Tranquilo, al margen de los conflictos políticos que hubo el año pasado y que afortunadamente se resolvieron. Hoy por hoy el turista puede viajar con tranquilidad a este país africano ya sea mediante un viaje organizado o por libre. El recorrido comienza en la capital keniana, Nairobi, nombre que en masai significa lugar de aguas frescas. Se fundó en el año 1899, reemplazando a la ciudad de Mombasa. Es la urbe más poblada del África Oriental y la cuarta metrópoli más grande del continente. Esta ciudad acoge el famoso Parque Nacional de Nairobi, donde se puede encontrar una extensa fauna animal como leones y jirafas, entre otros. Para los amantes de la arqueología, el Museo Nacional de Kenia alberga una gran variedad de utensilios prehistóricos, así como los restos completos de un homo erectus. Los aficionados a la literatura tienen una cita obligada en la casa de Karen Blixen, autora de África mía, en cuyo libro se basó la película Memorias de África. ISLA DE LAMU Después de pasar un par de días en Nairobi, lo mejor es coger un vuelo regional a la isla de Lamu. Su pequeño pueblo pesquero, también llamado Lamu, es de lo más pintoresco. Lleno de gentes por las calles estrechas, con burros a sus anchas y numerosas tiendas de artesanía local, hacen que la visita merezca la pena. Una alternativa muy romántica es dar un paseo al atardecer en uno de los dhow, los tradicionales barcos de vela. En la isla solo hay un coche, que pertenece a la Administración, por lo que el medio de locomoción más utilizado es el burro, los dhow o realizar el trayecto a pie. En este lugar se asentaron diferentes tribus, pero gran parte de la población es musulmana. Es curioso que en esta pequeña isla del Índico se hallen tantos europeos viviendo, entre ellos una colonia de españoles. El caso más conmovedor es el de Mamá Carmen (así es como la llaman los oriundos del lugar), madrileña que dejó atrás España, después de jubilarse. Ahora vive ayudando a los demás por el resto de sus días. Una vez relajados en esta preciosa isla, no hay nada mejor que seguir el camino hacia la gran reserva natural, el Maasai Mara. Para ello hay que volver a Nairobi y desde allí, existen dos opciones, coger un vuelo local o elegir la vía terrestre. La carretera no es muy buena, por lo que la aventura está garantizada. En el suroeste de Kenia se encuentra una de las zonas salvajes más maravillosas de África, el Maasai Mara, cuya extensión es de 1.510 kilómetros cuadrados. Esta gran reserva natural está dentro de la región del Serengueti. El río Mara cruza la llanura por donde habita una gran población de leones, elefantes, rinocerontes negros, guepardos, hipopótamos, las gacelas de Thomson, entre otros animales salvajes. Uno de los fenómenos más impresionantes de la vida salvaje es precisamente poder ver la migración anual de millones de especies. En el parque se puede encontrar una gran variedad de tipos de acacias, que están separadas unas de otras, creando así desde el aire infinidad de puntos (Mara, en el idioma local), que es de donde proviene el nombre de este lugar. La tribu que vive allí es la masai, pastores nómadas que habitan en la zona desde hace siglos. Se distinguen por sus coloridos trajes y su elevada estatura. Tienen unas tradiciones y bailes ancestrales que son un reclamo turístico por excelencia. Siempre hay que tener las cámaras de fotografía a punto, porque en los safaris puede aparecer cualquier tipo de animal a un palmo del jeep. Con un poco de suerte, se puede contemplar al guepardo, el animal más rápido de la tierra y al rey de la selva, el león, que hace gala de su nombre. Algunos de los momentos más místicos son las maravillosas puestas de sol. No hay nada comparable y es imposible describir la belleza que conlleva. CAMBIO DE ESCENARIO Después de unos días en el Maasai Mara, nada mejor que cambiar de escenario, una tierra mucho más frondosa y otro tipo de fauna. Se trata del Parque Nacional del Lago Nakuru. Fue el primer lugar en África en ser designado parque nacional, sobre todo por la gran variedad de aves que habitan en el lago. La gran cantidad de flamencos y pelícanos hace que el lago se tiña de rosa y blanco. Ya en la tierra, abundan numerosas familias de babuinos. Hay que tener mucho cuidado que no salten al coche porque lo cogen todo al menor descuido. Por lo que vale la pena llegar a ese lugar es por ver al rinoceronte blanco. No hay muchos, pero se pueden encontrar fácilmente pastando cerca del lago. Entender a las especies que viven en armonía es aprender a respetar la naturaleza. Participar en un safari fotográfico es una experiencia estimulante y muy recomendable para todo el mundo. Es un viaje que no es barato, pero al menos una vez en la vida se debe hacer. Muchas personas que lo han probado no han parado de volver. El famoso grito de la selva es adictivo. Lo que sí está claro es que Kenia y África no dejan indiferente a nadie.