Jerusalén destila historia en cada una de sus calles. Nunca una ciudad ha sido tan amada y tantas veces destruida. Desde tiempos inmemorables la ciudad tres veces santa es visitada cada año por millones de peregrinos y turistas la mayoría de los cuales caen rendidos al embrujo de la Ciudad Vieja y a sus calles de piedra.

Cinco siglos antes de que los Reyes Católicos unieran los reinos de la Península Ibérica, los judíos españoles –más conocidos como sefardíes- ya concebían el territorio como una unidad bajo el nombre de Sefarad. Tras su expulsión, unos 200.000 judíos abandonaron el Reino de España y se dispersaron por Europa, África y el Imperio Otomano. Una parte de ellos volvió a Jerusalén.

El complejo de las Cuatro Sinagogas Sefardíes, situado en el corazón del barrio judío, es testimonio de ello. Este espacio (conformado por el Qahal Qadosh Gadol, el Eliahu Hanavi, la Sinagoga istambulí y la Sinagoga El Emta’i) fue centro de culto de los hebreos españoles que llegaron a Tierra Santa. En 1948, durante la Guerra de la Independencia, quedaron parcialmente derruidas pero tras un proceso de restauración las Cuatro Sinagogas fueron reinauguradas, en una ceremonia solemne a la que asistieron dirigentes del Estado y altos funcionarios.

Fotografía del interior de la sinagoga Qahal Qadosh Gadol construida entre los siglos XVI y XVII (autor: Karsten Müller)

Fotografía del interior de la sinagoga Qahal Qadosh Gadol construida entre los siglos XVI y XVII (autor: Karsten Müller)

A unos 5 km de la costa del Mar Muerto, se alza la fortaleza de Masada, construida en el año 30 a.C por el rey Herodes en la cima de una montaña. Allí tuvo lugar una de las revueltas judías contra Roma. Setenta años después de la muerte de Herodes, un grupo de judíos zelotes que luchaban por la liberación de Judea tomaron Masada y resistieron durante meses un asedio romano.

Según el historiador judío fariseo Flavio Josefo, la noche antes del asalto romano los 960 zelotes que vivían en la fortaleza de Masada optaron por suicidarse antes que caer con vida en manos de los romanos. En palabras del historiador: << Cuando allí se toparon con el montón de muertos, no se alegraron, como suele ocurrir con los enemigos, sino que se llenaron de admiración por la valentía de su resolución y por el firme menosprecio de la muerte que tanta gente había demostrado con sus obras>>.

Los restos de la fortaleza de Masada están bien conservados y se han reconstruido en el esfuerzo de rendir homenaje al sitio y a sus habitantes. A Masada se puede acceder a través del Camino de la Serpiente o por un teleférico que llega hasta la cima.

Vista aérea de Masada y el Mar Muerto

Vista aérea de Masada y el Mar Muerto

Masada, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, también es escenario idílico para eventos culturales. En 2015 tendrá lugar un festival de Ópera con las representaciones de Tosca de Puccini y Carmina Burana de Carl Orff.

Paseando entre la Ciudad Vieja y los barrios históricos de la Colonia Alemana y Yemim Moshe, se encontrará con la que fue la primera estación de tren de Jerusalén. La estación estuvo en funcionamiento hasta 1998 y fue reinaugurada en el año 2013, convirtiéndose en poco tiempo en un referente cultural de la vida de sus habitantes. El complejo, abierto los 7 días de la semana, incluye la estación restaurada, una galería con exposiciones temporales y una zona gastronómica.

La plaza central de la estación alberga una gran variedad de eventos culturales como festivales, shows en vivo y actividades deportivas gratuitas. Los viernes por la tarde se organiza una Kabbalat Shabbat musical (oración para recibir el Shabbat) y los sábados cuando cae el sol se despide el Shabbat con la ceremonia de Havdala.

En Jerusalén el presente se conjuga con el pasado muy a menudo. La ciudad vive en una constante contradicción entre religión y una sociedad moderna en ebullición. En 2011 la capital de Israel se unió a la lista de grandes ciudades que celebran Maratones Internacionales. La pasada edición contó con más de 25.000 participantes procedentes de 55 países de todo el mundo.

Pol Montañés