NAVARRA

SON los Sanfermines, sí, pero tam- bién muchas cosas más. Navarra es lugar pa- ra recorrer y descansar; un rincón único por su diversidad. Asentada sobre la franja ecológica de la cordillera pirenaica, esta comunidad sor- prende por la variedad de sus paisajes, la hos- pitalidad de sus gentes y su rico patrimonio cultural. Todo, en el entorno de una buena red de servicios y comunicaciones, y con el aña- dido de una excelente oferta gastronómica. Cualquier estación es adecuada para visitar Navarra. En invierno, se puede practicar el es- quí de fondo o el paseo con raquetas en Ron- cal y Salazar, o sumergirse en la fiebre de los carnavales de Lantz, Alsasua, Ituren y Zubie- ta. Para sobrellevar el frío, los paladares exi- gentes encontrarán un buen refugio en las alu- bias rojas, las carnes, los quesos y los vinos de la tierra. La primavera es ideal para recorrer tranquilamente senderos, realizar actividades acuáticas y disfrutar del salmón. El verano es sinónimo de fiestas populares y diversión sin freno, y el otoño está dominado por el color ocre, que cubre los hermosos bosques de una comunidad que se vuelca en la vendimia. En Navarra, cultura y naturaleza se funden, de forma que es imposible entender una cosa sin la otra. En los Pirineos, el viajero conocerá parajes inolvidables como el valle de Belagua, de origen glaciar; el extenso macizo de la re- serva natural de Larra y la selva de Irati, el ha- yedo-abetal más extenso de Europa. La co- legiata de Orreaga y Roncesvalles, las cuevas de Zugarramurdi, el santuario de San Miguel de Aralar o los hórreos del valle de Aezkoa muestran la perfecta convivencia de cultura y naturaleza en una zona antaño recorrida por guerreros, pastores, peregrinos y monarcas.

CONTACTO CON LA HISTORIA

Los Sanfermines y el Camino de Santiago son dos reclamos turísticos que se dan la mano en el casco antiguo de Pamplona, población que invita al callejeo y al contacto con la historia. La catedral de Santa María, la Cámara de Comptos y las iglesias de San Nicolás y San Lorenzo son algunos de los monumentos más destacados de una ciudad que hace menos de un siglo apenas alcanzaba los 30.000 ha- bitantes. En las terrazas de los bares y cafés de la renovada plaza del Castillo se contempla a las gentes que vienen y van, que hablan, vi- ven la ciudad. Desde la plaza se ven el Teatro Gayarre, el Palacio de Navarra, el monumento a los Fueros y el paseo de Sarasate, cerrado por el Parlamento de Navarra.

 Cerca se encuentra el Palacio de Congresos y Auditorio Baluarte, inaugurado en el 2003. En la cercana localidad de Alzuza, merece la pe- na la visita al Museo Jorge Oteiza, dedicado a la obra del genial escultor. Recorrida de este a oeste por el Camino de Santiago, la Zona Media es pura historia. For- talezas, castillos y palacios son parte del pai- saje habitual de esta bella región. Olite es co- nocida por su Palacio Real, sede de la corte navarra de estilo gótico tardío francés, las igle- sias de San Pedro y Santa María, el Parador Nacional y el Museo del Vino. Muy cerca, se encuentran también Ujué y Artajona, ejemplo de villas fronterizas y defensivas.

LUGARES INELUDIBLES

 El Camino de Santiago que procede del Piri- neo oscense llega a Sangüesa, con la hermo- sa portada románica de Santa María la Real, la iglesia gótica de San Salvador y los palacios del Príncipe de Viana y Vallesantoro. Y allá, en lo alto, el monasterio de Leyre, cenobio be- nedictino que sorprende por los robustos ca- piteles de su cripta románica. Muy cerca se en- cuentra el castillo de Javier, que data del siglo X y fue la cuna de San Francisco Javier, misio- nero infatigable y patrón de Navarra. La apa- riencia del castillo brilla de nuevo tras las refor- mas realizadas con motivo del quinto centenario del santo que se celebrará en el 2006. Esta ruta jacobea converge con la que pro- cede de Pamplona en Puente la Reina, villa ar- ticulada por la Rúa de los Peregrinos y su puen- te románico. Muy cerca, la pequeña iglesia octogonal de Eunate, solitaria, misteriosa.

Más adelante está Estella, ciudad histórica, hermo- sa, con el claustro de San Pedro de la Rúa, las portadas de San Miguel y el Santo Sepulcro, palacios, casas blasonadas, la plaza de los Fueros y el Museo Gustavo de Maeztu. La Ribera es alegre, abierta, un territorio de llanuras con una tradición hortícola que viene de los árabes, con sotos poblados de álamos, sauces y chopos. Tudela, su capital, conserva detalles de su fundación árabe en el siglo IX y la comunidad judía de poetas, filósofos y via- jeros. La joya del patrimonio monumental de Tudela es su catedral, erigida sobre una anti- gua mezquita, con su edificio central, de esti- lo protogótico. Visitas obligadas son también el monasterio de La Oliva, una de las mejores muestras del arte cisterciense en Europa, que data del año 1134; los monasterios de Fitero y Tulebras, la localidad de Corella, con sus pa- lacios barrocos y renacentistas o la sugeren- te Vía Verde del Tarazonica. Las Bardenas Rea- les son paisaje árido, de apariencia lunar, con barrancos y cerros. Es la otra cara de la Nava- rra verde, el otro extremo de la región. jueves 24 de noviembre del 2005

TEXTO DANIEL R. CARUNCHO