EL TAMAÑO NO IMPORTA. El segundo país más pequeño del viejo continente después de Andorra se llama Gran Ducado de Luxemburgo. Situado en el corazón de Europa Occidental, entre Bélgica, Alemania y Francia, y con un 35% de superficie boscosa, el país ofrece una atractiva mezcla de naturaleza, historia, calma, ocio, deporte y belleza. Su capital, la ciudad de Luxemburgo, combina como pocas tradición y modernidad. El impresionante conjunto de murallas que rodea el casco antiguo de la localidad, también conocida por este motivo como el Gibraltar del norte, constituye el mejor testigo de su apasionante historia junto a las casamatas, galerías subterráneas construidas durante las diferentes soberanías que han regido el país, y las atalayas. El conjunto fue declarado en 1994 patrimonio de la humanidad por la Unesco. En contraposición, se ha desarrollado una moderna metrópoli repleta de vibrantes calles comerciales, bulevares llenos de vida, animadas plazas y pintorescas terrazas y cafés.

DOS CIUDADES EN UNA

Una de las imágenes más impactantes que ofrece la ciudad es la visión, desde su parte alta, de dos mundos que conviven en armonía: el casco antiguo y los modernos edificios del barrio europeo. A medio kilómetro del centro, el barrio de Kirchberg cambia radicalmente de aspecto para dibujar amplias avenidas llenas de arquitectura moderna, esculturas abstractas, parques y plazas. Esta zona cuenta con dos espacios de visita obligada: la Filarmónica (www.philharmonie.lu), cuya fachada de mil columnas se ilumina de colores cuando anochece; y el Mudam o Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad (www.mudam.lu), inaugurado hace poco más de un año y diseñado por Ieoh Ming Pei, autor de la pirámide de cristal del parisino Museo del Louvre.

FORTALEZA MILENARIA

La arquitectura moderna de los edificios bancarios y de las instituciones europeas de estos barrios colindantes convive con la que fue una de las fortalezas más poderosas del mundo. El conjunto está formado por tres cinturones fortificados nacidos en el peñón de Block en el año 963, así como una extraordinaria red subterránea de 23 kilómetros de galerías utilizadas en el pasado para comunicar las diferentes partes de la fortaleza y para esconder a millares de soldados y ciudadanos –sirvieron de refugio a muchos civiles durante los bombardeos de la primera guerra mundial–. Parcialmente desmanteladas, como los muros de la ciudad, en la actualidad se pueden visitar aún 17 kilómetros de túneles repartidos entre las casamatas de Bock y las del valle de Pétrusse. De la parte antigua se recomienda también una visita a la catedral de Notre- Dame, iglesia jesuita construida en el siglo XVII; el palacio Ducal, símbolo de la ciudad, o el camino de la cornisa, cuyas excepcionales vistas le han valido el nombre de balcón más hermoso de Europa. Una de las mejores formas de recorrer la ciudad es seguir el circuito Wenzel, una ruta a pie que conecta la parte alta y baja de la ciudad. La plaza de las Armas, por su parte, ofrece música en directo tres veces al día y un popular mercadillo los fines de semana.

COLOR Y CREATIVIDAD

Luxemburgo esconde una insospechada vida cultural y de ocio para todos los gustos. No en vano ha sido nombrada por segunda vez –la primera fue en 1995– capital europea de la cultura 2007, con la novedad que en esta ocasión ha recibido la distinción junto a otras regiones fronterizas pertenecientes a Bélgica, Francia y Alemania. La gastronomía del país combina elementos de la cocina alemana con el refinamiento de la cocina franco-belga. Son típicos el lechón en gelatina, el famoso jamón ahumado de las Árdenas o la tortilla flambeada al kirsch. También destaca su variado surtido de bollos, tartas y pasteles, el vino blanco de Mosela y una amplia gama de cervezas.