A AMBOS LADOS DEL CAMINO, viñedos. Colores, paisaje, gastronomía… La Rioja es una tierra con nombre de vino. Bañada por el río Oja –que da nombre a la región– y el Ebro, presenta una completa oferta enoturística: desde cursos de cata en el interior de las bodegas a spas donde utilizan el vino como terapia de salud y belleza o incluso viajes en globo o paseos a caballo entre viñas. Una escapada de cuatro días puede ser una excusa ideal para salir de la ciudad y sumergirse en esta tierra cercana, pero desconocida. La ruta podría comenzar en Logroño. Una visita indispensable, para comenzar a tomar contacto con el carácter riojano es la calle del Laurel, en pleno corazón del casco antiguo, una zona plagada de bares, cada uno con una especialidad culinaria diferente: hay que probar los champiñones, las zapatillas, el tío Agus, los cojonudos, la sepia, las setas con jamón, los matrimonios, los valentinos, los calzoncillos… Nombres cuando menos llamativos. Al caer la tarde se puede dar un paseo por el casco antiguo. Las noches son una delicia en la plaza del Parlamento o en la del Mercado, llenas de terrazas y disfrutando de los monumentos iluminados como la Concatedral de la Redonda o el propio Parlamento de La Rioja.

TURISMO ENOLÓGICO
El segundo día se puede dedicar a profundizar más en la cultura enológica. El Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco, en la bonita localidad medieval de Briones, recoge toda la influencia que este caldo ha tenido en la historia, desde los egipcios hasta nuestros días. El museo alberga una colección arqueológica magnífica, unas salas didácticas sobre el vino y su crianza, un aula de cata y también un restaurante. El pueblo de Briones jalonado de casas, casonas, palacios y palacetes– también merece una visita y un recorrido por sus murallas. El viajero puede completar esta visita con un recorrido por el interior de las bodegas, muchas de ellas centenarias. Las pioneras se encuentran en Briones, Haro, Ollauri y San Vicente. Muchas de ellas acogen visitas turísticas. En esta ruta, merece la pena acercarse a Ábalos para ver Santa María de la Piscina, la joya del románico riojano. Una ermita templaria muy interesante rodeada de guardaviñas y lagares rupestres donde se pisaba antiguamente la uva a pie de viñedo para no tener que transportarla. Finalmente, se puede acabar la jornada practicando alguna actividad entre los viñedos –montar a caballo, dar un paseo en bicicleta, subir en globo…–, con un curso de cata o visitando un spa con tratamientos de vino.

CAMINO DE SANTIAGO
La Rioja es un lugar fascinante para perderse y encontrar un rincón favorito. Por ello, vale la pena exprimir el tiempo al máximo, descubrir pequeños pueblos (se recomienda alquilar un coche) y conocer su riqueza histórica. Así, el tercer día vale la pena recorrer el Camino de Santiago a su paso por La Rioja. El camino comienza en el Puente de Piedra, en Logroño, atraviesa el casco antiguo hasta la iglesia de Santiago, que tiene a sus pies una fuente para el peregrino y un curioso juego de la oca gigante con representaciones de todos los hitos principales del camino. Siguiendo las marcas que indican el trayecto –conchas amarillas y flechas– se llega a la plaza del Parlamento. Cerca de allí está la puerta del Revellín, antigua entrada de la ciudad orientada a Finisterre por la que los peregrinos abandonaban Logroño de camino a Navarrete. En esta localidad se encuentra la única bodega por la que pasa el Camino de Santiago: Bodegas Corral (acoge visitas turísticas). El pueblo de Navarrete es famoso por su alfarería. Resulta curioso visitar alguna de las más artesanas como es la de Antonio Naharro, justo enfrente del antiguo hospital de peregrinos San Juan de Acre del que solo queda la portada que hoy pertenece al cementerio de Navarrete. Al salir, se recomienda emprender camino a Nájera, cuna de reyes. Sancho III el Mayor construyó el Monasterio de Santa María La Real, donde se encuentra el panteón real. Este monasterio ha sido sede, en los últimos meses, de una gran exposición temática sobre el medievo y ha estado cerrado por el desmontaje de la muestra, aunque las previsiones son de apertura para Semana Santa. Desde Nájera, antes de partir por el Camino de Santiago hacia Santo Domingo de la Calzada, merece la pena un pequeño desvío que muchos peregrinos hacen, incluso a pie, para visitar los Monasterios de Suso y Yuso en San Millán de la Cogolla, patrimonio de la humanidad. En ellos se encontraron las primeras palabras escritas en castellano antiguo y en vascuence. Es un lugar privilegiado, no solo por su importancia histórica, sino también por su gran belleza paisajística. A la vuelta de San Millán, y siguiendo con los monasterios de La Rioja, se recomienda la visita al monasterio cisterciense de Cañas. Es un lugar peculiar porque, al contrario de la mayoría de los monasterios góticos y de la orden del Císter, fue y sigue siendo un monasterio de mujeres. Son de las pocas monjas cistercienses del mundo. Ya en Santo Domingo de la Calzada, toda la ciudad está construida por y para el Camino de Santiago, desde el antiguo hospital de peregrinos que hoy es parador nacional hasta, por supuesto, su magnífica catedral que posee en su interior la prueba viva de una famosa leyenda medieval en la que cantó una gallina después de asada. Dicen que aún se puede oír cantar al gallo y la gallina en la catedral y conocer al completo la leyenda.

HUELLAS DE DINOSAURIOS
El último día se puede visitar la Rioja Baja. Calahorra, la capital romana, con su excelente huerta y verdura; Arnedo, capital del calzado; y Enciso, donde viven los dinosaurios riojanos. En esta localidad y otras limítrofes se encuentra una de las mayores colecciones del mundo de huellas de dinosaurios. Son una curiosidad para el turista, pero un patrimonio realmente importante para los paleontólogos de todo el mundo que visitan esta zona. Un plan alternativo es visitar la Sierra de Cameros, tanto el Camero Nuevo como el Camero Viejo (son dos valles paralelos). En Ortigosa de Cameros se pueden visitar las cuevas, unas formaciones espectaculares. El Parque Natural de Sierra Cebollera es otro de los atractivos, con su parque de esculturas, las cascadas de Puente Ra y el centro de interpretación. En el Camero Viejo se puede visitar el tremendo cañón del río Leza, reserva de la biosfera, donde se ven buitres sobrevolando las cabezas. Por último, merece la pena subir a Trevijano, un pueblecito colgado sobre el cañón.