LOS ANTEPASADOS DE LA POBLACIÓN

Jamaica fue descubierta por Cristóbal Colón en su segundo viaje. Y antes de que pudiera escapársele de las manos, la corona la hizo española en 1509. En 1655 fue conquistada por ingleses bajo el mando de sir William Penn. Y, según las disposiciones del Tratado de Madrid, en 1670 fue transferida de hecho a Inglaterra.

Durante los siglos XVII y XVIII, el tráfico de esclavos supuso la llegada de africanos a Jamaica. Y aunque la esclavitud se abolió en 1834, los africanos y sus descendientes desarrollaron una cultura propia con los recuerdos de las tradiciones de las tierras de las que procedían, mezcladas con las costumbres británicas. Actualmente –dicen los antropólogos–, en el subconsciente colectivo del país sigue pesando ese pasado marcado por la esclavitud, lo que se aprecia en el crecimiento de un potente sentimiento nacionalista jamaicano.

LAS TRIBUS AUTÓCTONAS que poblaban la isla cuando llegaron los invasores la llamaban Xaymaca, lo que significa tierra de bosques y aguas. Porque si algo caracteriza el relieve jamaicano son sus interminables playas, sus calas escondidas, las escarpadas montañas, cascadas y grutas. En otro plano están sus gentes, que son las que acaban de perfilar la personalidad a la isla. Un lugar tan bien vendido por Bob Marley que es imposible no encontrar un homenaje a su persona en el lugar menos pensado. Igual de omnipresente es la artesanía, especialmente los trabajos basados en todo lo que procede del mar, así como pinturas de gran colorido. En Jamaica se han conservado las técnicas tradicionales, entre las que destacan los trabajos con chapa –para los que se emplean bidones–, la cestería (fundamentalmente con hojas de cocotero y de platanero) y la elaboración de coloridos cuencos de barro pintados a mano. El cuero, el ámbar y la madera son otros de los materiales que se trabajan.

Haciendo un barrido de la isla, una de las primeras y obligadas paradas es la Bahía de Montego o, como la llaman sus ciudadanos, Mo-Bay, donde se puede visitar el santuario de pájaros Rocklands o la casa Rose Hall Great House, una antigua plantación de azúcar, que sirve para recordar los tiempos en los que este lugar fue el hogar de muchos hacendados ingleses ricos.

Relativamente cerca se encuentra Negril, lugar de peregrinaje hippy en los 70, donde pueden verse unas espectaculares puestas de sol, especialmente hermosas desde la llamada playa de las siete millas. Esta también es una zona para practicar el nudismo, escuchar reggae en las parrillas o los clubs o ver cocodrilos y aves exóticas en la zona conocida como The Great Morass.

En la costa norte se encuentra Ocho Ríos, pueblo de blancos arenales, aguas cristalinas y selvas tropicales. Allí se puede pasear por los jardines cercanos al río Coyaba o participar en la que sin duda es la principal atracción de la isla: la subida por la escalera natural de las cataratas del río Dunn. Algunas de las estampas más hermosas de Jamaica también se encuentran cerca de la localidad de Ocho Ríos, viajando a lo largo de la A3, y atravesando kilómetros de colinas ondulantes y tierras verdes y fértiles.

A continuación llega Port Antonio, lugar turístico donde anualmente cientos de parejas recorren el Río Grande en una balsa de madera, acompañados por un conductor experto. Y después del trayecto, hay que pasar por la playa de Boston, donde hay que degustar el pollo o el cerdo cocinado sobre hoyos.

El viaje continúa en Mandeville, una comunidad que se encuentra a 2.000 pies sobre el nivel del mar, con lo que las temperaturas tanto por el día como por la noche son algo más frescas. Hoy en día es el lugar de residencia habitual para muchos jamaicanos jubilados, lejos de los polos de atracción turística, que se han ido desviando hacia la costa.

SELVA VIRGEN

Blue Montains es la cadena montañosa más importante de Jamaica, que ocupa la parte oriental de la isla. Está cubierta con un espeso y verde bosque sobre el que llueve en abundancia el agua de las continuas tormentas tropicales que se desatan en las masas nubosas que cubren los picos. El interior de la cordillera y las partes más bonitas del parque no son accesibles en coche, por lo que la mejor forma de conocer estas zonas es acompañados por un guía. Existe una amplia variedad de rutas, que se pueden recorrer y que pueden llevar desde una sola mañana hasta varios días. Hay excursiones que ascienden a la montaña con el objetivo de ver amanecer desde arriba: normalmente comienzan la marcha hacia las dos de la madrugada pero, a pesar del madrugón, pocos se arrepienten de haberlo hecho.

En estas montañas y en las altitudes superiores a los 3.000 metros es donde mejor se cultiva el café. De hecho, uno de los mejor considerados del mundo: el grado de humedad, las condiciones del suelo y el lento crecimiento de cinco años desde la germinación hasta la recolección, producen un grano suave y aromático.

Finalmente, nos detenemos en la capital, Kingston, en la costa sur. Es la ciudad de habla inglesa más grande del Caribe, bulliciosa y llena de comercios, donde van a parar la mayoría de hombres de negocios que visitan Jamaica. Así que mejor no acudir allí buscando una estancia relajada. Ahora bien, es un buen puerto de partida para ir haciendo el cuerpo a lo que vendrá tras salir de la isla. Se acabó lo bueno.

‘Canopy’, descenso de ríos y otras locuras.

Mucho tiene que gustar la playa como para pasar las vacaciones enteras sobre la hamaca y bajo un sol de escándalo, que es el que aprieta en Jamaica tanto en agosto como en diciembre (a excepción de finales de verano, cuando llegan los tornados). Por eso, la oferta turística ha multiplicado las actividades de ocio y aventura, para que cualquier visitante pueda encontrar aquella que mejor se adapte a su gusto. Una de las empresas más importantes del sector es Chukka Caribbean Adventures, a través de la cual se puede contratar, por ejemplo, una sesión de canopy. Este deporte consiste en realizar un recorrido de altura por las copas de los árboles, usando tirolinas, plataformas, puentes colgantes o lianas. Una experiencia ecológica diferentes que, además, permite contemplar bellos paisajes que sería imposible ver desde el suelo.

En contacto con el agua se puede realizar esnórquel o buceo, ya que Jamaica tiene una costa rica en arrecifes, promontorios y aguas poco profundas, que permiten contemplar el fascinante espectáculo de la vida submarina. Uno de los mejores lugares para practicar estas modalidades es el West End, en Negril, donde hay muchos cañones y cuevas por explorar, aunque también son puntos clave Montego Bay, Runaway Bay u Ocho Ríos.

Otra de las actividades más solicitadas es el descenso de río sobre una especie de flotador gigante. Un recorrido que combina tramos relajantes con otros de descarga de adrenalina. Igualmente, el descenso también se puede practicar sobre kayak, en el tranquilo río Martha Brae o a través del Black River, entre manglares y cocodrilos, así como alcanzar los saltos de agua de YS Falls, cerca de Mandeville. O jugar a capitanear una lancha motora sobre las olas del Mar del Caribe. Si lo que se persigue es contacto animal, las propuestas van desde realizar un recorrido en camello, una aventura semiacuática sobre el lomo de un caballo, jugar con las mantas rayas en Treasure Reef (parque de Ocho Ríos), interactuar con los pájaros exóticos, las serpientes o las iguanas o realizar una inmersión entre cariñosos delfines.

Por último, si lo nuestro es la velocidad sobre cuatro ruedas siempre puede alquilarse un buggy o un quad, o acudir al Chukka Cove Farm, donde se puede realizar un recorrido en un vehículo tirado por perros, que han sido recogidos de la calle y reeducados para esta actividad.