Desde que en el siglo IX los árabes descubrieran Mauricio –la isla se llama así en honor al príncipe de Orange Mauricio Van Nassau–, el pequeño estado del océano Índico quedó señalado en rojo en el mapamundi. Independiente desde 1968 y convertida en República en 1992, Mauricio es una realidad cultural multiétnica, en la que conviven pacíficamente diferentes religiones (hinduismo, cristianismo, islamismo y budismo). Pero, imposible obviarlo, la isla es archiconocida por sus transparentes y cálidas aguas y por sus interminables playas. Para la mayoría de visitantes, Mauricio representa el sueño tropical de alcanzar el auténtico paraíso. Y no hay porqué contradecirles. El mar y el sol son compañeros de viaje inseparables. Así que mejor disfrutar al máximo de ellos. El norte de la isla es el destino preferido para los aficionados a los deportes náuticos. Aquí se puede practicar esquí acuático, windsurf, navegación, submarinismo, pesca de altura y parasailing (vuelo en paracaídas remolcado por una embarcación). El este muestra el lado más salvaje y espectacular de la naturaleza, con las blancas playas del Palmar y Belle Mare como lugares más destacados. El sureste ofrece singulares vistas desde sus altos acantilados, mientras en el oeste se pueden contemplar hermosas puestas de sol y descubrir el surf en Tamarin. Hacer deporte nunca viene mal. Y son muchos los que aprovechan las vacaciones para disfrutar de su actividad preferida. Los más aventureros tienen la oportunidad de pasear a caballo por una de las numerosas playas de Mauricio, o asistir a una carrera en el hipódromo más antiguo del mundo después del British Jockey Club, construido en Port Louis en 1812. Practicar la escalada, hacer senderismo en los desfiladeros del río Negros, Bel Ombre y Valriche, participar en alguna excursión en todoterreno o en quad, recorrer en bicicleta los bosques de Maccabe, Chamarel y La Nicolière, manejar una canoa río abajo… son otras divertidas propuestas. Y para los más tranquilos, nada mejor que un relajado partido de golf. Pero no solo de deporte vive el hombre. La danza es otra buena forma de descargar adrenalina y pasar buenos ratos. Mauricio late al ritmo del sega, un baile derivado de la música africana durante la época de la esclavitud. El frenético arrastre de los pies, el sugerente movimiento de las caderas y las letras criollas contagian la alegría de vivir de los mauricianos. Actualmente coexisten varios tipos de sega en Mauricio. El baile típico, que se interpreta con la ravanne, la maravanne y el triángulo, cuenta con numerosos incondicionales. Sin embargo, el sega actual introduce modernos instrumentos debido a influencias contemporáneas. La representación de este baile en la playa alrededor de un gran fuego es una escena muy habitual en la isla. Ya puestos, lo mejor es dejarse llevar por el ritmo de los bailarines.

ECOTURISMO Y BALNEARIOS

Está claro que las playas son el principal reclamo de Mauricio. Pero no todo acaba ahí. También cuenta con un sinfín de rutas y senderos para complacer a los amantes del ecoturismo. Las gargantas de la Rivière Noire y las áreas limítrofes constituyen una de las zonas más espectaculares para disfrutar de la naturaleza en estado puro. Este espacio esconde un inmenso parque de 6.574 hectáreas formado por una selva subtropical húmeda que alberga una flora autóctona extraordinaria. Y para los que huyen del estrés y llegan a la isla en busca de relajación y bienestar, una extensa red de spas y balnearios les aguarda con una amplia y variada oferta de tratamientos de belleza y salud para elegir. La mezcla de culturas de Mauricio ha inspirado una serie de terapias basadas en el agua del mar y remedios tradicionales africanos y criollos a base de hierbas y flores locales. ¿Hay quién dé más?