LA ERA GALÁCTICA que llegó con Florentino Pérez se fue con él. Pero durante ese tiempo, coincidencia o no, la capital se ha vestido de glamur. Arquitectos de firma internacional han dejado su huella en la ciudad con construcciones y edificios de vanguardia, como la recién inaugurada terminal del aeropuerto de Barajas diseñada por Richard Rogers o el nuevo hotel Puerta de América, fácil de reconocer por su fachada de colores chillones, en el que han trabajado veinte de los mejores arquitectos y diseñadores de todo el mundo, entre ellos Zaha Hadid, Arata Isozaki, Jean Nouvel o David Chipperfield. Han surgido nuevos madriles, más modernos y cosmopolitas, donde se pueden tomar tapas de diseño mientras se escucha música chill out, comer en restaurantes de vanguardia, como el del televisado Sergi Arola, o comprar en las lujosas tiendas del señorial barrio de Salamanca, como las de Dolce&Gabbana, Armani, Channel, Dior, Custo… Pero además de este Madrid con tintes neoyorquinos, aún perdura ese Madrid castizo y urbano, “con olor a callos y calamares fritos y a vino de garrafón” como dice el cantautor Joaquín Sabina. Ese Madrid atlético y menos glamuroso, pero más auténtico. Esta singular mezcla atrae cada año a 5,5 millones de viajeros, ávidos de museos (alrededor de 90), restaurantes (unos 2.500) y bares (más de 13.000).

KILÓMETRO CERO
Pasear por el barrio de los Austrias es una buena forma de comenzar a tomarle el pulso a la ciudad. Los turistas que visitan Madrid por primera vez pueden iniciar el recorrido en la Puerta del Sol, corazón de la ciudad y punto de encuentro de los madrileños. Allí está el marcador del kilómetro cero de la red vial española. “Kilómetro cero, respira en el centro de la ciudad, el alma se pierde al escapar”, canta Ismael Serrano. En la plaza sobresalen dos estatuas: una de Venus, que sus habitantes llaman la Mariblanca, y el oso y el madroño, símbolos de la ciudad. El Retiro, la Puerta de Alcalá, la Cibeles y el paseo de la Castellana son de visita imprescindible. Pero aquellos que ya conocen Madrid, y repiten, buscan otra cosa: perderse por los barrios más genuinos y vivir la noche madrileña. Chueca, el antiguo barrio castizo, se ha convertido en la zona gay por excelencia, lleno de locales cool con un ambiente de lo más cosmopolita y animado. La calle de Fuencarral es una versión castiza de Carnaby Street, donde hay mercadillos de ropa alternativa, piercings, dj’s… Tribunal es la zona alternativa de la ciudad, con locales de rock y precios bastante asequibles. Cuna de la movida madrileña, es de las zonas clásicas para salir por la noche. A la gente que sale de marcha por allí se la llama malasañera. El literario barrio de Huertas es en la actualidad una zona que concentra a un mismo tiempo teatros, cervecerías, lugares de tapeo y locales nocturnos que permanecen abiertos hasta altas horas de la mañana.

VERMUT Y CALAMARES
La Latina y Lavapiés son los barrios más mestizos y multiculturales, donde se puede tomar el vermut o comer un bocadillo de calamares en los mesones de siempre, que aún conservan su alma cañí, o dejarse caer por el famoso mercadillo del Rastro que montan en esta zona cada domingo. Madrid son muchos madriles. Lo dice quien vive y sueña en ella, y quien le ha hecho más de una canción: “Con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, aunque muera el verano y tenga prisa el invierno, la primavera sabe que la espero en Madrid”.