y se encuentran en óptimas condiciones. Si se continúa por esa misma calle el visitante se topa con otra de las joyas de la ciudad, Reginald’s Tower, una torre cir- cular que data del siglo XII, y que consti- tuye el edificio cívico más antiguo de to- do el país.

Fue utilizado como Casa de la Moneda, prisión y como almacén militar. Ahora alberga una exhibición sobre su his- toria que se puede ver diariamente du- rante todo el año. Detrás de Reginal’s Tower se encuen- tra The French Church, fundada alrede- dor del año 1240 por los frailes franciscanos, sólo 14 años después de que mu- riera San Francisco de Asís, fundador de la orden. Los franciscanos siempre reci- bieron subvenciones de palacio, hasta que en 1540, el rey Henry VIII disolvió la orden y encargó a Henry Walsh, un rico mercader de la época, convertir el empla- zamiento en una casa de limosna que fue conocida como The Holy Ghost Hospital, hasta que en 1815 fue trasladada a la ca- rretera de Cork.

JOYAS ARQUITECTÓNICAS

El modelo original de la Christ Church Ca- thedral, otra de las joyas arquitectónicas de Waterford, fue construido aproxima- damente hacia el siglo XI, o incluso antes, probablemente cuando los vikingos pa- ganos se convirtieran al cristianismo. Ha- cia el 1210 los normandos tomaron Wa- terford y construyeron la nueva catedral gótica, pero se vino abajo hacia 1773, fecha en la que se empezó a construir la actual, la cual fue terminada en 1779. Está considerado como el edificio ecle- siástico más elegante del siglo XVIII.

Adentrándose en el centro de la ciu- dad lo que se puede encontrar es una multitud de tiendas, aunque la mayo- ría de ellas, de todo tipo –joyerías, de deporte, de ropa…– se ubican entre Arundel Street, Barronstrand Street y la plaza de John Roberts (donde inclu- so hay dos centros comerciales: el George’s Court Shopping Centre y el Citty Square Shopping Centre), pero no es extraño encontrar una tienda de alta costura en una calle cualquiera de la capital. Marcas tan conocidas como Pull & Bear, o incluso United Colors of Benetton están presentes en la ciudad. Si algo caracteriza también a esta zona de Irlanda es la amabilidad de sus gentes. Si se decide dar un paseo por los muelles a primera hora de la maña- na, es habitual cruzarse con gente ha- ciendo las mismas cosas: respirar la tranquilidad de la ciudad a esa hora de la mañana y disfrutar de un paisaje di- ferente. Todos y cada uno de los habi- tantes locales darán los buenos días, e incluso alguno irá más allá abordan- do al visitante y preguntándole de dón- de es, si le gusta Waterford…

COSTA SOPRENDENTE

Si el interior de la capital ya es bastante sorprendente, no lo es menos la parte de la costa. Varias son las opciones, pero sin duda una de las principales es la conocida como la costa del cobre. Abarca unos 25 kilómetros de costa, los que van desde Fenor hasta Strad- bally, y está señalado como uno de los 17 centros geológicos de Europa, el único que existe en Irlanda. Seis pe- queñas aldeas costeras que ofrecen al visitante impresionantes acantilados, continuas ensenadas y un sinfín de cuevas que harán las delicias de los amantes de la exploración. Fenor es ideal para viajar con niños, con su pantano, un refugio natural de flora y fauna, y la granja de la costa del cobre, para introducir a los niños en la vida de la granja; Annestown y Dunhill, dos aldeas de contrastes, la primera porque en realidad no es más que una pequeñísima aldea, donde se respira una paz inigualable, que difiere del am- biente de los surfistas que acuden a la playa a practicar dicho deporte y la se- gunda porque se puede encontrar un ambiente nocturno muy agrada- ble y dólmenes datados en el 2500 a.C; Boatstrand, con su pequeño puerto pesquero cons- truido a finales de 1880 y don- de es normal encontrarse a gente bañándose, y sus pe- queñas piscinas en la roca; en Bunmahon se encuentra una de las muchas playas de bandera azul situadas a lo largo de la costa de Irlanda y una de tantas explotacio- nes mineras del cobre que existen en la zona; y por úl- timo Stradbally, una aldea con un entrañable encan- to medieval que sorpren- de al visitante por sus tí- picas casitas con el techo de paja.