TahitiDurante el 2009 el orbe celeste se debe haber sentido más observado e importante que nunca, debido a la celebración del Año Internacional de la Astronomía. Los aficionados a la contemplación estelar han podido disfrutar de un gran número de encuentros, actividades y seminarios que, en torno a este tema, se han organizado por todo el mundo. Pero todavía hay propuestas que seguro ni se les habían pasado por la cabeza.

Una de ellas sería tomar un avión y marchar hasta el lugar más remoto del Pacífico, un atolón de Tahití y sus islas. Allí, llegada la noche, el cielo se manifiesta tal y como es, con toda su inmensidad. Alejado de cualquier interferencia lumínica o elemento contaminante, el viajero puede sentirse casi en un mundo extraño, desconocido.

Manihi es conocida como la isla de las perlas en honor a la perla negra de Tahití y la industria perlera que se desarrolló allí. Es un atolón donde sentirse alejado del resto del mundo y disfrutar de los placeres cercanos, como una buena compañía, un paseo por la playa o una exótica gastronomía a base de pescado fresco y marisco.

El único hotel de lujo de Manihi, el Manihi Pearl Beach Resort, de cinco estrellas, pertenece a la cadena local –la que mejor transmite la idiosincrasia de las islas, su arte y espíritu–, y cada miércoles organiza salidas gratuitas para ver las estrellas del hemisferio sur, comentadas por la experta Céline Kiihapaa. Durante una hora, Céline ayuda a desentrañar los secretos del firmamento y encontrar estrellas de evocadores nombres como Cruz del Sur, Vega, Castor, Pollux… Esta relajante experiencia tiene lugar en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Manihi, que no tiene actividad nocturna, por lo que se convierte en el mejor punto de observación.