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LA GOLETA TURCA que tantos comerciantes y pescadores condujeron durante siglos a través del mar Egeo y Mediterráneo por motivos de subsistencia, es ahora la fragua de un nuevo negocio mucho menos sacrificado: rutas turísticas en barco. Para este nuevo uso, las gulets –como allí las llaman– siguen teniendo velas, pero se han motorizado, e incluyen modernas y confortables instalaciones para que el pasaje disponga de todas las comodidades: altos techos que facilitan la ventilación, holgadas cabinas, solarios, comedor en cubierta o cocina equipada profesionalmente. También las hay que incluyen equipos de pesca, teléfono móvil, cadena de música, aire acondicionado, embarcación auxiliar con motor fueraborda, canoa, tablavela, lanchas para la práctica del esquí acuático o embarcaciones de vela ligera. Todo depende del presupuesto que podamos pagar.

Lo que sí se conserva como en el pasado es su proceso de fabricación manual, que se realiza en Bodrum, Bozburun, Marmaris o Estambul, usando como base la madera de pino y roble.

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La capacidad y los servicios de estas embarcaciones dependen del tamaño de los barcos.

La capacidad de estas goletas depende de su tamaño, pero suele oscilar entre ocho y doce personas, a los que hay que añadir la tripulación que, además de conducir el barco, se encarga de preparar y servir la comida o mantener en orden la embarcación. Algunas compañías ofrecen también la posibilidad de que sean los propios pasajeros los encargados del manejo de las velas, las faenas marineras, la cocina y la limpieza de las habitaciones. Antes de echarse a la mar, las empresas que ofrecen estos servicios explican a sus clientes las condiciones meteorológicas y de navegación del entorno, así como dónde reponer provisiones o cómo actuar en caso de emergencia.

A diferencia de los cruceros en grandes barcos, esta modalidad permite explorar lo más recóndito del litoral, sus cuevas y calas desiertas. Los pequeños puertos y asentamientos muestran una visión íntima de la vida costera que las grandes embarcaciones no pueden ofrecer.

DÓNDE RECALAR

Cada año, miles de personas escogen la costa suroccidental de Turquía como escenario para sus aventuras marinas. Soleadas, de aguas cristalinas, cielo permanentemente despejado y seguras para fondear. El clima facilita, si cabe, las cosas: la primavera se hace sentir desde abril y el otoño importuna únicamente desde mediados de octubre. Los meses más agradables son mayo, junio, septiembre y la primera quincena de octubre. En julio y agosto mejor llevar abanico. Las posibilidades de travesía son infinitas. Entre las habituales rutas de una semana destaca el itinerario que, partiendo del pintoresco pueblo de Gocek, llega hasta la bahía de Yesilkoy, tras haber visitado las ruinas bizantinas de la isla de Gemiller, paseado por las estrechas calles de la ciudad de Kalkan, nadado en la playa virgen de Patara y pasados dos días explorando las calas y bahías del área de Kekova, para terminar en la preciosa Kas, ciudad que duerme de día y vive de noche. Otra de las opciones es embarcar en el animado pueblo de Bodrum y continuar hasta el fondeo de Knidos, para seguir hacia el puerto de Datca, la abrupta y roja tierra de Bencik, el pueblo de Bozburun, la bahía de Bozukkale y su ciudadela griega, la bahía de Serce Liman, para finalmente llegar a la bahía de Gocek. Y lo mejor de este hotel de lujo es que, al mirar a través del ojo de buey del camarote, el paisaje nunca es el mismo