CON MÁS DE MIL AÑOS

Con más de mil años de historia, Montpellier ha sabido conservar su rico patrimonio cultural y arquitectónico y do- tarse de las más modernas infraestruc- turas que la convierten en una ciudad me- diterránea única y seductora. Montpellier ofrece al visitante un interesante conglo- merado de estilos que abarca desde edi- ficios medievales y contemporáneos has- ta suntuosas mansiones del siglo XVII ro- deadas de frondosos jardines. Tomar un café en una de las terrazas de la plaza de la Comèdie, junto al teatro, viajar a bor- do del novedoso tranvía y recorrer el sin- gular barrio de Antigone supone un ali- ciente más para conocer la ciudad. Montpellier es una ciudad verde, con más de 400 hectáreas dedicadas a la na- turaleza. Parques naturalistas a la inglesa, parterres de estilo francés, jardines bo- tánicos, lagos y bosques invitan al paseo. A pocos kilómetros de la ciudad se pue- den visitar pueblos con encanto y descu- brir los ricos viñedos de la región.

TRANSFORMACIÓN URBANA

 En poco más de 20 años Montpellier ha dejado atrás su imagen de ciudad de pro- vincias para alcanzar la categoría de gran metrópoli europea. Toda la ciudad ofre- ce muestras fehacientes de esta modéli- ca transformación. Al final de la explana- da Charles de Gaulle se alza la imponente arquitectura del Palacio de Congresos –El Corum y Ópera Berlioz–, construido a fi- nales de los 80 por Claude Vasconi. El ba- rrio de Antigone, concebido hace poco más de 20 años por Ricardo Bofill, es uno de los lugares más visitados de Montpellier. De estilo neoclásico, no pasan desapercibidos algunos edi- ficios singulares, como la biblioteca mu- nicipal central, con sus inmensas facha- das de cristal y su audaz arquitectura, y la piscina olímpica, de líneas depuradas y transparentes. En dirección al mar desta- ca el ambicioso proyecto Odysseum, el futuro gran polo de ocio y de comercio que albergará la ultramoderna pista de pa- tinaje Végapolis y el Planetario Galilée. El patrimonio religioso de Montpellier destaca por su gran diversidad e interés arquitectónico. De la época del románico data la cripta de Nôtre Dame des Tables. Situada bajo la plaza de Jean Jaurès, en el corazón de la ciudad, alberga un deam- bulatorio, una capilla baja y unos panteo- nes. Del medievo es el Mikvé, baño ritual judío de finales del siglo XII.

Instalado en el subsuelo de una mansión, es uno de los mejor conservados de Europa. La ca- tedral de San Pedro, de estilo gótico, fue construida a finales del siglo XIV por de- seo del papa de Aviñón Urbano V. La igle- sia de Saint Mathieu, edificada por los do- minicos a principios del siglo XVII, la capilla de los Penitentes Blancos, del mismo pe- riodo, y el antiguo convento de las ursu- linas, de mediados del XVII, son tres mag- níficos ejemplos del movimiento clásico. En el neogótico despunta la iglesia de la I el abono Saint Roch (siglo XIX). Del periodo roma- no-bizantino data el templo de la calle Ma- guelone, inaugurado en 1870. Diseminadas por los alrededores de la ciudad, el visitante puede admirar la be- lleza de las mansiones campestres ins- piradas en las villas venecianas. Los cas- tillos de Flaugergues, Mogère, Mosson, Piscine, Alco, O y Engarran permanecen como símbolos de riqueza y prosperidad. Montpellier también alberga una amplia lista de museos que muestran la herencia cultural, artística, histórica, religiosa y cien- tífica de la ciudad y la región.

EL PATRIMONIO

La urbe destaca por su gran riqueza histórica y cultural

GASTRONOMÍA Y COMPRAS

La gastronomía no deja a nadie indiferen- te. Los restaurantes de Montpellier ofre- cen los productos más significativos de la tierra del Languedoc, acompañados de los mejores vinos de la región. Para los adictos a las compras, Montpellier cuenta con una re- presentación de las firmas más prestigiosas. Cada barrio, cada calle, alberga algún establecimiento especializado. Los anticuarios se ubican en la calle de la Canourgue y el barrio de Sainte Anne; las especialidades regiona- les se sitúan en Saint Guilhem, y los tras- tos viejos se pueden encontrar en la calle de l’Aiguillerie. Otra zona de interés co- mercial es el barrio de l’Ecusson. Para no olvidar Montpellier, nada mejor que llevarse algún recuerdo. Entre los sou- venirs más codiciados figuran los irresis- tibles dulces: las grisettes (pequeños ca- ramelos redondos con sabor a miel y rega- liz); el délice des trois Grâces (delicioso chocolate con especias); los almendra- dos, regalices y melcochas, y el novedo- so Clapas (exquisito chocolate –negro, con leche o blanco– con una sabrosa cre- ma de turrón y hojaldre crujiente). Sin ol- vidar el perfume –de mujer– de Montpe- llier, presentado en una bonita caja con los colores de la ciudad.

 

TEXTO ALBERTO LARRIBA

 La Oficina de Turismo de Montpellier ha crea- do el nuevo Pasaporte Descubrimiento. El abo- no contempla 13 prestaciones gratuitas y/o a precio reducido. Propuesto en tres fórmulas, el forfait combina entradas gratuitas a luga- res culturales y turísticos, como la visita guiada al centro histórico; entradas pa- ra diferentes museos (Agropolis Mu- seum, Museo de la Infantería, Museo del Languedoc y museo arqueológico Henri Prades); visitas a las mansiones de Montpellier (castillos de Flaugergues, Mogère y Engarran); y al Plane- tario Galilée. También incluye descuentos para disfrutar de una agradable velada con espectácu- lo en el teatro Lakanal, un recorrido de aventura en el bosque de las Rocas de Maguelone, así co- mo tarjeta de transporte para los desplazamien- tos por Montpellier y alrededores.