ÁRABES CONTRA cristianos. Castillos que cambiaron de manos tras duras escaramuzas. Distintas formas de entender la vida, la ciencia, la cultura, la religión. Batallas históricas que forman parte de los libros de texto. Posiciones irreconciliables que se convierten luego en un testimonio de paz y de entendimiento, además de en un itinerario cultural y turístico que propugna la reconciliación entre pueblos. De Ciudad Real hasta los pies de la Alhambra, en Granada, con toda la provincia de Jaén como centro de atención, la ruta Castillos y Batallas guía al viajero por aquellas tierras donde se libraban épicas luchas bajo el cielo azul. Tres grandes batallas desencadenadas en suelo jienense cambiaron el curso de la historia. Romanos y cartagineses se enfrentaron en el 208 antes de Cristo, almohades y cristianos en 1212, y franceses y españoles en 1808. De todas ellas fueron testigos los castillos, sólidas edificaciones rodeadas de imponentes murallas, baluartes, fosos y torreones, construidas en lugares estratégicos y utilizadas como instrumentos de poder por sus dueños, que iban y venían según su suerte en cada enfrentamiento.

HUELLAS HISTÓRICAS
Las marcas del norte se convierten en el inicio de la ruta y el parque arqueológico de Alarcón, un ejemplo de las huellas que dejan las grandes historias. En sus estratos más primitivos queda la memoria de la edad del hierro y, sobre ella, la época íbera exhibida en la ciudad de Lacurris. Esta misma ciudad fue importante en la época romana y todavía más con la llegada de los árabes. Hasta el año 1212, Alfonso XII no la conquistó definitivamente para los intereses cristianos. Parecidas tribulaciones sufrieron los castillos de Salvatierra y Calatrava La Nueva, que dejan el norte para conducir hacia las tierras de Despeñaperros. Es en ellas donde se encuentra el Castro Ferral, situado a la altura del puerto de Muradal y construido como protección de la tradicional ruta que unía Andalucía con la meseta. Próximo a sus ruinas, además, se encuentra el trazado de la primitiva Vía Augusta romana. También cerca aparece el castillo de Navas de Tolosa, levantado por los musulmanes a mediados del siglo X para controlar el conflictivo paso de Sierra Morena. Fue conquistado durante la campaña bélica de Navas y desmantelado en 1473, poco antes del fin del reino nazarita de Granada, último recuerdo de la dominación árabe. El camino hacia la ciudad de Jaén transcurre entre las fortalezas de Linares y el castillo de Baños, uno de los más antiguos y más importantes de Europa, construido en el año 968 bajo el gobierno del califa cordobés Al-Hakam II. Su muralla de tapial de argamasa acoge 15 torreones, incluida la Almena Gorda, la gran torre construida en época cristiana. Sigue por Andújar, de origen romano, Arjona, Porcuna y Lopera, localidades donde nacían los romances y las dinastías. Con Jaén llega la fortaleza pacífica, cedida por el rey Aben Alhamar a Fernando II, gesto que permitió al monarca árabe fundar la dinastía nazarita de Granada bajo la protección castellana. Desde aquí, las campiñas y los olivares guían primero hacia Alcaudete, la fortaleza inexpugnable, y luego llega a las puertas de Granada y a los pies de la Alhambra. Junto a uno de los conjuntos palatinos más deslumbrantes del mundo acaba la ruta. En 1492, los Reyes Católicos entran en él y ponen fin a ocho siglos de presencia árabe en la Península. Ahora queda el recuerdo, y también los castillos.