CANTABRIA,

 enclavada en el norte peninsular, asomada el Cantábrico, aupa- da al cielo en sus altos picos, montañesa y marinera, es, en conjunto, un auténtico canto a la naturaleza, un ejemplo de per- fecta armonía entre la historia, la arqui- tectura, el paisaje, las costumbres y el avance incesante hacia el progreso. Con una costa increíble y hasta ocho parques naturales y nacionales, Cantabria se enor- gullece de su historia y de su prehistoria, de sus pueblos y sus ciudades, de su pa- trimonio cultural y de unos parajes sin po- sible parangón. De entre este ingente conjunto, resul- ta ineludible una visita a Liébana, tierra de montañas donde el viajero es siempre bien recibido. Está situada en el corazón de los Picos de Europa, lo que le confiere una personalidad propia inconfundible, y obli- ga a cruzar los puertos de San Glorio, el collado de Piedras Luengas o el desfila- dero de La Hermida para acceder hasta allí, según desde donde se inicie el ca- mino. Potes, su capital, constituye uno de sus incontables atractivos. De entre los diversos municipios, ca- da uno con su propio y peculiar encan- to, que se distribuyen por la comarca de Liébana –Tresviso, Cillorigo de Liébana, Pesaguero, Cabezón de Liébana, Cama- leño La Vega–, Potes constituye tanto uno de los lugares más dignos de ser visita- dos como el punto desde donde iniciar muchas de las excursiones posibles.

ARTE Y RELIGIÓN

 El importante patrimonio cultural y artís- tico de Liébana y el peso que dentro del mismo tiene el arte religioso se hace pa- tente en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, uno de los cuatro únicos lugares santos del mundo, junto a Jerusalén, Ro- ma y Santiago de Compostela. Este mo- nasterio, que acaba ahora de celebrar pre- cisamente su año santo, conserva el Lig- num Crucis, el mayor trozo conocido de la cruz donde murió Cristo. Con una vi- da que se remonta al siglo X, su arqui- tectura sigue la directrices del gótico mo- nástico cisterciense y en su interior des- taca, junto a otros muchos tesoros, el bus- to yacente de Santo Toribio, obra del si- glo XIV, tallada en madera, en contraste con la piedra habitual de las estatuas fu- nerarias góticas. Junto a este monasterio ocupan un lu- gar preeminente el templo de Santa Ma- ría de Lebeña, fundado en el 925 por Don Alfonso y Doña Justa, condes de Liéba- na, de estilo prerrománico y que conser- va en su interior una espléndida virgen lac- tante gótica, del siglo XV y dos retablos rococó. Merecen también ser citadas las portadas de la iglesia de San Sebastián de Ojedo, en Cillorigo, y de la iglesia de Cahecho, en Cabezón de Liébana.

ARQUITECTURA CIVIL

Cuando se quiere catalogar la arquitectu- ra civil de Liébana es preciso empezar por las torres nobiliarias bajomedievales, en- tre las que destacan la de Mogrovejho, en Camaleño; la Torre del Infantado, que hoy ocupa el Ayuntamiento de Potes, y el Ore- jón de la Lama, cerca de la anterior. Pero, sin duda, las edificaciones más caracte- rísticas de la zona, al igual que de toda Cantabria, son las casonas, edificadas bá- sicamente durante los siglos XVII y XVIII y entre las que cabe citar las de Cassío, Otero o Linares. La calidad del trabajo de los maestros caneros hace que sean muchos los edificios, en mejor o peor esta- do de conservación, que se levantan en todo los pueblos de la región.

 POTES, LA CAPITAL A 117

kilómetros de Santander se en- cuentra Potes, centro neurálgico de Lié- bana. Es esta una localidad que atesora una intensa vitalidad y que se ha conver- tido en un importante núcleo turístico sin por ello perder ninguna de sus tradicio- nes, como el mercado que, desde hace siglos, se celebra todos los lunes. Sus nu- merosos edificios cargados de años y de historia y sus impresionantes paisajes constituyen otros tantos atractivos para el visitante. El casco antiguo de Potes, también lla- mado barrio viejo, y que se une al resto del pueblo mediante dos puentes, con- forma uno de los conjuntos históricos más importantes de Cantabria. Dos iglesias y el convento dominico de San Raimundo –hoy convertido en museo– se unen, con sus muros y sus viejos retablos, al encanto que ofrecen las bellezas que han sabido superar el paso de los siglos. El mercado de los lunes, lugar de en- cuentro tradicional de los lebaniegos es un punto importante de los productos más representativos de la comarca: legumbres, frutas, verduras, quesos, frutos secos y miel, entre otros. También constituyen una importante fuente de atracción la cele- bración de las fiestas de la Santa Cruz, el día 14 de septiembre, y la del Orujo, que se prolonga a lo largo del mes de no- viembre.

EL PARQUE NATURAL

Liébana –dicen– es como un gran circo o círculo rodeado por cumbres de más de 2.500 metros de altura y constituye una parte importante del parque natural de los Picos de Europa. Protegidos por impre- sionantes montañas, con incomparables desfiladeos y con varias de las simas más profundas del mundo, se abren cuatro va- lles que confluyen en la capital de la co- marca. Allí, custodiando estos valles, se levantan hasta cinco cumbres del macizo oriental: la Morra de Lechugales, de 2.442 metros de altura; Silla Caballo, de 2.438; Pico Cortés, de 2.379; Semelar, de 2.227 y Pico San Carlos o del Sagrado Corazón, de 2.212 metros. Uno de los grandes atractivos de la co- marca es el teleférico de Fuente Dé. Y es así porque no solo permite admirar las im- presionantes vistas el valle de Camaleño, sino que su punto de destino, Aliva, es también el de partida de numerosas rutas y excursiones.

El teleférico comunica Es- pinama, en Camaleño, con los Picos de Europa y cuenta, en Aliva, con un mirador, llamado del Calbe y que, gracias a en- contrarse al borde mismo de la montaña, ofrece un vista sobrecogedora. En toda la zona, los hayedos, robleda- les, encinares y alcornocales pueblan el fondo de los valles y constituyen una pe- culiar mezcla de especies mediterráneas y atlánticas. Unas especies que conviven con la vegetación propia de las onzas más elevadas. En las laderas, los praderíos se pueblan durante el verano de un abun- dante ganado que pasta en ellos y, en los valles, crecen olivos, almendros y una vi- ña en regresión que ha servido tradicio- nalmente para elaborar el vino tostadillo y el clásico orujo. LA GASTRONOMÍA Una de las marcas distintivas de Liébana es su gastonomía, basada en tres pila- res fundamentales: la calidad, la tradición y los productos de la tierra.

Entre los muchos atractivos que ofrece destacan los lácteos, especialmente los quesucos de Liébana y el Picón de Bejes y Treviso, los productos cárnicos –desde la ternera hasta la caza y los embutidos– y los pescados de río. Pero esta lista no está completa si no se incluyen el té del puerto, el vino tostadillo y el orujo, ya ci- tados anteriormente. Liébana es un plato completo y consistente. Pero sobre todo, deliciosamente exquisito.

 

La cueva de El Soplao Dicen

que Cantabria es tan intere- sante por dentro como por fuera. Porque, allí, bajo tierra se encuen- tra todo un mundo por descubrir, un paraíso integrado por nada me- nos que 6.500 cuevas. Entre ellas, destacan, sin duda, las de Altami- ra, cuyas pinturas rupestres la con- vierten en la capilla sixtina de la prehistoria. Y también la de El So- plao, uno de los proyectos de tu- rismo subterráneo más ambiciosos que se conoce, o la red de cuevas del Alto Asó. Considerada como uno de los grandes tesoros de la geología mun- dial, la cueva de El Soplao está si- tuada en un entorno natural de gran belleza, entre los municipios de Valdáliga, Herrerías y Rionansa, con acceso desde Rábago y a 540 metros de altitud. En este paraje de belleza inigualable, la cueva de El Soplao constituye un auténtico parque temático del mundo subte- rráneo, donde se conjugan las hue- llas que ha dejado el trabajo del hombre en la búsqueda de precia- dos metales y el espectacular re- galo de la naturaleza. Un regalo pró- digo en formaciones excéntricas –con sus imprevisibles formas–, de estalactitas, estalagmitas y coladas, como las pisolitas conocidas como perlas de las cavernas.