TAL VEZ lo mejor de Estonia sean sus habitantes. Del carácter del estonio se dice que es como su paisaje: abierto, inmenso y generoso. Amantes de la buena conversación son grandes usuarios de internet y del teléfono móvil. Siempre están dispuestos a una buena charla frente a una cerveza fresquita, bebida que se diría casi nacional aunque no lo es menos el licor Vania Tallin, estupendo aperitivo para tomar tras degustar algunos de los platos de su excelente gastronomía, mezcla de sabores y texturas tradicionales con pinceladas vanguardistas. Desde el siglo XIII Estonia ha sido conquistada y ocupada por daneses, suecos, polacos, alemanes y rusos, y de todos estos invasores los estonios se quedaron con lo mejor de cada uno. Conoció la grandeza en la edad media cuando pasó a formar parte de la poderosa Liga Hanseática, época en que se levantaron ciudades y se construyeron castillos, palacios, monasterios y torres, una de las cuales, la de la iglesia de Oleviste en Tallin, con sus 159 metros, fue considerada en el siglo XV la más alta del mundo. Sus frondosos bosques y hermosos paisajes dominados por el monte Suur Munamägi –el gran huevo–, que con sus escasos 318 metros de altura es la única y mayor elevación de todos los países bálticos, han sido declarados parques nacionales. Cerca de Tallin se halla el de Lahemaa, una joya ecológica de bosques de conífera, acantilados y pantanos que se pueden recorrer a través de unas estrechas pasarelas de madera. El Báltico pone el resto de la belleza a este país. En los casi 3.800 kilómetros de costa se abren playas y calas solo interrumpidas por agrestes acantilados que por su originalidad y valor ecológico aspiran en un futuro a ser declarados Patrimonio Mundial por la Unesco.

MÁS DE 1.500 ISLAS
Diseminadas en el mar hay más de 1.500 islas e islotes. Saaremaa y Muhu, junto a Hiijumaa, son las más pobladas. Saaremaa se cree que ya estaba habitada hace más de 5.000 años. Por su situación estratégica en el Báltico estuvo sometida a conquistas e invasiones e incluso fue refugio de piratas. El castillo, un antiguo monasterio del siglo XIII reconvertido en museo, alberga un pedazo de la historia de estas islas en el que no faltan unas salas destinadas a la divulgación de la ocupación nazi y soviética. Pero lo que hace de esta isla un perfecto lugar para visitar son sus playas, sus bosques y los spas que la mayoría de hoteles han abierto en los últimos años. Las pocas elevaciones del terreno facilitan los paseos en bicicleta. Kuressaare, la capital, es un bonito y tranquilo pueblo de casas góticas y de madera en cuya plaza se encuentra el Museo de la Historia, pequeños y acogedores restaurantes y un mercadillo donde se pueden adquirir productos típicos de las islas. Muhu es una pequeña isla unida a Saaremaa por un estrecho istmo. En ella se puede visitar el pintoresco pueblecito de Koguva, una granja de avestruces, alojarse en el Padaste Manor en una mansión del siglo XIV rodeada de jardines y lagos y hoy convertido en hotel de lujo. No obstante, esta pequeña y tranquila isla encierra un tesoro de la naturaleza tan sorprendente como espectacular: los cráteres de Kaali que produjo la lluvia de meteoritos caída hace 2.000 años.

PASEO POR LA  ANTIGUA CIUDAD MEDIEVAL
La antigua ciudad medieval de Tallin, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, es visitada por miles de turistas que recorren sus empedradas calles contemplando la bella arquitectura de sus edificios y monumentos. La catedral ortodoxa Alexander Nevki se levantó durante la ocupación de la Rusia zarista en 1900. De esta época data el palacio barroco de Kadriog, construido por el zar Pedro el Grande y hoy residencia del presidente de la república estonia. La Raekoja Platz es una animada plaza medieval rodeada de edificios de colores –entre ellos el ayuntamiento–, donde todos los veranos se montan festivales de música, teatro y mercadillos medievales. Fuera de las murallas se encuentra la otra ciudad de Tallin, la moderna y cosmopolita, con rascacielos de cristal, centros comerciales y amplias avenidas. El emblema de la nueva ciudad es el Museo de Arte Contemporáneo Kumu, que acoge una muestra del arte estonio de los últimos 300 años y exposiciones temporales

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