LA LAPONIA NORUEGA, en la parte más septentrional de Europa y a la misma latitud de Alaska o Siberia, puede ser el destino ideal de los amantes del frío, de las actividades invernales, de la aventura. Porque en Laponia, la tierra de los sami, la época invernal, que se inicia en noviembre, se caracteriza por la nieve, el hielo y una luz que no va más allá de la penumbra pero que puede ser increíblemente hermosa. En este singular escenario, los cinco sentidos se agudizan y el viajero tiene la posibilidad de sentirse parte de un paisaje salvaje, de una naturaleza en estado puro, de una climatología rigurosa, aunque la costa de Finnmark, gracias a la Corriente del Golfo tiene puertos libres de hielo y, en gran parte, está protegida del viento por las montañas. La Laponia noruega abarca una superficie de poco más de 48.000 kilómetros cuadrados y es la tierra natal de los sami, un pueblo que se distribuye entre Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia y cuenta con entre 50.000 y 100.000 personas, de la que algo más de la mitad viven en Noruega. Las temperaturas medias oscilan entro los cinco grados bajo cero, del Cabo Norte, hasta los 20 bajo cero que se alcanzan en el interior durante el mes de enero.

ABRIGARSE ES IMPORTANTE

Estas temperaturas y las actividades a desarrollar aconsejan adoptar una forma de vestirse adecuada. Los expertos señalan la necesidad de cubrir el cuerpo en cuatro capas superpuestas. La primera capa la constituye la ropa interior larga y de lana pura, incluidos los calcetines. La segunda está formada por un pantalón y un jersey de algodón o vellón, la tercera incluye un segundo par de calcetines de lana, un jersey grueso de lana, un pantalón forrado y cortavientos y una bufanda. El vestuario se completa con una cazadora, gorro, guantes o mitones y calzado de invierno. Las cuatro capas superpuestas permiten regular la temperatura al quitarse o ponerse más prendas. Un viaje a Laponia puede incluir muy diversos destinos, lo que permite disfrutar de inigualables experiencias. Unas posibilidades que incluyen los viajes en moto de nieve o en trineo tirado por renos, disfrutando del cambiante paisaje y de las auroras boreales; la emoción de conducir un trineo tirado por perros huskies, de practicar el esquí de fondo, de pescar en el hielo, de conocer a fondo la cultura sami, de disfrutar el ambiente del Alta Igloo Hotel construido con hielo o de degustar el cangrejo real. En la nómina de destinos posibles en Finnmark, la tierra bañada por el mar de Barents y el Océano Polar Ártico, destacan ciudades y lugares que merecen ser conocidos y disfrutados. Tal es el caso de Kirkenes, Karasjok y Kautokeino, Alta, Cabo Norte,Hammersfest, Lakselv y Nordkyn. Kirkenes, en la frontera con Rusia, es una ciudad única para disfrutar de aventuras como la pesca del kamchatka, el cangrejo real, o realizar excursiones a lo largo de la frontera. Karasjok –sede del Parlamento sami y de muchas otras instituciones de este pueblo– y Kautokeino son los lugares ideales para conocer la cultura sami, visitar uno de sus campamentos, contemplar los rebaños de renos en la altiplanicie o escuchar el yoik, su canto tradicional. Alta, la ciudad de las auroras boreales, permite un gran número de posibilidades, desde el balsismo en el fiordo hasta las excursiones de varios días durmiendo en lavvus o en un hotel totalmente construido en hielo. Más allá, el Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa, permite el placer de contemplar un panorama integrado solo por mar y hielo. Hammersfest, la ciudad situada más al norte del mundo, Lakselv y Nordkyn coinciden en sus ofertas íntimamente relacionadas con la naturaleza y la aventura, sin olvidar el insólito placer de los baños calientes al aire libre o de la sauna.