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Tokio, respeto al pasado y obsesión por el futuro.

Paciencia y buena orientación. Es lo que exigen las calles de Tokio porque, a la primera de cambio, confunden al turista, le pierden y conducen al lugar equivocado. Será culpa del idioma, pero también del confuso sistema postal de la ciudad. Por suerte, el gran número de casetas de policía (koban) que se encuentran cada dos por tres hacen las veces de puesto de información. Este destino polifacético, dinámico y ecléctico atrae cada año a más de 4,8 millones de turistas, cuya programación del viaje se mueve entre la tradición más conservadora y la efervescencia creativa. Pero aunque la estancia en la ciudad sea corta, es inevitable picotear de uno y otro extremo, pues la mezcla es constante y radical.

Viendo la grandiosa ciudad en la que se ha convertido, es difícil pensar que, a principios del siglo XVI, Edo –como se la conocía entonces– fuera un pequeño pueblo de pescadores. Para entrar en contacto con estos orígenes hay que madrugar y plantarse a las cinco de la mañana en Tsukiji, el mercado de pescado más grande del mundo. A esa hora comienza la subasta de atunes congelados, un espectáculo de ritmo frenético que la cámara del turista se afana por inmortalizar.

Concentración de Gueisas
Kioto fue la capital de Japón durante más de 1.000 años y en ese tiempo se convirtió en el centro del arte, la cultura y la religión del país. Localizada a 513 kilómetros de Tokio, es uno de los destinos de obligada visita si se viaja a Japón, entre otros motivos por sus más de 2.000 templos y santuarios o por sus jardines. A diferencia del urbanismo de Tokio, Kioto conserva su trazado cuadricular, por lo que es muy fácil llegar a los sitios de interés. Lo más conveniente es comenzar la ruta por el centro de la ciudad, donde se encuentra el Palacio Imperial. Tampoco hay que dejar de ir a Gion, uno de los más famosos distritos de gueisas de todo Japón o, si es primavera, pasear por Shirakawa Minamidori, donde florecen los cerezos.

Para aliviar el estrés de esta puja, lo mejor es continuar con una visita al Museo Nacional de Tokio, el más grande y antiguo de Japón, que recorre toda la historia del país a través de una amplia colección de objetos de arte y antigüedades: colecciones de pintura, escultura, caligrafía, cerámica, textiles, espadas y los tesoros del templo Horyuji de Nara.

Un paseo por alguno de los preciosos jardines y parques de la ciudad ayuda a asimilar toda la información recibida desde primera hora del día. Muchos fueron propiedad de los señores feudales que vivían cerca del castillo de Edo, y en ellos se puede disfrutar de las técnicas paisajísticas tradicionales y el arte floral por los que Japón se ha hecho famoso.

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Si se sigue hurgando en las raíces culturales de este país se alcanzan cotas de sensibilidad profundas, relacionadas ahora con las artes interpretativas, una nueva causa de deleite. Entre ellas se encuentran el kabuki (género teatral caracterizado por su drama estilizado y el uso por parte de los actores de elaborados maquillajes), el teatro noh (representación que sincroniza la danza, la poesía, la recitación coral y la mímica, influenciadas todas ellas por las doctrinas del budismo zen) y el teatro de marionetas bunraku.

Sin mirar atrás

Con su gran cantidad de terrazas y calles peatonales, Harajuku es uno de los rincones más bonitos de la ciudad moderna. Además de las tiendas de lujo de la avenida principal –Omotesando–, en las calles adyacentes se pueden adquirir productos de diseño a precios asequibles. La vía más entretenida del barrio es Take-shita-dori, centro de la moda juvenil y escaparate de los modelos más estrafalarios.

También en este barrio, concretamente en el puente de Jingu-bashi, es donde los domingos aparecen las chicas Harajuku, que se disfrazan de forma variopinta: con vestidos góticos, quimonos posmodernos o al más puro estilo lolita.

Otra de las zonas freak por excelencia es Akihabara, también conocida como Akiba. Este barrio es el epicentro del anime y el lugar donde, cada fin de semana, se concentran japoneses vestidos como sus personajes manga favoritos.

Akihabara es también el centro de la electrónica y la tecnología. Aunque el mejor despliegue de conocimientos científicos se encuentra en el Museo Nacional de la Ciencia y la Innovación (Miraikan). El edificio, que reproduce una nave espacial, introduce a los visitantes en las ciencias emergentes del siglo XXI. Resulta muy atractivo, tanto para niños como para adultos, gracias a la interactividad de las exposiciones (todas las explicaciones se ofrecen en inglés). Posiblemente la zona más interesante de este museo es la dedicada a la innovación y la robótica. Allí el protagonista indiscutible es Asimo, el primer gran robot humanoide, que realiza una demostración de sus habilidades dos veces al día, a las 11.00 y a las 14.00 horas. Viéndolo, a uno le entran ganas de llevárselo de paseo. O, según cómo, acompañarle al borde de un precipicio y darle una palmadita en la espalda.

Viajar a Japón

Datos generales:

  • Capital: Tokio
  • Población: 127.417.244 hab.
  • Superficie :377.835 km2.
  • Moneda:Yen.
  • Idioma: Japonés

Viaje empaquetado a Japón:
La agencia Ambassador Tours (www.ambassadortours.es) lanza una oferta especial para realizar un recorrido de una semana por algunas de las ciudades más encantadoras del país: Tokio, Hakone, Kioto y Nara. Por 2.958 euros por persona es posible embarcarse en este viaje de ocho días con alojamiento en hoteles de primera categoría. Incluye los traslados y excursiones, seguro de viaje, desayuno diario y cuatro almuerzos y el acompañamiento de guías locales de habla hispana.

Vuelo a Japón:
La aerolínea Austrian Airlines opera un vuelo diario desde Barcelona hasta el aeropuerto de Tokio Narita (también hay un vuelo diario en la dirección inversa). Pueden consultarse las condiciones concetas en la página web www.aua.com.