Según los libros de historia, Mauricio es una isla de origen volcánico. ¡Bendita la erupción! Nunca ríos de lava alumbraron con tan buen gusto. Situada a 800 kilómetros de Madagascar, en el Océano Índico, Isla Mauricio es un destino turístico mucho más asequible de lo que rezan los tópicos. Su cálido clima tropical, la frontera de coral y la vegetación a base de plantaciones de azúcar son las premisas que uno debe conocer de antemano. A pesar de algunos intentos frustrados de convertir la isla en un resort para multimillonarios, Mauricio aparece como uno de los destinos turísticos más económicos de la zona. Además de los hoteles de gran lujo, para los que uno debe preparar cerca de 500 euros diarios, el visitante puede optar por casas de huéspedes o apartamentos sin servicio aptos para todos los bolsillos. Eso sí, sobra reconocer que el trayecto hasta la isla no es lo barato que uno desearía. A excepción de los ajetreados días entre Navidad y Año Nuevo, Mauricio carece de temporada alta o baja. En lo más crudo del invierno, entre julio y septiembre, las temperaturas pasan de ser pegajosamente calurosas a gratas. El descenso de las lluvias y la humedad convierten esta época en una de las más indicadas para la visita.

TRES INFLUENCIAS
Con un paseo por la capital, Port Louis, uno se da cuenta de las tres civilizaciones que han marcado el perfil social y cultural de la isla: la británica, la francesa y la india. El lugar, situado en el extremo noroeste, vive durante el día el bullicio propio de una ciudad con una intensa actividad comercial. Durante la noche, la acción se traslada a los centros de ocio, como el complejo comercial Le Caudan, de reciente creación y repleto de cines, bares o restaurantes. El mercado de la capital es uno de los mejores exponentes del estilo de vida local. Situado junto al mar, en el corazón del casco urbano, este curioso conjunto de comercios ofrece frutas, verduras, carnes, pescados, recuerdos, artesanía, ropa y especias. En el mismo barrio se encuentra el Museo de Historia Natural, que exhibe una réplica disecada del dodo, una insólita ave extinguida a finales del siglo XVII. Otros atractivos de la capital son la mezquita Jummah, construida en la década de 1850 y situada en pleno barrio chino, y el fuerte Adelaida, que recuerda un fortín moro. Otra visita obligada es el parque nacional Black River Gorges. Esta preciosa zona de la meseta es un oasis en la isla. La única carretera de montaña de Mauricio conduce al dique de la gran presa del parque, Mare aux Vacoas, que ofrece un paisaje más propio de países de Centroamérica que de una isla en medio del Índico. A unos seis kilómetros se encuentra el lago sagrado de los hindús, el Gran Bassin, y a unos pocos kilómetros al este se halla Plaine Champagne, la mayor zona natural de Mauricio y el punto de mayor pluviosidad de la isla. En el extremo oriental del parque, el mirador Riviére Noire ofrece espectaculares vistas de cascadas y del Pitón de la Petite Riviére Noire, el punto más elevado de Mauricio, de 830 metros de altitud. Uno de los aspectos más notables de la visita a Mauricio es la mágica mezcla de distintas gastronomías. Las variedades más comunes conjugan la cocina criolla, la europea, la china y la india, y los platos de pescado suponen la especialidad de la mayoría. En un bufet no suele faltar el biryani árabe, el pollo al curry indio, el cerdo chino o las verduras al estilo francés. En cuanto a las bebidas, la cerveza y el ron locales destacan por su fuerza y su bajo coste. El vino suele ser caro, debido a que lo importan de países como Francia o Suráfrica.