La capital ha revitalizado algunos barrios gracias a los proyectos nacidos a raíz de la candidatura olímpica.

CUALQUIER acontecimiento que altera los cimientos de una ciudad contempla desde su concepción inicial algo más que el éxito del evento en sí mismo.

Es el legado, es decir, los beneficios que reportará a la metrópolis y que le llevarán a dar una salto cualitativo. Un buen ejemplo es lo sucedido en el barrio de Stratford, en Londres, que de ser un pantano industrial pasó a convertirse en el centro neurálgico de los recientes Juegos Olímpicos. Ahora, este área del que había sido el relegado este londinense ha comenzado a competir a nivel turístico con otros símbolos indiscutibles de la capital británica, como el Big Ben, el Hyde Park, Picadilly Circus o Buckingham Palace. Supone más turismo, sí, pero también una mejora importante en la calidad de vida de los ciudadanos que allí viven y que han visto como su barrio –hasta ahora de segunda– escalaba a los primeros puestos.

Concluidos los Juegos, el parque olímpico ha cerrado sus puertas para acometer una nueva transformación: en julio del año que viene reabrirá sus puertas convertido en el Parque Olímpico Reina Elisabeth, que acogerá 2.000 eventos deportivos y de entretenimiento cada año, y que en el 2016 se espera reciba la visita de más de nueve millones de personas.

En segundo lugar, la torre Arcelor Mittal Orbit –la estructura de 115 metros de altura que preside la villa olímpica– se conservará para convertirse en un fabuloso mirador. La pieza de arte público de mayor tamaño en la Gran Bretaña proporcionará a los curiosos algunas de las más bellas estampas aéreas de la ciudad.

Otras cinco grandes construcciones que formarán parte de este legado son el estadio olímpico, la instalación donde se realizaron las pruebas acuáticas, el velódromo, Cooper Box (recinto multifuncional donde se realizaron las pruebas de esgrima y balonmano) y el centro Lee Valley Hockey. Además, 30 kilómetros al norte del parque olímpico, se encuentra el Lee Valley White Water Centre, donde se disputaron las pruebas de piragüismo. Un lugar que, a partir de ahora, pasa a ser de uso de los londinense.

Todas estas instalaciones han permitido que Londres se adjudique algunos de los grandes eventos deportivos que están por venir. Así, en el 2013 acogerá la final de la Champions League, el RideLondon (nuevo festival ciclista al que acudirán 70.000 deportistas y 200.000 turistas) y la final del campeonato del mundo de triatlón. En el 2015 celebrará los campeonatos de EuroHockey y los mundiales de piragüismo y en el 2017 los campeonatos del mundo de atletismo.

El aumento de plazas hoteleras (a finales de este año habrá 102.600 habitaciones), las mejoras en el transporte público de la ciudad y los avances en accesibilidad (requisito indispensable para acoger los Paralímpicos) son otros de los puntos fuertes del legado.

60 años. Pero Londres no solo ha sido capital mundial del 2012 por los Juegos Olímpicos. Una segunda celebración ha servido de reclamo para miles de visitantes. Se trata de la celebración del Jubileo de Diamantes de la reina Isabel II, es decir, la conmemoración de sus 60 años en el trono. El acto central, que tuvo lugar a comienzos de junio, congregó a un millón de personas junto al Támesis, para rememorar los grandes acontecimientos fluviales del pasado mediante el paseo de mil góndolas, veleros, barcos militares, lanchas y otras embarcaciones.

Pero la agenda todavía guarda algunos ases en la manga. Hasta el 7 de octubre se puede visitar una espectacular exposición sobre las joyas de la reina en el palacio de Buckingham. Una demostración de cómo los monarcas han usado los diamantes en los últimos 200 años.

La muestra fotográfica En casa con la Reina (hasta el 4 de noviembre en el Museo de Londres) o la innovadora exposición itinerante La Reina; arte e imagen (hasta el 21 de octubre en la Galería Nacional de Retratos) son otros de los actos previstos en torno a la onomástica.

 

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Texto: Darío Reina