EN ABSOLUTO fue escogido al azar. El nombre de Petra –que en griego significa roca– era el más apropiado para la ciudad que construyeron los nabateos en el siglo III a.C. Se encontraba situada en el extre- mo de un valle largo y angosto, únicamen- te accesible a través de un sinuoso des- filadero. Como señala George L. Robinson en Los sarcófagos de una civilización an- tigua, la estrechez de la cañada permitía que, en la antigüedad, bastaran una do- cena de hombres para defender el paso contra todo un ejército de invasores. Es- ta protección natural, incluido el círculo de montañas inexpugnables que cercaban la ciudad, transmitía a los habitantes de Pe- tra gran sensación de seguridad. Entonces habló el profeta Abdías: “La soberbia de tu corazón te ha engaña- do, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿quién me derri- bará a tierra? Si te remontares como águila, y aunque entre las estrellas pu- sieres tu nido, de ahí te derribaré, di- ce Jehová”. Y vaya si lo hizo. La profe- cía se cumplió, y la ira de Dios convirtió a Petra en un cúmulo de ruinas que per- manecieron completamente olvidadas en su escondite hasta ser descubiertas mu- chos siglos más tarde. Entonces las pie- dras rotas empezaron a hablar, a desve- lar el esplendoroso pasado de aquella ciudad llena de senderos y escaleras, que unen cientos de edificios, fachadas, tum- bas, baños, salas funerarias, templos o un teatro con 3.000 asientos del siglo I d.C. Para alcanzar la ciudad de piedra, la en- crucijada en el desierto, la joya rosa de Jordania, el curioso visitante emula a In- diana Jones en La última cruzada, y se adentra a través de un desfiladero con un desnivel rocoso de más de 300 metros de altura, que no ve la luz ni a mediodía y que, en algunos puntos, no tiene más de tres metros de ancho. Tras una excursión de un kilómetro, se alcanza la impresionante imagen de la ciudad roja esculpida en pie- dra, donde se asentaron aquellas prime- ras tribus árabes hace más de 2.000 años

CIUDAD DE MOSAICOS
Petra se encuentra a unas tres horas al sur de Ammán. Pero antes de alcanzar el que es el principal reclamo turístico jor- dano, los viajeros han de recorrer todo un rosario de antiquísimos lugares a través de la Autopista del Rey, de 5.000 años de antigüedad. Una de las paradas obliga- das de este trayecto es Madaba, a 30 ki- lómetros al suroeste de la capital, famosa por sus exquisitos mosaicos, que datan del siglo VI al VIII. La metrópoli está habitada desde hace al menos 4.500 años y ya se hacía refe- rencia a ella en la Biblia como la ciudad moabita de Medbea. Las ricas tierras de labranza que la rodean fueron codiciadas y sitiadas por los edomitas, moabitas, amonitas, israelitas y otros reinos de las tierras vecinas. Durante el siglo I a.C., la cristiandad se propagó rápidamente por toda Arabia, pe- ro sus fieles fueron perseguidos y tortura- dos por los romanos. Como consecuen- cia, muchos mártires murieron por sus cre- encias en Madaba a manos del empera- dor Diocleciano. Pero en el siglo IV, el pro- pio emperador Constantino abrazó la reli- gión cristiana, que a partir de entonces se convirtió en la dominante en el Imperio Ro- mano. En la era bizantina, desde el siglo V en adelante, Madaba contó con su pro- pio obispo, entrando en una etapa de flo- recimiento que vivió su periodo más opu- lento en los siglos VI y VII, momento en que se llevó a cabo la construcción de nu- merosas iglesias y grandes edificios. La gran variedad de elaborados mosai- cos repartidos por toda la ciudad es la prueba de la importancia que tuvo Mada- ba como centro eclesiástico bizantino. Tra- bajando en base a los numerosos libros ilustrados bizantinos, los creadores cons- truían sus obras maestras a partir de los denominados tesserae, pequeños cua- drados extraídos de las piedras encon- tradas en la región, y no mediante azule- jos, como suele creerse. La variedad de piedras de vivos colores disponibles pro- porcionaba a los mosaicos una vibrante calidad, que continúa viva 1.400 años des- pués. La piedra confería dureza y durabi- lidad a las obras, por lo que el patrón per- manece prácticamente inalterado.

La diversidad, la seguridad y la hospitalidad son constantes en Jordania

EN EL ORIGEN DE LA FE
Espiritualmente, Jordania se encuentra en el corazón de Tierra Santa, punto del que parten todas las religiones de Abraham y donde se fundamentaron sus principales valores morales. Piedra sobre piedra. Los ciudadanos y visitantes caminan diariamente a través de llanuras, valles, colinas, montañas y torrentes cuyos nom- bres han quedado grabados en la con- ciencia humana por los actos y los men- sajes que proclamaron Mahoma, Abra- ham, Moisés, Lot, Aarón, Elías, Josué, Juan el Bautista o el mismo Jesucristo: Betania, el lugar donde, “más allá del Jordán”, bautizaba Juan; el monte Ne- bo, donde murió Moisés; Machaerus, que vio la decapitación de Juan el bautista; o Listib, el pueblo natal de Elías. Pero, también para la fe islámica, Jor- dania es tierra bendita, que enlaza con la Meca, Medina y Jerusalén, ha sido tes- tigo del nacimiento y crecimiento del is- lam y el lugar donde un gran número de profetas compañeros de Mahoma fueron martirizados y enterrados. DESIERTO Y MAR Si tratáramos de poner una tonalidad a Jordania seguramente habría una mayo- ría abrumadora que votaría por el color arena. Y no estaría en lo erróneo: entre sus maravillas naturales se encuentra Wa- di Rum, el paisaje desértico más impo- nente del mundo; un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza, donde los montañeros hallan nuevos desafíos y los más tranquilos disfrutan de la paz de sus maravillosas vistas, las paredes de ro- ca y los interminables espacios vacíos. Es la belleza de la nada. Los desiertos de Jordania están salpi- cados de antiguos castillos, fincas agrí- colas, fuertes y pabellones de caza, la ma- yoría de los cuales pertenecieron a los príncipes Umayyad durante la primera mi- tad del siglo VIII. Entre las construcciones destaca la Qusayr’Amra, uno de los cas- tillos mejor conservados, declarado patri- monio de la humanidad por la Unesco. Por otra parte, las personas fascinadas por las leyendas y todo aquello que envuelve a los cruzados, se sentirán atraídas por otro grupo de castillos, esparcidos en la pai- sajística Autopista del Rey, entre los que destacan Karak y Shobak. Y de la aridez extrema a los pliegues del Valle del Jordán, entre los que yace el Mar Muerto, el punto más bajo de la Tierra. Ri- ca en minerales vertidos desde las tierras circundantes, la masa marina invita a los visitantes a relajarse flotando como un cor- cho, en unas aguas de densidad muy ele- vada y demostradas cualidades curativa

TRADICIONES
Jordania es un país tranquilo, donde la mendicidad está prohibida. Sus habitan- tes son educados y suelen tener siempre preparada una sonrisa para el turista. Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de un país musulmán y, como tal, es re- comendable respetar sus costumbres. Por eso, no resulta aconsejable llevar ropa pro- vocativa o intentar entrar en las mezqui- tas. Asimismo, durante el Ramadán, más vale abstenerse de comer, beber o fumar en público. Ya lo dice el refrán: Allá don- de fueres, haz lo que vieres. Su gastronomía se asemeja mucho a la libanesa y la turca, aunque incorpora al- gunos platos de la cultura nómada. El al- muerzo acostumbra a iniciarse con una mezcla de entremeses fríos y calientes (mezze) que se degustan con pan calien- te (khobz): caviar de berenjena, taboulé, yogur al pepino, puré de garbanzos y ho- jaldre al queso. El plato principal suele es- tar compuesto por carnes a la brasa o meusaf, un guiso de cordero cocido en le- che con especias, que se puede regar con vino o arak, un alcohol anisado aligerado con agua. Los postres, mejor fuera de las comidas, acompañados de una taza de té, una música sensual y un abanico que avienta, que esparce un aroma extraño, mezcla de tierra antigua y reino moderno

TEXTO ALBERTO GONZÁLEZ