COMO EL QUE NO QUIERE la cosa, casi oculto entre Francia, Bélgica y Ale- mania, Luxemburgo emerge, pese a su tamaño diminuto, como uno de los paí- ses más consolidados de Europa. Res- petado por todos sus vecinos y con una calidad de vida envidiable, este lujoso es- tado disfruta de una prosperidad en to- dos sus ámbitos. Pero, además de ser un núcleo financiero, Luxemburgo, capita- neado por su capital homónima, es tam- bién un lugar ideal para disfrutar de una naturaleza brillante y encantadora. Un paisaje estelar digno de cualquier cuento maravilloso, pequeños ríos y ver- des colinas cubiertas de bosques frondo- sos y castillos medievales copan el terri- torio de este país de 2.586 metros cua- drados y apenas 440.000 habitantes. Co- nocido como el corazón de Europa, la ca- pital cuenta con el 50% de la población y constituye el único centro urbano genui- no del país. La ciudad se divide en tres zonas: el centro, que acoge la parte vie- ja de la urbe, ubicada en la ladera norte del Petrusso, cuenta con la mayoría de atractivos turísticos; la ciudad moderna, a la que se accede por los puentes Pont Adolphe y Pasarelle; y la zona de los va- lles, constituida por una sorprendente mezcla de casas, huertos y parques.

Además de ser un lugar en- cantador, Luxemburgo cuenta con un atractivo añadido. Se- gún un informe de la agencia Mercer Human Resource Con- sulting, Luxemburgo es la ciu- dad más segura del mundo en relación con sus índices de criminalidad y estabilidad in- terna. El estudio, que evaluó la situación de 215 ciudades de todo el mundo, sitúa a Lu- xemburgo por delante de Hel- sinki, Berna y Ginebra. Bag- dad cierra la clasificación  

PLAZAS, TIENDAS, LUCES…

En el casco antiguo sobresale la Place d’Armes, rodeada de árboles e iluminada con luces de colores, que alberga multi- tud de cafés y restaurantes. Desde aquí, se puede acceder a la zona de tiendas a través de la Gran Rue. En cambio, si se opta por el desplazamiento hacia el sur, se llega a la Place de Guillaume, más am- plia que la de Armes. En ella se ubica el mercado principal de la ciudad, con todo tipo de productos alimenticios. La parte más antigua está plagada de túneles, pasadizos y almacenes subte- rráneos, en los que se refugiaron los ha- bitantes de la ciudad en la segunda gue- rra mundial. El Palacio Ducal, de estilo re- nacentista, antigua residencia de las fami- lias reales, es una de las citas ineludibles, como la Place Marché Aux Poissons, que se sitúa cerca del Musée National. Este edificio plasma la historia de la ciudad y del país a través de fragmentos de escul- turas medievales, maquetas de habitacio- nes de los siglos XVIII y XIX, pinturas de maestros flamencos y locales… Una vez conocida bien la capital, es re- comendable visitar otras zonas del Du- cado, como la región de Ardennes, de una gran belleza natural; la ciudad de Diekirch, donde se exhiben detalles de las batallas de Bélgica durante 1944 y 1945; Wiltz, fundada sobre la ladera de una pequeña meseta; y la Valle Moselle, una región atractiva de vinos dulces y frutales que al- berga la ciudad de Grevenmcacher, co- nocida por sus interesantes cavernas.