CUÁNTOS HABRÁN ACABADO el viaje corriendo en busca de una maleta donde embutir todo aquello que les engatusó desde detrás de algún escaparate. Eso explica que, quien viaja a Nueva York, siempre regrese con bultos de más. Las compras quizás no sean el motivo principal por el que se atraviesa el océano. Antes está la magia de Broadway, las grandes avenidas custodiadas por rascacielos o el recorrido en ferry ante la gran mujer de la antorcha. Pero una vez que uno se instala en la ciudad más grande de los Estados Unidos, unas horas de shopping caen seguro.

Al otro lado del charco
La agencia de viaje a través de internet Vamosdeviaje.com propone el paquete Shopping Week en Manhattan, consistente en 6 días y 4 noches en Nueva York. La oferta, válida del 4 al 11 de diciembre, incluye el vuelo desde Madrid o Barcelona, el alojamiento en habitación doble y hotel de primera categoría, así como la visita al alto y bajo Manhattan. De esta forma, el viajero podrá disfrutar de intensas sesiones de compras, además de aprehender el dinamismo y la cultura de esta ciudad. Todo por un precio a partir de 1.735 euros, tasas incluidas. Además, todas las personas que contraten este paquete recibirán como regalo un libro y un cuaderno de viaje, para dejar constancia de la experiencia

Será por contagio de esa costumbre americana de pasar las tardes entre probadores o será la amplísima oferta. Porque el primer producto que venga a la mente, lo que se dice cualquiera, está en algún comercio de la ciudad. Y si no está, no existe. Las Navidades son de las mejores temporadas para ir de compras. También se encuentran buenas rebajas durante los fines de semana. Y como los domingos abren la mayoría de las tiendas, no hay descanso. Uno de los establecimientos de ropa y complementos más famosas es Century 21, en la zona del World Trade Center. Vale la pena ir a primera hora de la mañana pues, a medida que el día avanza, este desorganizado lugar más se parece a un mercadillo. Es cuestión de suerte: llegar y encontrar el modelo apropiado. Si además tienen tu número, te tocó el gordo. Otros comercios igual de famosos son Syms o Daffy’s. También Macy’s o Bloomingdales, algo más caros, aunque con buenas ofertas, especialmente si se consigue previamente algún cupón de descuento. Para adquirir cualquier tipo de ingenio electrónico, desde un ordenador portátil al último modelo de cámara digital, dos buenas opciones son J&R y B&H. Ambos tienen buenos precios y saben lo que venden. Aun así, hay que vigilar que los productos tengan garantía internacional –o, al menos, en nuestro país de origen– y probarlos antes de regresar. Igualmente hay que tener cuidado con los mail rebates. Es dinero que, al comprar un producto, la compañía se compromete a devolver a través de un cheque. Un argumento más que usan las empresas para mejorar su oferta, pero que el turista no podrá aprovechar a menos que tenga una mano amiga en Nueva York que pueda cobrar el cheque por él.

PROCURARSE CULTURA
Para adquirir libros, nada mejor que perderse por la increíble selección de las tiendas Barnes & Noble, que permiten al cliente sentarse allí mismo a hojear algunas páginas. Otra curiosa tienda es Strand Books, con doble sección –libros nuevos y usados– y la posibilidad de comprar publicaciones no por título, sino por longitud, con el objetivo de decorar espacios interiores o elaborar escenarios cinematográficos. Como en cualquier otra gran ciudad, en Nueva York también existen zonas especializadas en determinados artículos. Por ejemplo, la avenida de West Broadway, en SoHo, donde los artistas venden sus creaciones en puestos callejeros. O la calle 47, entre las avenidas Quinta y Sexta, conocida como el distrito de los diamantes, donde se encuentra desde una cadena de planta hasta grandes piedras preciosas. Si la cartera se resiente, en China Town se puede encontrar de todo a unos precios risibles y, eso sí, con una calidad cuestionable. Y si las imitaciones no son de nuestro agrado, cerca de Nueva York están los outlets Woodbury Common y Jersey Gardens, grandes superficies con productos de marca de temporadas anteriores y precios muy rebajados. Al final, es la razón la única que puede poner un poco de sensatez a la dinámica consumista que transmite Nueva York. Que, pensándolo bien, a ver quién carga con todo luego.

TEXTO DARÍO REINA