Antes de adentrarse en el desierto de Wadi Rum, en el sur de Jordania, el visitante recibe varias indicaciones, como llevar un calzado cómodo, una gorra para protegerse del intenso sol y agua para hidratarse. Pero quizás la más importante es la que nada tiene que ver con los aspectos físicos. Antes de comenzar el viaje, el guía beduino –los servicios turísticos de la zona están en manos de sus propios habitantes– aconseja algo que no se debe olvidar en ningún momento si se quiere establecer un contacto directo con este imponente paisaje: “Escucha el silencio”. Hay diversas formas de describir el también conocido como Valle de la Luna, pero quizás la más precisa es la de alguien que lo conoció tan bien como T. E. Lawrence, arqueólogo y militar británico que sembró en sus tierras la semilla de la Revolución Árabe contra los otomanos en la primera guerra mundial, tal y como reflejó luego la película Lawrence de Arabia. En su libro Los siete pilares de la sabiduría, título inspirado en una de las montañas que se alzan sobre la inmensa llanura que es el desierto, define Wadi Rum con pocas palabras, pero que se clavan justo en el centro de la diana: “Inmenso, solitario… como tocado por la mano de Dios”.

VISITA EN CAMELLO

Una estepa sin límites físicos, marcada por el color rojizo de su arena, en la que se levantan de la nada gigantescas rocas monolíticas. El punto de partida es el centro de visitantes, donde se puede contratar los servicios de un guía local para descubrir los secretos del desierto en todoterreno o, aún mejor, en camello o burro. También se pueden contratar excursiones de varios días, en las que se pasa la noche bajo las estrellas (y es aquí donde la expresión adquiere su verdadero sentido) en tiendas de campaña beduinas. Los integrantes de esta tribu conservan su estilo de vida seminómada y mantienen una actitud hospitalaria y amigable con los visitantes. Eso sí, se deben respetar algunas normas, como preg u n t a r siempre antes de utilizar la cámara fotográfica o vestir de forma más recatada de lo que es habitual en verano en los países occidentales, ya que para la cultura local puede representar una falta de respeto. A veces, los beduinos invitan a tomar un café en sus tiendas a los extranjeros, por lo que también es recomendable conocer algunos detalles, como que la ceremonia para degustar esta bebida consta de tres tazas: una por el alma, otra por la espada y otra por el invitado. Pedir una cuarta (algo que sería poco probable) es considerado de mala educación. Con esta dosis de cafeína extra sobran las fuerzas para visitar los profundos cañones que abren una fisura al pie de las montañas o alcanzar a pie la cima de las dunas de arena. También para escalar hasta el puente de roca, un arco natural que regala unas impresionantes vistas, o admirar los dibujos trazados sobre la roca de los antiguos pobladores de la zona. Por último, solo queda buscar el mejor emplazamiento para admirar la puesta de sol, mientras el desierto se torna carmesí. Un buen recuerdo para continuar el camino. En Jordania, la próxima parada seguro que también es un acierto.