El triángulo de las esencias

Para comprender buena parte de la historia de Marruecos se debe explorar el centro-norte del país, en un triángulo formado por dos de las ciudades imperiales más ricas culturalmente del país, como son Fez y Mequínez, y una localidad excepcional como Ifrán, capaz de romper cualquier prejuicio a golpe de frescura y naturaleza. Una buena forma de descubrir el pasado esplendoroso de la región, donde el arte se convierte en un reflejo del conocimiento, la sabiduría y la fe.

FEZ

De las mezquitas a los zocos

UNA MEDINA QUE ENCIERRA SIGLOS DE ESPLENDOR

ADENTRARSE a través de alguna de sus 14 puertas en la medina de Fez significa hacerlo en la historia misma de Marruecos. Fez-el-Bali se podría definir como un auténtico museo al aire libre gracias a las innumerables obras maestras que se encierran en sus 9.400 callejuelas y en el que sobresalen edificios milenarios como la mezquita Karaouiyine, fundada en el año 859, y la de los Andaluces, en el 860. La primera cuenta con el minarete más antiguo del mundo musulmán, así como patios embaldosados que imitan a los de la Alhambra de Granada. La segunda destaca por su gran pórtico adornado y su voladizo de madera tallada.

Siguiendo el camino por la medina el visitante se encuentra con madrazas de gran belleza arquitectónica que combinan la madera de cedro con el mármol, como es el caso de Bou Inania, o fuentes públicas que alcanzan la cima del arte decorativo, como la de Nejjarine. Y cuando el oído detecta un aumento de los decibelios es porque se está acercando a la zona de los zocos, que encierran una forma de comercio que se ha ido transmitiendo de generación en generación. Divididos por gremios se encuentran los de artículos de cosmética, de seda y bordados, de ebanistería.

 

MEQUÍNEZ

Belleza geométrica

EJEMPLO DE LA PRECISIÓN DEL ARTE MUSULMÁN

SITUADA A apenas 65 kilómetros, Mequínez (Meknes) rivaliza en belleza con Fez. La medida está protegida por unas gigantescas murallas, que le confieren un aspecto de fortaleza. Sin embargo, todo cambia al cruzar alguna de sus puertas, especialmente la Bab-Mansour, ejemplo perfecto de la precisión y el gusto por el detalle geométrico del arte musulmán. Otra de las puertas dignas de ver es Bab Berdaine, donde se concentraban los intercambios comerciales. En total, la medina cuenta con 20 puertas.

Una vez dentro, el eje sobre el que gira todo el barrio es la plaza Al-Hédîm, una gran explanada que da paso a los zocos (algunos cubiertos por parras o cañas), y que invita a sentarse en alguna de sus terrazas para degustar sin prisas un té de menta. Muy cerca, vale la pena visitar Dar Jamai, un palacio de estilo hispano-morisco construido alrededor de un jardín andaluz, que actualmente acoge un museo etnográfico que reúne las riquezas del reino en forma de bordados con hilo de oro y joyas antiguas. Por su parte, la madraza Bou Inania representa uno de los mejores ejemplos de escuela coránica, con su patio central rodeado por una galería maravillosamente decorada.

 

IFRÁN

Vacaciones todo el año

UN OASIS SITUADO A 1.650 METROS DE ALTITUD

SI FEZ y Mequínez guardan las esencias de la civilización musulmana, Ifrán va mucho más atrás en el tiempo, para hablar de los inicios de la humanidad. Situada a 1.650 metros de altitud, en el Atlas Medio Central, se han encontrado vestigios neolíticos en sus cuevas naturales. No obstante, en plena era moderna, no llama la atención por ello, sino por una situación privilegiada rodeada de vegetación que la convierte en un oasis de frescor en verano y en uno de los centros de esquí más importantes del país, en invierno. De hecho, se la conoce como la Suiza marroquí, tanto por sus grandes lagos y bosques espesos como por las casitas de montaña con el tejado inclinado y su ambiente calmado. El rey tiene aquí su residencia estival.

Más allá de la ciudad, al sureste, una multitud de volcanes extintos forman el paisaje de Ito, un horizonte rocoso que, al caer la noche, recuerda mucho a los cráteres lunares. Por su parte, el manantial de Vittel y sus cascadas son un motivo perfecto para salir a caminar y descubrir frondosos bosques de arces y álamos. También es recomendable acercarse a los lagos (dayet) Aoua o Afenourir. Este último está protegido debido a las numerosas aves migratorias que hacen aquí su escala.

Más información:

www.visitmorocco.com
www.michlifenifrane.com

Texto: Eduard Palomares