ENTRE EL VAIVÉN de autobuses, metros, taxis, tranvías y peatones se alzan las Torres Petronas, dos rascacielos de hormigón, vidrio y acero que, sin parecerlo, evocan el arte islámico. Con 452 metros de altura, 88 pisos, 32.000 ventanas y 78 ascensores, el proyecto se terminó en tan solo cuatro años. Con el objetivo de acelerar el trabajo, durante su construcción se diseñó una curiosa estrategia: se crearon dos equipos, uno a cargo de cada torre. El primero estaba formado por coreanos y el segundo por japoneses. De este modo, se generó una gran competencia entre ambos grupos, que querían conseguir el mejor trabajo en el menor tiempo posible. Entre los pisos 41 y 42, una pasarela une las dos torres formando el skybridge, el punto accesible más alto para los visitantes. La única manera de poder contemplar la capital a 170 metros del suelo es conseguir una de las 1.400 entradas diarias gratuitas. Se agotan durante las primeras horas de la mañana, pero si se obtienen, el madrugón merece la pena. Las Torres Petronas son el símbolo de esta ciudad, que durante años permaneció silenciosa en el sureste asiático. Hoy en día, la capital malaya es un auténtico bullicio urbano que mezcla las últimas tendencias con las antiguas costumbres de una ciudad asiática.

AMBIENTE NOCTURNO

Chinatown, Little India y Kampung Baru son en el punto de encuentro de las comunidades china, india y malaya y tres de los barrios con más carácter y colorido de la ciudad. Por la noche, los comerciantes sacan afuera sus mercancías y las compras adquieren un significado especial en el barrio chino. Aunque toda la ciudad se transforma: los rascacielos encienden las luces, las calles se convierten en un gran mercado, los vendedores ambulantes se hacen más visibles y el olor a incienso se entremezcla con el de las especias de los puestos callejeros. Porque Kuala Lumpur es también un gran destino gastronómico. Los visitantes se sorprenden de la calidad de la comida y de su precio, casi siempre muy barato. Es posible encontrar todo tipo de cocina, desde las recetas tradicionales de Malasia hasta la combinación de platos de diferentes culturas, lujosos restaurantes o pequeños locales de comida típica: el pollo tandoori, el naan (pan de levadura cocido en un horno de arcilla), los dosa (crepes de arroz y lentejas) y el chapati (pan integral frito a la plancha). PASADO COLONIAL Lo más recomendable es recorrer la ciudad a pie. Solo así se puede admirar el encanto de esta capital, un recuerdo constante de la cultura del país. Aunque Kuala Lumpur no es muy cómoda para los peatones, andar es mejor que tomar el transporte público o un taxi, ya que tardan mucho en hacer el recorrido, debido al sentido único de la estructura de las carreteras. En pleno centro colonial, la plaza de la Merdeka merece una visita. En 1957 fue el escenario de la proclamación de la independencia del país: se bajó la bandera británica para izar la de Malasia en uno de los mástiles más grandes del mundo. Además de sus reclamos culturales, su importante arquitectura, sus parques y sus plazas, Kuala Lumpur es un gran centro para las compras y los negocios. En la capital malaya se puede encontrar artesanía de todo el país, aunque los artículos más económicos se importan de Indonesia o Tailandia. Pero si van de compras, los visitantes encuentran lo que buscan: artículos de imitación en mercadillos, géneros auténticos en deslumbrantes centros comerciales o lo último en tecnología a muy bien precio. En poco más de 100 años Kuala Lumpur ha pasado de ser un rincón selvático a convertirse en una urbe que apunta al cielo.