ALLÍ LA TIERRA está más cerca del cielo. Prueben, si no, a buscar señales divinas. No miren hacia arriba. Allí no hace falta. La divinidad se levanta a pie de calle, sobre cimientos de origen sagrado, bajo pinceladas de trazo renacentista y entre paisajes de más de 30 millones de años. En Le Marche uno se siente más cerca del cielo. Quizá porque fue allí, según dicen, donde los ángeles trasladaron volando, piedra a piedra, la casa de la Virgen desde Nazaret. O, quizá, porque allí ya hay un paraíso, instalado al pie de la Riviera del Cónero, de arena blanca y aguas cristalinas, que ya han rebautizado como la nueva Toscana. Le Marche es una región donde la historia se reencuentra con sus orígenes. Donde la tradición se remonta hasta los tiempos de antes de Cristo. Es la tierra donde Rafael aprendió a pintar y donde Miguel Ángel se retiró, después de trabajar en Florencia, sólo para poder disfrutar in situ del queso de la zona, el de fossa. Hagan memoria. Le Marche es tierra de romanos, de caudillos medievales y de civilizaciones de más de cien mil años. Hagan historia. Hay formaciones geológicas de más de 30 millones de años, paisajes salvajes, parques naturales e incluso huellas del paso de los extraterrestres por la zona. En el centro de Italia, entre la cordillera de los Apeninos y el mar Adriático, se extienden las cuatro provincias de la región de Le Marche (Las Marcas). Empiecen la ruta por la capital de la región, Ancona. Es la patria de San Ciriaco y uno de los puertos naturales más importantes del Adriático. Es una ciudad de encuentro y encuentros. Un continuo escenario de fusión y mestizaje plagado de palacios, iglesias y monumentos. Sigan la costa. A unos kilómetros al sur se encuentra Portonovo, localidad famosa por su pequeña iglesia románica del siglo XI, su fuerte napoleónico y un viento perfecto para el windsurf. Guarden la tabla y sigan camino. Más al sur está Sirolo, el balcón del Adriático, instalado bajo los acantilados del monte Cónero. Sitúense en la plazoleta del pueblo. Es el mejor punto de encuentro. Hagan hueco a la cultura y disfruten de una cuidada representación en el Teatro Cortesi. Y no se olviden de la otra cultura -la gastronómicaante las mesas de los chefs siroleses. Si es otoño, prueben las trufas blancas, la especialidad de la región. PLAYAS RECÓNDITAS Entre Portonovo y Sirolo, deténganse en la playa de Due Sorelle (dos hermanas) y buceen a través de aguas transparentes, entre dos enormes rocas gemelas. Sólo se puede llegar en barca o siguiendo los senderos del monte Cónero. Y sigan hacia el sur. Se toparán con Numana, una antigua aldea de pescadores donde ahora se despliegan los grandes centros turísticos de la zona. Después de perderse entre la arena blanca, pasen al interior. Muy cerca está Camerano, el municipio más industrial de la zona del Cónero y sede de las Terme dell’Aspio, fuentes de aguas salsobromoiódicas. El Parco del Cónero es un oasis ambiental que se extiende a lo largo y ancho de 5.800 hectáreas de zona protegida. La exCava di Massignano es de reconocido interés geológico, con formaciones de hace 36,5 millones de años. Hay quien afirma que aquí se pueden encontrar pruebas de impactos extraterrestres. Al norte de Le Marche se encuentra otra parada obligada: Urbino. Es la tierra de Rafael, que reunió a la creme de la creme artística del Renacimiento a la sombra del mecenas Federico da Montefeltro.