LAS IMÁGENES de montañas reflejadas boca abajo siempre flotando, entre juegos de ballenas y cantos de gaviotas, maravillaron al dramaturgo Bjørnson, uno de los primeros turistas que se atrevió a visitar las islas de Lofoten, ya a mediados del siglo XIX. Después de él, muchos más han querido descubrir este pequeño archipiélago al norte de Noruega, situado en el círculo polar ártico, entre 67 y 68 grados de latitud, a la misma altura que ciudades peninsulares como Bodø. La diversidad de estas islas y el esplendor de su naturaleza permiten practicar todo tipo de actividades a lo largo del año. Cuando las islas Lofoten se visten de invierno, se cubren de auroras boreales, nevadas y oscuridad. Una oscuridad que alcanza su límite con la noche polar, que se produce durante el solsticio de invierno, cuando el sol no llega a asomar por el horizonte en todo el día. Solo la vibrante luz de la aurora boreal ilumina entonces el cielo nocturno. Todo lo contrario se da con el sol de medianoche, un fenómeno natural observable solo en latitudes próximas al círculo polar en que el sol brilla durante las 24 horas. Este acontecimiento tan especial solo tiene lugar en las fechas cercanas al solsticio de verano. Un verano que en las islas Lofoten se presenta lleno de esplendor y colorido. El azul del mar se enreda con el verde intenso de las afiladas montañas que parecen rozar el cielo, y el blanco espumoso de las olas que se revuelcan en la orilla. Un verano ideal para practicar todo tipo de actividades al aire libre, como paseos en bicicleta por fantásticos caminos o senderismo por rutas señaladas que recorren las islas. Con su vestido de otoño, Lofoten cambia de cara para poder verle el rostro a las orcas que se pasean por el archipiélago. Sea la época del año que sea, las islas Lofoten siempre brillan con luz propia.

PIES DE LINCE

El nombre Lofoten parece proceder de la unión de dos palabras noruegas: lo, que significa lince y foten, que significa pie. Y es que dicen que, desde tierra firme, la cadena de islas –con sus picos puntiagudos– parece unos pies de lince. Linces, osos y ciervos son algunos de los animales que abundan en esta tierra, que también destaca por la rica y variada vida marítima de que disponen sus costas. Además de los peces, focas y ballenas que parecen vigilar esta fría región ártica, el oeste de la isla de Røst, la que está más al sur, disfruta también del mayor arrecife de coral en aguas profundas. Cuenta la historia que ya los primeros habitantes de Lofoten vivían precisamente de la pesca. Pronto esta resultó tan importante que un rey vikingo del siglo XII decidió construir unas cabañas especiales para los pescadores que llegaban a las islas en temporada de pesca. Estas cabañas, conocidas como rorbuer, han sido modernizadas y acomodadas, convirtiéndolas en un sitio ideal para alojar a los turistas que quieren pasar la vacaciones en estas ignotas tierras. Unos turistas que pueden llegar a la capital Svolvær y a las ciudades de Leknes y Røst en menos de media hora con el avión que diariamente sale de Bodø.