¿QUÉ TRES OBJETOS se llevaría a una isla desierta? La pregunta tiene su qué psicológico, pero si el entrevistado va de listillo siempre puede escabullirse alegando que, de ésas, ya no quedan. Pues bien, con todos mis respetos hacia el personaje en cuestión, mire usted la foto. Sí que quedan. Tres palmeras sobre fondo blanco. Y alrededor, agua virgen, que no limpia, pues jamás estuvo sucia. El fotógrafo que sobrevoló este lugar viajó hasta las islas de la Bahía, sobre la segunda plataforma de arrecifes de coral más grande del planeta y a escasa distancia de la costa atlántica de Honduras. Reconocidas internacionalmente como uno de los principales destinos del submarinismo a nivel mundial, sus tres islas principales, Roatán, Guanaja y Utila, junto con las no tan conocidas Elena, Morat, Barbareta y Cayos Cochinos, se venden bajo los calificativos pureza, fantasía y, sobre todo, paz.

LA PRIMERA IMPRESIÓN

Fue Cristóbal Colón el privilegiado que se llevó la primera imagen de las islas, al desembarcar en 1502 en Guanaja, durante su último viaje al continente americano. En los siglos posteriores, las islas de la Bahía se convirtieron en una guarida de piratas ingleses, franceses y holandeses. Algunos nombres como los afamados Henry Morgan, Coxen, Morris y Van Horn, sacaron buen partido de los escondrijos de los bellos puertos de Roatán, donde se guarecían tras sus expediciones de saqueo contra los buques españoles. En 1858 fue reconocida la soberanía de la joven nación hondureña sobre las islas. La mayoría de los isleños actuales son descendientes de pobladores británicos originarios de las islas Caimán y los garífunas, descendientes de indígenas caribeños y negros africanos, llegados a Roatán desde la isla de San Vicente en 1797. La unión de ambas culturas dio lugar a una nueva sociedad con rasgos y costumbres distintivas tan inconfundibles como el inglés con acento caribeño que hablan sus hospitalarios habitantes. La más desarrollada –turísticamente hablando– de las islas es Roatán, cuyos extremos distan más de 60 kilómetros entre sí. Los arrecifes norte y sur son conocidos mundialmente por la drástica caída de sus paredes, sus grietas y cavernas y por sus excelentes condiciones para el buceo cerca de la orilla. Pero además de los deportes acuáticos, la isla ofrece otras posibilidades, como viajar a su extremo oriental, para conocer el bosque manglar y la isla Barbareta, poblada por un bosque tropical.

LA MENOR DE LAS TRES

Entre las principales, Utila es la más pequeña de las islas, pero también la más cercana al litoral hondureño. Su población principal, East Harbour, es un lugar encantador donde todo el mundo parece conocerse entre sí. La mayoría, rostros de ingleses, como resultado de la herencia de siglos de población británica. Finalmente, el cerro Michael Rock Peak convierte a Guanaja en la isla de mayor elevación. Su otro gran atractivo es la exclusividad, ya que la mayoría de sus instalaciones turísticas están localizadas en puntos aislados sobre la costa, cuyo acceso sólo es posible en embarcación.