MÁS DE CIEN IDIOMAS

 suenan en cada esquina de la gran metrópolis. Nueva York es ilusión y pura realidad. Ciudad gigantesca y, al mismo tiem- po, abarcable, por ese lógico bautizo de sus calles, numeradas del 1 al 220. Cinco distritos, cada uno con su pro- pio carácter. El más concurrido es qui- zás Manhattan, Mannahatta según el vocabulario indígena, que vendría a traducirse como isla de las colinas. 21,5 kilómetros de largo y 3,7 de an- cho, que se dividen en tres sectores. El Bajo Manhattan, en el extremo sur de la isla, se extiende desde Battery Park hasta la calle 14 y es la parte más antigua de la ciudad. Sobre ella se ele- van las torres del distrito financiero, donde se encuentra la bolsa. En la otra punta, la parte norte de Manhattan acoge al vecindario más pudiente de Nueva York, además de algunos importantes museos, como el Metropolitan Museum of Art, el Gug- genheim o el Withney Museum. Entre las dos áreas anteriores, la parte central de Manhattan abarca desde la calle 14 a la 59 y es la zona más turística, donde se concentra la mayor parte de los símbolos de Nue- va York: el Empire State Building, el edificio Chrysler, la ONU, el Rockefe- ller Center, la estación Grand Central o el distrito teatral de Broadway.

HOTEL EN EL ‘MIDTOWN’

En los setenta, Jack Parker adquirió una parcela en la avenida 56, en un momento en el que nadie más estaba por la labor de construir nuevos hote- les en Manhattan. En aquel momen- to, aquello parecía poco menos que una locura. Pero Parker lo vio claro. Adelantándose a su época, previó el crecimiento que experimentaría la zo- na. Y acertó. El hotel en el que pocos creían obtuvo el éxito desde su mis- ma apertura. Desde entonces, su carácter inno- vador y su voluntad para adaptarse a las nuevos tiempos han caracteri- zado la evolución de Le Parker Meri- dien. Su actual director, Steven Pipes, cree que su valor diferencial se en- cuentra en su capacidad para “en- contrar siempre la manera de ha- cer las cosas de forma diferente”. El lujoso hotel vende la idea de que puede aceptar cualquier reto que plan- tee el cliente, pero siempre lo hará “con un toque de la esencia de Nueva York”, explica Pipes. Además, puntualiza el portavoz, “lo último que quieren la mayoría de viajeros que llegan a Nueva York es alojarse en un establecimiento mediocre”. Por eso hay que darles motivos para ex- perimentar. Cuando el hotel completó su reno- vación, en 1998, abrió sus puertas con tres nuevas atracciones: Norma’s, un bar para los desayunos; Seppi’s, un bistrot; y Jack’s, local de copas noc- turnas.

Los dos primeros resultaron un éxito inmediato. Sin embargo, no ocu- rrió lo mismo con Jack’s, en cuya de- finición estética el hotel había realiza- do una fuerte inversión económica. Su aceptación sólo fue relativa y, finalmen- te, los responsables del establecimien- to decidieron darle una vuelta al nego- cio y empezar de nuevo. Abogaron en- tonces por una idea sencilla, invirtien- do en una hamburguesería. ¿Dema- siado simple para un hotel de lujo? Tal vez sí. Pero si funciona… Le Parker Meridien se guía por la premisa Hagas lo que hagas, hazlo bien, aunque se trate de un servicio de comida rápida. Su filosofía impac- ta a todo aquel que atraviesa sus puer tas, ya sea para bien o para mal. Y no hay nada de negativo en la crítica. Más bien todo lo contrario. Porque, para sus dueños, lo último sería pasar de- sapercibidos.

CULTIVAR SALUD

 Le Parker Meridien cuenta con el que ha sido reconocido popularmente co- mo uno de los mejores gimnasios ins- talados en un hotel de toda América En el Gravity, centro de fitness y spa los clientes reciben un trato totalmen- te personalizado, mientras disfrutan de sus deportes favoritos, como el te- nis o el baloncesto, o mientras nadan en la piscina cubierta del ático. Ade- más de un completo calendario de ac- tividades dirigidas y de unas instala- ciones con la última tecnología, Gravity también dispone de un spa con servi- cios de masajes, faciales y corpora- les, depilación y otros tratamientos Todo desde el punto más alto del edi- ficio, un lugar privilegiado desde don- de contemplar una vista inigualable de la ciudad, justo sobre el Parque Cen- tral, verdadero pulmón de esa isla de colinas de acero.

A 850 pies de altura EL VISITANTE ACCEDE a un ascensor conce- bido como una cápsula de tiempo y luz. Gra- cias a su techo de cristal transparente, los visitantes observan su rápida aceleración hacia la luz y el espacio abierto. Cuatro proyectores de vídeo usan el techo de cristal para presentar una sucesión de rápidas imágenes del Rockefeller Cen- ter, donde nos encontramos. Tras el rá- pido viaje se alcanza la cima, el históri- co mirador, que ha sido reabierto bajo el nombre de Top of the Rock, tras 20 años de cierre. Tishman Speyer, copropietario del Rockefeller Center, ha sido el encar- gado de revitalizar el puesto de ob- servación, que ahora comprende tres niveles inferiores y tres superiores, a nada menos que a 850 pies (259,08 metros) sobre el nivel de la acera, entre los pisos 67 y 70. El mirador, que se abrió por primera vez al pú- blico en 1933, se convierte de nue- vo en un lugar ideal para entender la ciudad que nunca duerme.

TEXTO ALBERTO GONZÁLEZ