DURANTE CIENTOS

de años, miles de extranjeros se dejaron seducir por las frutas exóticas, las especias y las islas del sureste de Tailandia. Mucho antes de que la antigua capital de Siam, Ayutthaya, fuera construida, barcos de vela procedentes de China, Persia, Por- tugal y España recalaban en el puerto de Chanthaburi, en el golfo de Siam pa- ra cargar joyas, marfil, madera y espe- cias además de las provisiones esen- ciales de alimento y agua. Los primeros extranjeros que llega- ron a estas tierras encontraron un pai- saje idílico de exuberantes árboles re- pletos de frutas deliciosas, el sonido del viento mezclado con el canto de exóticas aves nunca vistas y una gas- tronomía distinta, sabrosa, sazonada con condimentos como cardamomo, jengibre y pimienta negra. Estas espe- cias de Siam gradualmente encontra- ron su camino en las cocinas del oes- te; el incienso hecho de madera de aloe comenzó a perfumar los altares de las iglesias cristianas y los rubís y zafiros crearon tendencia en los dedos de los ricos europeos. Lo curioso es que, pese a la belle- za y la abundancia de este edén orien- tal, especialmente Trat y su provincia vecina, Chanthaburi, es desconocido prácticamente entre los viajeros de hoy en día, probablemente porque allí no surgió ninguna necesidad de cultivar una industria turística ya que la zona siempre fue próspera como conse- cuencia de las exportaciones.

 NUEVOS DESTINOS

Pero los tiempos están cambiando y aunque la región hoy sea tan próspe- ra como entonces, hace ya casi una década, el Gobierno tailandés creyó conveniente desarrollar nuevos desti- nos de forma sostenible y con una cui- dada planificación. Los objetivos se fi- jaron en Ko Chang y su incorporación al turismo ha sido desarrollada meti- culosamente. Como resultado de es- to, los nuevos resorts de playa comien- zan a atraer a la última generación de exploradores del siglo XXI. Ko Chang es la se- gunda isla más grande de Tailandia después de Phuket y forma parte de un archipiélago de 52 islas a lo largo de la frontera del sur de Tailandia con Camboya. El 85% de la zona es, por tanto, parque nacional. Para proteger su belleza de colinas selváticas, idílicas playas de fina y blanca arena bañadas por limpias aguas turquesas, el Go- bierno ha designado Ko Chang como un área para el desarrollo sostenible. Esto quiere decir que se ha limitado el desarrollo turístico y desde hace cinco años el tipo de alojamiento que se construye es ecológico pero sin olvidar todas las comodidades y lujos propios del altísimo nivel hotelero tailandés. Ho- teles boutique, cottages de bambú con piscina privada, spas, restaurantes, lo- cales de calidad inmejorable y una ani- mada vida nocturna.

 Las mejores playas recorren la costa occidental de la isla: White Sands Beach (Had Sai Khao) es la más larga y concurrida y tiene la mejor vida noc- turna de la isla, incluyendo chiringuitos chill out en la propia playa, clubs de jazz y animados bares y restauran-tes; Klong Prao Beach es más escarpada que la anterior pero segura para los ba- ñistas; Kai Bae es también segura y además alquila canoas y kayaks; Bang Bao es un pintoresco pueblo de pes- cadores perfecto para bucear con tu- bo. Incluso alquila barcos para pescar. Desde Ko Chang es casi obligatorio conocer alguna de las 52 islas del ar- chipiélago. Las más populares se en- cuentran al sur de Ko Chang: Ko Kut, Ko Maak y Ko Wai están bien conec- tadas por modernas embarcaciones. Paz y soledad y la posibilidad de zam- bullirse o bucear con tubo, en y entre, algunos de los arrecifes de coral más fascinantes de Asia.

TEXTO MARÍA REDONDO 

Una región fascinante

 Pero si Ko Chang supone una agra- dable sorpresa en estos tiempos de turismo de masas no menos sorpresa resulta su vecino litoral costero de Chanthaburi. A solo aproximadamente tres horas en coche desde Bangkok, esta parte del territorio tailandés se ha pues- to de moda como una parada im- prescindible antes de llegar a Ko Chang. El lugar destaca especial- mente por las playas doradas cua- jadas de casuarinas y la presencia de pequeños pueblos de pescado- res. También merece una visita el santuario marino en los mangles de Laem Sadet, que es uno de los seis centros de interpretación de la naturaleza establecidos por la familia real en Tailandia. Estas señas de identidad con- vierten a Chanthaburi en una es- cala casi obligatoria para los via- jeros antes de llegar a Ko Chang. También representa una excelen- te opción como excursión de un día una vez situado en esta des- conocida y fascinante región.