OLOMOUC © Daniel Martorell_07Xavi Datzira / DESTINOS

Praga deslumbra, pero sería un error considerar que la República Checa solamente tiene para ofrecer al visitante la belleza de su capital. Situado en el corazón de Europa, el país ha ido acumulando a lo largo de los siglos una larga lista de castillos, palacios, monasterios, iglesias, catedrales y esculturas que son por sí mismos un reflejo de la evolución artística y arquitectónica del continente. Prueba de ello es la ciudad de Olomouc, ubicada en Moravia y considerada por Lonely Planet como la ciudad más bonita del país, que ya es decir. Sus argumentos son barrocos, pero también góticos y románicos, sin olvidar que se trata de una localidad universitaria con la animación que eso implica.

El monumento que más destaca es la columna de la Santísima Trinidad, también conocida como la columna de la peste, situada en la Plaza Alta. De 32 metros de altura, se trata de la agrupación de esculturas barrocas más grande de Europa central y forma parte de la lista de patrimonio cultural de la Unesco. Se puede observar desde lo alto y en formato panorámico gracias a la cercana torre del ayuntamiento, aunque existe otra opción: mirarla tranquilamente desde uno de los múltiples cafés del centro de la ciudad mientras se degusta alguna cerveza local, de variedad pilsen, por supuesto. Para reafirmar el carácter barroco del núcleo histórico hay que acercarse al conjunto de seis fuentes barrocas decoradas con motivos mitológicos que adornan la ciudad desde finales del siglo XVII.

Dentro del mismo estilo de líneas curvas y detallada ornamentación se encuentran el Palacio Arzobispal, uno de los palacios barrocos más espectaculares de la ciudad construido en el siglo XVII; el monasterio de Hradisko, del siglo XI y conocido como el Escorial moravo; la iglesia de San Miguel; la puerta de Teresa, parte de la antigua fortificación; o la basílica de peregrinaje del Svaty Kopecek, que además está situada en la colina Monte Santo, desde la cual se obtiene una vista impresionante de la ciudad. Otra colina que merece la pena subir es la de Venceslao, donde se encuentra el castillo de Olomouc, hogar de la familia real checa, los Premislidas, hasta su extinción en 1306, cuando el último rey, Venceslao III, fue asesinado en el mismo castillo. También lleva su nombre la catedral gótica, con su característica torre de 100 metros de altitud. De ese estilo también es la iglesia de San Mauricio, del siglo XIV y que cuenta con el órgano más grande de Europa central. Por cierto, Olomouc es una de las ciudades con un mayor número de edificios religiosos por habitante. Otro de ellos es el Palacio Episcopal, en este caso de estilo románico, tal y como reflejan sus ventanas acopladas y su claustro.

RELOJ OBRERO. La arquitectura de una ciudad suele ir íntimamente ligada a su historia, sus épocas de esplendor y sus cambios súbitos. Algo que también se puede comprobar en esta ciudad checa, donde conviven las obras religiosas que miran más al cielo que a la tierra con ejemplos del realismo socialista de mitad del siglo XX, despojadas de cualquier ornamento para realzar la lucha de la clase obrera. Es el caso del reloj astronómico instalado en la pared del ayuntamiento renacentista. A las 12 en punto, figuras de obreros, campesinos e intelectuales acompañan el repicar de las campanas. También tiene una torre de 75 metros de altura abierta al público durante las visitas guiadas.

Y para relajarse después de tanta arquitectura dos opciones: parques y gastronomía. En el primer caso, las zonas verdes abrazan prácticamente todo Olomouc que, además, ofrecen grandes vistas de las fortificaciones de la ciudad. En cuanto a satisfacer el paladar, el producto local por excelencia son los quesitos de Olomouc, una variedad específica de queso maduro que destaca por su intenso aroma.

LAVISITA

OLOMOUC © Daniel Martorell_05EL CENTRO DEL LABERINTO. No muy lejos de Olomouc se encuentra Kromeriz, una pintoresca ciudad que acoge
un sublime palacio arzobispal construido en estilo barroco temprano y que ejerce como centro de un complejo laberinto de jardines perfectamente cultivados y que conservan, hasta el día de hoy, la estructura original del parque.

Pasear por su interior sin peluca barroca puede parecer fuera de lugar. Las habitaciones y salas están maravillosamente ornamentadas, igual que su biblioteca, única en su género. Aunque es quizás su pinacoteca lo que más llama la atención, con obras de Tiziano, Cranach, Veronés o Breughel. En el exterior, parcelas como el Jardín de las Flores, con la sorprendente simetría de sus imágenes hechas con flores y plantas, siguiendo el estilo francés de jardinería, con añadidura de un laberinto, fuentes, pabellones y rotondas.