LUCES, CÁMARA… £ACCIÓN!

Recorrer las calles de Nueva York es un espectácu- lo de decorados que han dado la vuelta al mundo a través de la gran pantalla. Es- tampas del cine que han hecho de la ciu- dad un lugar familiar, incluso para los que nunca han estado allí. La serie de televisión que recientemen- te la ha colocado en primer plano es Sex in The City, más conocida en España co- mo Sexo en Nueva York. Tras los pasos de Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda se puede descubrir la isla de Manhattan, de- gustando como ellas magdalenas en la fa- mosa panadería Magnolia en Bleeckers Street o visitando la casa de la protago- nista, encarnada por la actriz Sarah Jessi- ca Parker. Muchos de los sitios por donde se mueven las cuatro amigas pertenecen al barrio de Greenwich Village (los neoyor- quinos lo llaman simplemente Village). Es una zona residencial, moderna y bohemia, hogar de artistas y escritores, aunque en la actualidad sus nuevos vecinos son algo más chic. Alberga los bares de copas más concurridos y selectos de la gran urbe, ade- más de comercios con lo último en moda y galerías de arte. Aquí también residen los personajes que dan vida a la serie Friends. Otros escenarios artísticos de categoría mundial son los barrios del Soho y Tribe- ca. Una vez fueron sede de muchísimas fá- bricas que, con el tiempo, los bohemios transformaron en sus estudios.

 Las tien- das de diseño, restaurantes sofisticados y los clubs de aires modernos son los úni- cos que han permanecido allí, donde aho- ra se alojan figuras ilustres como Mariah Carey o Robert de Niro. Al pasar por estas calles es inevitable pararse ante el núme- ro 112 de Mercer Street, donde se encuen- tra el loft en el que vivían Sam Wheat y Molly Jensen, o lo que es lo mismo, Patrick Swayze y Demi Moore en la romántica pe- lícula Ghost. Todavía en Manhattan, nombre que dio título a una de las obras maestras de Woo- dy Allen –cuyo cartel es una de las imáge- nes más recordadas– una parada obliga- da es la joyería Tiffany’s, en el 727 de la Quinta Avenida, cuyo escaparate deja asombrado a todo aquel que lo admira co- mo ya le pasó a Audrey Hepburn. En es- te barrio del Midtown, centro de negocios y de compras, algunos de sus edificios más emblemáticos han sido escenario de fon- do de otras tantas películas como la Bi- blioteca Pública en el Día de mañana o la sede de la ONU en La intérprete.

Por aquí han hecho cundir el pánico o la admira- ción Godzila, el inolvi- dable King Kong sobre el Empire State y la falda de Marilyn Monroe en La tentación vive arriba. Lo que sigue sorpren- diendo por su belleza casi un siglo y medio después de su construcción es el Puente de Brooklyn, desde donde Martin Scorsese ofrece, en Gangs of New York, las prime- ras panorámicas del nuevo cielo de Manhattan tras el 11-S. Y al cru- zarlo, se accede a uno de los distri- tos más cosmopolitas de la ciudad –Brooklyn– y que ha inspirado guio- nes cinematográficos como Smoke. De vuelta a la isla, y sobrevolando la megalópolis de edificio en edificio como Spiderman hasta el extremo sur, un trans- bordador que enlaza con Staten Island acerca al viajero hasta uno de los símbo- los más representativos de la Gran Man- zana: la estatua de la Libertad. Esta dama fue la que dio la bienvenida, como a mi- les de inmigrantes, a los supervivientes del Titanic, entre ellos Rose Dawson. Imágenes como estas rememoran con nostalgia aquellas tardes de domingo frente al televisor o en la butaca del ci- ne, mientras en la cabeza no para de sonar aquella canción que cantaba Frank Sinatra, evocando a la gran e in- cansable New York, New York.

TEXTO MONTSE GARCÍA

EL DECORADO

Recorrer las calles de la gran urbe es un paseo entre la realidad y la ficción