NO FALLA. Cuando uno cuenta que se marcha a Isla Mauricio, asoman las caras de envidia, sobre todo si el anuncio del viaje se hace en esta época del año, es decir, en pleno invierno con una ola de frío haciendo estragos. Pensar en un destino como Mauricio, un paraíso situado en el hemisferio sur (al suroeste del océano Índico) rebosante de hotelazos, playas eternas de arena blanca y donde el sol y el calorcito son apuestas seguras, puede ser perjudicial para la salud de los que se queden. Y un motivo de orgullo para los que están a punto de partir, no solo por la suerte de saber que les esperan por delante varios días de amor y lujo, sino por la sensación de sentirse envidiado por todos los que les rodean. Otra pregunta típica que la gente suele hacer cuando se anuncia la escapada a esta isla es si la causa es una luna de miel. Y es que este destino se asocia a viajes para recién casados que buscan un clima y paisaje tropical, un servicio impecable, seguridad y tranquilidad, una buena oferta de actividades acuáticas y una buena cocina. Sí, son los tópicos con los que se identifica la isla, y son ciertos. Pero si se escarba, en este pequeño rincón se pueden encontrar otros detalles, menos conocidos pero curiosos. Por ejemplo, choca mucho la abundancia de población india que vive en la isla más vinculada al continente africano que al asiático. Todo cuadra cuando se descubre que el 60% de la población es de origen indio. Entonces, se comprende por qué hay tantos templos hindús dedicados a Shiva, como por ejemplo el Gran Bassin (gran estanque) donde se cree que desembocan las aguas del río Ganges. Y por qué en las tiendas se venden tantos saris de seda. Y por qué la atención en los hoteles es tan exquisita, herencia del perfecto sentido del servicio asiático. INFLUENCIA CRIOLLA Lo mejor es que el toque indio convive con la esencia de la cultura criolla, la segunda en importancia del país. La influencia de los criollos de origen europeo, malgache o africano, se palpa no solo en la abundancia de festivales, bailes y fiestas que tiene este sentir como protagonista, especialmente el que se celebra todos los años la segunda semana de diciembre. La cultura del aproximadamente 35% de la población mestiza se evidencia también en su idioma (aunque el inglés es la lengua oficial, la mayoría de la población habla francés y criollo), en la gastronomía y en los rasgos físicos de la gente. También se conserva gran influencia francesa. Y de los años del dominio inglés queda su pertenencia a la Commonwealth y la costumbre de conducir por la izquierda. Así que ¡ojo! a la hora de alquilar un coche, o de cruzar una calle. Mauricio es pues una isla multicultural donde están acostumbrados a la convivencia pacífica de razas, religiones, nacionalidades y culturas. Saben que esa es parte de su riqueza y la explotan como pueden para que esté al alcance de sus preciados visitantes. Por tanto, quien quiera salir de la playa y empaparse de experiencias exóticas puede hacerlo. Y aunque la tumbona, la playa y el sol son sus mejores atractivos, existen numerosas excusas para salir del hotel de vez en cuando. Recomendable es, por ejemplo, hacer una escapada hasta Port Louis, la capital, y visitar su mercado. Abre todos los días y además de ser uno de esos lugares mágicos y algo caóticos donde el visitante puede absorber la esencia de la vida en la isla, resulta también un buen sitio para adquirir orginales productos de artesanía local (eso sí, siempre tras el consabido regateo). DIVERSAS ALTERNATIVAS Otra visita que merece la pena es el jardín botánico de Pamplemousses donde se descubrir la exótica naturaleza de la isla: bellos estanques con nenúfares gigantes o repletos de flores de loto (tan veneradas por los budistas); palmeras de formas extrañas y apodos curiosos: la erizo, la cocodrilo, la botella… Si la naturaleza exuberante les conquista y quieren evocar a Indiana Jones, aquí va otra propuesta que quizá guste sobre todo a los más jóvenes. El Parque de Aventura, donde pasar unas horas atravesando largos puentes colgantes ocultos en un vergel que enamoraría al mismo Tarzán. Quienes busquen altermiércoles nativas más tranquilas y meramente contemplativas pueden visitar la tierra de siete colores y las cascadas, ambas en Chamarel, en el centro de la isla. Para los que quieran volver a casa cargados de recuerdos, dos ideas. Mauricio no vive solo del turismo. La industria textil es la segunda de la isla, razón por la que abundan tiendas donde adquirir ropa original de primeras marcas a muy buen precio (un euro equivale a 40,7 rupias mauricianas, moneda local). Mauricio es famosa también por la elaboración de maquetas de barcos de madera, pero, ¡cuidado!, si son muy grandes hay problemas para transportarlas en el avión. Mejor consultar en la tienda las condiciones del transporte antes de adquirir una de estas obras. Y si son de esas personas amigas del sol que no quieren desperdiciar ni un día de hotel y tumbona, no se preocupen. También en las playas surgen posibilidades consumistas. Abundan lugareños que pasean por los largos arenales cargados de collares. A veces, si se rebusca bien, aparecen piezas interesantes. Lo más típico son las perlas, pero si se enamoran de alguno de esos colgantes ¡cuidado! Desconfíen de la calidad de las piedras siempre que no las adquieran en tiendas oficiales. Y no olviden que también en la playa hay que regatear. Una vez hechas las compras, y las excursiones, no le den más vueltas y regresen a la tumbona. Y alquilen un equipo de aletas y tubo para hacer esnórquel y disfrutar de las bellezas del arrecife coralino que rodea la isla. No hay que alejarse mucho para ver el coral, eso explica que haya tanto en la orilla (y hace daño, así que no olviden llevar zapatillas para caminar por la arena y bañarse). Tómense una copa de ron local (en Mauricio se cultiva mucho la caña de azúcar). Y relájense. Cuando regresen a casa no olviden convocar a sus amigos en un local con la calefacción muy alta, para poder lucir un vestido escotado que deje ver el tono moreno que tanto envidiarán los que no hayan podido escaparse a disfrutar de los placeres del hemisferio sur.