ESLOVENIA ES un país pequeño, con dos millones de habitantes, pero tiene absolutamente de todo. Lo mismo sucede con sus dos principales ciudades, Liubliana y Maribor, que ostentan todo aquello que una metrópolis europea debe ofrecer, pero sin perder nunca la escala humana, es decir, un tamaño asequible que permite recorrerlas a pie y un ambiente cordial que, con el paso del tiempo, se ha ido perdiendo en las grandes urbes del continente. A ello se le suma una combinación de tradición y modernidad, un entorno natural más que destacado y una agitada vida cultural para dar como resultado la síntesis de lo que cualquier ciudad debería ser.

El esquema básico se repite en diversas ocasiones, y responde al patrón de la localidad que ha crecido en la ribera de un río y al abrigo de un monte, en cuya cima se alza un castillo que recuerda a épocas pasadas. En Liubliana, la capital de este joven país centroeuropeo (ahora se está celebrando el 20º aniversario de la independencia), el río es el Ljubljanica, la arteria que ha marcado el pulso ciudadano desde hace siglos. Hasta el siglo XIX era la ruta de entrada de mercancías y ahora se ha convertido en su principal punto de interés, gracias a los puentes que lo cruzan y a todo un continuo de edificios históricos, muchos de ellos construidos por su hijo predilecto, Joze Plecnik, arquitecto que también dejó su sello en Praga y Viena.

Los símbolos de Liubliana están bien definidos. En lo alto de la colina, el castillo, al que se accede en funicular y que regala una vista esclarecedora y definitiva desde la Torre del Mirador. A su resguardo, un casco antiguo de aires medievales, una decena de castillos, edificios barrocos, mansiones art nouveau, una universidad con 50.000 alumnos, mercados al aire libre e innumerables manifestaciones culturales, gracias a 15 museos, 45 galerías de arte, 11 teatros y 4 orquestas profesionales, así como todo tipo de bares, restaurantes y tiendas de diseño. Aunque sus iconos son, a todas luces, los puentes que cruzan el río, en especial los Tres Puentes, el de los Zapateros y el de los Dragones. Este último custodiado por estos animales mitológicos, insignia de la ciudad.

CAPITAL CULTURAL

La capitalidad hace que Liubliana acapare todas las miradas, algo que ha permitido a la segunda ciudad más importante de Eslovenia, Maribor, desarrollarse con toda la tranquilidad del mundo, como si quisiera imitar el curso de su río, en este caso, el Drava. Aunque falta poco para que comience a ser mucho más conocida, ya que en el 2012 se convertirá en la Capital Europea de la Cultura.

De la misma manera que Liubliana, cuenta con un casco antiguo de innegable magnetismo, Lent, enmarcado por las murallas medievales y torres de defensa. En su interior se levanta la catedral y diversos castillos, así como una sinagoga en el barrio judío. Pero lo que distingue a Maribor es un entorno privilegiado, que ofrece dos propuestas totalmente distintas.

Por un lado, los bosques de altura del Pohorje, llenos de cascadas, arroyos y pantanos, que entusiasman por igual a senderistas, ciclistas y amantes de las emociones fuertes. En invierno, además, la nieve le convierte en el mayor centro de esquí del país, donde se celebrará el próximo enero una prueba de la Copa del Mundo femenina. Por otro lado, en las colinas de los alrededores se extienden kilómetros de coloridos viñedos, que convierten Maribor en un destino de turismo enológico privilegiado, que incluso guarda una gran sorpresa: el viñedo más antiguo de Europa, el Stara Trta, con más de 400 años de vida. Desde la ciudad parten numerosas rutas del vino, que hacen parada en bodegas, hosterías y pequeños pueblos con un patrimonio histórico y cultural que aún pasa desapercibido a los ojos de la gran Europa. Aunque, seguramente, por poco tiempo.

UNA FESTIVIDAD PARA DEGUSTAR

SI UNA PALABRA define a Eslovenia es diversidad. Algo que, evidentemente, queda reflejado en una de sus muestras culturales más destacadas: la gastronomía. Los expertos han señalado 24 regiones gastronómicas, tres regiones vitivinícolas y han recopilado hasta 176 platos tradicionales, como la potica, una especie de brazo de gitano con diversos tipos de relleno según la zona.

De todas formas, la mejor forma de adentrarse en la gastronomía eslovena es probándola, y si es en un día señalado, mejor.

El 11 de noviembre se celebra la festividad de San Martín, especialmente en las zonas de tradición vinícola. Un día marcado para que la uva se convierta definitivamente en vino y en el que se aprovecha para dar las gracias por todo el año. Una fiesta culinaria comparable a las de Navidad o Semana Santa, en la que el plato tradicional es el ganso, o bien el pato o el pavo.

CÓMO LLEGAR

Apenas dos horas separan Barcelona de Liubliana, gracias al vuelo directo que opera la compañía eslovena Adria Airways, tres días por semana, miércoles, viernes y domingo. Un trayecto, por ahora, circunscrito a la temporada estival, ya que finalizará el 31 de octubre. Los precios de los billetes van desde los 199 euros, ida y vuelta, tasas incluidas. En temporada baja se puede optar por un vuelo con escala en algún país europeo.