Poner en marcha en 1945 un gran hotel de lujo en Santa Cruz de Tenerife era una cuestión de capital o de influencia. Y Francisco García-Escámez tenía ambas cosas. El capitán general de las Islas Canarias diseñó un plan estratégico para hacer realidad esta idea, y movió hilos para que un nuevo y exclusivo establecimiento fuera financiado a través de los impuestos especiales que se aplicaban a los productos importados que llegaban al puerto de la ciudad. Cinco años fueron necesarios para su construcción, bajo la tutela del arquitecto local Enrique Rumeu. El 8 de abril de 1950 se inauguraba finalmente el Hotel Mencey, un majestuoso edificio cuya fama corrió como la pólvora entre los viajeros más exigentes.

Durante 60 años, el Mencey fue testigo de excepción de algunos de los momentos históricos más importantes que han vivido los tinerfeños, almacenando entre sus paredes buenos recuerdos, añoranzas, secretos, proyectos, sueños y realidades. Por sus estancias ha desfilado la familia real española y multitud de personajes ilustres, como Winston Churchill, Aristóteles Sócrates Onassis, José Saramago, Rafael Alberti, Van Morrison, Elisabeth Taylor, la duquesa de Alba, Alfredo Kraus, Diego Armando Maradona o Sofía Loren.

Tradición y modernidad. En el 2009, la gestión del hotel pasó a manos de la cadena Iberostar Hotels & Resorts, quien se propuso un nuevo cometido: lo convertiría en un punto de encuentro entre la serena y apacible armonía del pasado y la calidad que le es propia a un cinco estrellas. La reforma integral –que exigió un cierre temporal de un año– culminó el pasado mes de noviembre. Al reabrir sus puertas, el Iberostar Grand Hotel Mencey causó estupefacción.

Uno de los cambios más relevantes ha sido la reducción del número de habitaciones, que ha pasado de 293 a 261 en pos de una mayor amplitud. En ellas se alterna el glamur de una decoración inspirada en el interiorismo de los años 40 y 50 (colores claros e imágenes de la isla) con lo último en tecnología (conexión wi-fi gratuita, televisión, conexión para iPod y MP3, insonorización, climatización, caja fuerte, etcétera).

Las estancias van desde la Deluxe (con una superficie mínima de 31 metros cuadrados) a la Suite Real (con 165 metros cuadrados), pasando por otras tres categorías intermedias. La iluminación natural juega un papel importante en todas ellas, con vistas a la hermosa Santa Cruz, los jardines interiores o el espectacular patio canario, de donde emergen unas originales balconadas de madera. Cuando cae la noche los juegos de luz indirecta garantizan la calidez del ambiente.

Diez salas multifuncionales (de entre 46 y 447 metros cuadrados), todas ellas con luz natural, amplios ventanales al exterior, insonorización, aire acondicionado, wi-fi o la más moderna tecnología audiovisual, sirven para celebrar todo tipo de actos sociales: bodas, fiestas privadas, reuniones de trabajo, incentivos o convenciones. En muchos de estos salones se han realizado complicados trabajos de restauración, al tiempo que se han mejorado las condiciones de accesibilidad, la megafonía o la climatización.

A ello se suma la Casa del Duque, una antigua vivienda particular anexa al hotel que se encuentra rodeada de hermosos jardines y que, a partir del próximo verano, se convertirá en un singular recinto para la celebración de eventos especiales.

Para completar la vivencia Mencey existen dos bares. Por un lado, el Blue Pool Bar, que atiende a la zona de la piscina y que recupera la tradición de las comidas en el jardín, y el Bar Iballa, que se ha modernizado con un mobiliario inspirado en los años 50 y que, además de servir copas, también ofrece un esmerado servicio de té y café por las tardes.

Probar suerte. Próximamente, en el nivel subterráneo, reabrirá también el Casino de Santa Cruz, cuya entrada será gratuita para los clientes del hotel. Se podrá acceder ininterrumpidamente de ocho de la mañana a cuatro de la madrugada (una hora más los viernes y sábados).

Pero sin duda, uno de los aspectos más llamativos del nuevo hotel es su maravilloso jardín de 1.300 metros cuadrados, que ha sido integrado en el centro del recinto. Allí se puede participar, por ejemplo, en clases de gimnasia al aire libre, para acabar en el nuevo spa, de 2.000 metros cuadrados, con terma, baño turco, flotario, pediluvio, duchas especializadas, pileta fría, yacusi y una piscina de circuito termal. A esto se añaden las cabinas para tratamientos de relajación exclusivos, el gimnasio (donde además de la zona de máquinas se realizan clases dirigidas) o las dos canchas de pádel. Todo para que el cliente se sienta como un auténtico rey de los antiguos guanches. Justamente ese es el significado de mencey.

Texto: Alberto González