Texto. XAVI DATZIRA / ALBERTO GONZÁLEZ

GERS-GASCUÑA

La tierra que promueve el turismo ‘slow’

De la mano de D’Artagnan

El Gers es una tierra de aventura y de historia marcada por los cadetes de Gascuña. El más famoso, D’Artagnan, encarna la riqueza histórica y el espíritu del Gers: a la vez valiente, generoso, elocuente y siempre buen vividor. Desde aquí parte a la conquista de castillos, abadías, pueblos con encanto típicos y floridos. El departamento francés cuenta también con algunos de los pueblos más bellos de Francia (Montréal-du-Gers, Larressingle, Fourcès, Sarrant y Lavardens), y tres Grandes Parajes de Occitania (Auch, Armagnac-Abbaye-Cités y Marciac).

Gérard Vilminot

Asimismo, el Gers es sinónimo de equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Aquí, el amor de la tierra, de los pequeños valles fértiles y del entorno preservado es omnipresente. Los paisajes con sus colinas y campos cultivados evocan la Toscana.

El desarrollo sostenible y la ecorresponsabilidad son señas de identidad propias del Gers, que cultiva el arte del buen vivir, la convivencia, y promueve el consumo de los productos locales y tradicionales, sin olvidar el savoir faire de los productores gascones.

Pero eso no es todo. El Gers es un paraíso para los amantes del senderismo y el turismo familiar con más de 3.500 kilómetros de senderos (entre los que se encuentran los caminos de Santiago de Compostela). También los aficionados al cicloturismo disponen de 1.200 kilómetros de recorridos a través de las pequeñas carreteras del departamento. Y aún existe otra manera de descubrir esta tierra: recorrer los 24 kilómetros de vías navegables del río Baïse en un barco de recreo.

TRADICIONES. Los gascones cultivan el arte del buen vivir y del buen comer. Su pasión por la cocina es ancestral. Los colores y aromas de sus famosos alcoholes (Armagnac, Floc de Gascogne) y numerosos vinos (Côtes de Gascogne, Madiran, Pacherenc du Vic-Bilh, Saint-Mont); las fragancias frescas de sus frutas y verduras de temporada; y el sabor de sus carnes de calidad (pato, oca, pollo, cerdo…) conforman una propuesta gastronómica incomparable para degustarlos en mercados, restaurantes, granjas, bodegas o en casa con unos amigos.

Carossio Michel

Por otro lado, el Gers fomenta el intercambio: hay tiempo para hablar, para encontrarse en las plazas de los mercados, en el corazón de pueblos típicos y durante los numerosos eventos locales. El sentido de compartir y el gusto por la fiesta se expresan en toda ocasión (juegos tradicionales, corridas, corridas landesas…). Los grandes festivales animan la región cada año (Jazz in Marciac, bandas en Condom, astronomía en Fleurance, artes del circo en Auch, músicas latinas en Vic-Fezensac, música clásica en Armagnac, carreras de automóviles en Nogaro, fotografia en Lectoure). El Gers vive todo el año en una explosión de música, alegría y emociones en busca de la felicidad.

VISITAS Y EVENTOS. Una catedral declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, una escalera monumental con 370 escalones presididas por la estatua de D’Artagnan, estrechas callejuelas medievales, son algunos de los tesoros de Auch, capital de Gascuña, que se distingue por su programación cultural, sus tiendas, restaurantes y terrazas de cafés.

No menos interesante resulta la visita a la abadía de Flaran, que alberga la exposición que el coleccionista Michaël Simonow puso a disposición del monasterio. La muestra comprende obras de arte que abarcan desde el siglo XVI al XX realizadas por artistas de la talla de Renoir, Cézanne, Braque, Picasso, Dalí, entre otros. La visita incluye un paseo por el jardín medieval y sus macizos de plantas aromáticas.

La música tiene un gran protagonismo en Gers. El departamento francés organiza en Marciac uno de los festivales de jazz más importantes de Europa (del 28 de julio al 15 de agosto). En medio de campos de girasoles y viñas, el evento atrae cada año a unos 250.000 espectadores para disfrutar de grandes estrellas del género. Jazz in Marciac (www.jazzimarciac.com) cuenta con una gran variedad de actividades, conciertos gratuitos, animaciones infantiles, mercados y exposiciones.

Otro acontecimiento de gran repercusión es el festival Tempo Latino (del 26 al 29 de julio), en Vic-Fezensac, que este año celebra su 25ª edición. Referencias musicales del mundo latino y afrocubano han compartido su talento y su pasión con el público en una cita que defiende el mestizaje del ritmo, del sonido y de la voz. Tempo Latino (tempo-latino.com) congrega cada año más de 55.000 personas.

Y en otoño se celebra la Flamme de l’Armagnac (Llama del Armagnac), fiesta dedicada al encendido de los alambiques. El evento se nutre de cenas festivas al pie del alambique, paseos por el viñedo, mercados de productores, entre otras propuestas.

Para exprimir la belleza de este paisaje de colinas cubiertas de vid, girasoles y casas de piedras blancas, el visitante puede recorrer la zona en una bicicleta eléctrica, lo que le permitirá ahorrar esfuerzos y disfrutar del paseo. Por el camino, es aconsejable detenerse en un viñedo –Madiran, Saint-Mont, Côtes de Gascogne– para compartir la pasión de los viticultores locales y descubrir los secretos de fabricación de sus famosos productos. Es el momento de saborear los deliciosos vinos Côtes de Gascogne, tomar un aperitivo o degustar el aguardiente más viejo de Francia: el armañac.

HAUTE-GARONNE

La oferta turística integra naturaleza, deporte, cultura y ocio 

Paisajes y patrimonio

Ubicado en la frontera española, el Haute-Garonne es el vecino de la Vall d’Aran. Atravesado por el río Garona, esta provincia propone al viajero una gran variedad de paisajes que van desde las amplias llanuras de Lauragais a las majestuosas montañas de los Pirineos, pasando por las onduladas colinas de Comminges. El departamento atesora un reconocido  patrimonio histórico y arquitectónico en el que hay que destacar la ciudad rosa de Toulouse, con su animada vida social y cultural pero, sobre todo, una grata sorpresa para los apasionados de la arquitectura renacentista, que no dejarán de admirar su inmensa cantidad y calidad de sus palacetes. Haute-Garonne también es la tierra de edificios religiosos sorprendentes: basílica de Toulouse, catedral de Saint-Bertrand-de-Comminges, o la basílica Saint-Just de Valcabrère.

IMPRESCINDIBLES. Toulouse es muchas ciudades en una: la capital del rugbi (l’OvalieNT), la capital europea (e incluso mundial) de la aeronáutica y del espacio, la capital del Haute-Garonne. Todas ellas sorprenderán gratamente al viajero.

Toulouse, en el corazón de la región de Occitania, ha hecho suyo un arte de vivir donde se mezclan los placeres de la mesa, el sentido de la fiesta y de la acogida, una intensa vida cultural y la puesta en valor de su patrimonio. El viajero hallará grandes monumentos y lugares emblemáticos: basílica de Saint-Sernin; el convento de los Jacobinos, con sus columnas que terminan en forma de palmera; los muelles del Garona, donde es recomendable pasear bajo una luz que evoca Italia o España; museos importantes: el de los Agustinos, Cité de l’Espace (conquista del espacio), Aeroscopia (aviación), Les Abbatoirs (museo de arte contemporáneo), Muséum (historia natural), Saint-Raymond (arqueología e historia antigua), entre otras interesantes propuestas.

Patrick Batard

Otro imprescindible del departamento es el canal de Midi (1681) prodigio técnico y arquitectónico concebido bajo el reinado de Luis XIV (clasificado en el Patrimonio Mundial de la Unesco) que une Toulouse con el Mediterráneo. Para su construcción, las fuentes de la Montagne Noire fueron captadas y desviadas hacia el lago de Saint-Ferréol, que da vida al canal y conforma un paraíso para los aficionados a los deportes acuáticos. El Haute-Garonne alberga 14 esclusas de las 64 que hay en el recorrido hasta Sète, así como puentes y esclusas imposibles, sin olvidar los 40 kilómetros de pistas señalizadas que se pueden hacer en bicicleta. Desde Burdeos, el Canal de los dos mares constituye otro recomendable itinerario para bicicleta, que se reúne en Toulouse al canal de Midi, uniendo el océano con el Mediterráneo.

De entre los mejores atractivos de la zona, cabe destacar también el castillo de Laréole, situado a 40 kilómetros al noroeste de Toulouse. Su particular construcción se inició en 1579 alternando ladrillos y piedras en una asombrosa policromía. El cuerpo central es un ejemplo de la vanguardia arquitectónica de la época y fruto del gusto por el lujo de su propietario, un exitoso mercader. Desde el 2006 el piso noble acoge exposiciones de arte contemporáneo.

Esta joya del renacimiento está enmarcado por cuatro torres y un amplio foso y posee en su interior una chimenea monumental y una escalera de honor. Clasificado como monumento histórico, es propiedad del Consejo Departamental del Haute-Garonne, que lo ha renovado totalmente. El castillo acoge, en verano, espectáculos gratuitos.

ACTIVIDADES. Tras el éxito en 2017 de su vigésima edición, el 31 Notes d’été, festival pluridisciplinar y gratuito del consejo departamental, regresa en 2018. En julio y agosto, una cincuentena de espectáculos se alternan en una treintena de ciudades y lugares emblemáticos como el castillo de Laréole, Saint-Bertrand-de-Comminges o el museo-fórum del Aurignacien.

En el corazón de los viñedos del Fronton

Implantados por los romanos, los viñedos de la zona pasaron, en el siglo XII, a manos de los Caballeros de la Orden de Saint-Jean de Jerusalén, quienes le añadieron su peculiar personalidad al utilizar una cepa que trajeron de Oriente y a la que se dio el nombre de négrette. Hoy es una cepa dominante en los vinos de la región, secundada por el trío syrah, cabernet-franc y cabernet-sauvignon. Los tintos resultantes ofrecen un vasto abanico de aromas de pequeños frutos rojos y notas de especias. Los rosados típicos  se caracterizan por ser muy aromáticos.

Para vivir una experiencia singular en estos viñedos, el departamento potencia la oferta turística y se puede alquilar una casa de vacaciones acondicionada en un antiguo granero del siglo XIX,  que ofrece una estancia en el campo, rodeada por las viñas, que se beneficia de la proximidad a las ciudades de Toulouse y Montauban. Totalmente amueblada y equipada para 4 personas, tiene piscina.

El fin de semana, desde el viernes por la noche hasta el domingo por la noche, tiene un precio de 170 euros. De lunes a viernes cuesta 300 euros y 8 días/7 noches desde 380 euros.

Desde este singular alojamiento se divisa la línea de cerros que unen   Toulouse y Montauban, los  pueblecitos de ladrillo rosa y un ambiente mediterráneo, con sol y viento de Autan.

Tarn-et-Garonne

La visita a Tarn-et-Garonne se tiene que tomar con calma. Ese mismo ritmo lento con el que los sabios habitantes de sus pueblecitos han aprendido a vivir es el que conduce al viajero a través de sus laderas y valles, sus campos y viñedos, sus lagos y ríos. Sin prisa es como se disfrutan los pequeños mercados semanales y como se aprecian las recetas tradicionales que se sirven en sus mesas. La vida aquí se consume a pequeños sorbos. Y así se disfruta el doble.

  1. Entre valles y gargantas

Descubrimiento de castillos y pueblos medievales

La bici ruta que conecta Montauban y Laguépie –85 kilómetros de distancia– transita por carreteras poco frecuentadas, que siguen las gargantas del Aveyron. Es un tramo adorado por muchos ciclistas, que pueden alternar la práctica deportiva con algunas visitas, como por ejemplo Montricoux, pueblo de estilo medieval cuyo castillo incluye un museo dedicado a Marcel Lenoir, reconocido pintor del siglo XX.

Después está Bruniquel, considerado como uno los municipios más bellos de Francia, cuyo casco antiguo, sus centenarias casas de piedra, sus mansiones de exquisita decoración y calles medievales prácticamente permiten viajar al ayer. Destaca su castillo, que fue dividido en dos por un enorme muro, haciendo que cada una de las edificaciones evolucionara sin mirar a la otra.

El pueblo encaramado de Saint-Antonin-Noble-Val es la última parada obligada antes de llegar a Laguépie.

  1. Caminos de Santiago

Conmemoración histórica en la abadía de Moissac

En 1998 la Unesco incluyó los Caminos de Santiago de Compostela franceses en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Este año se celebra, por lo tanto, el 20º aniversario de esta denominación. Con esta excusa se han preparado una serie de eventos conmemorativos en Moissac, a medio camino entre Le Puy-en-Velay y Saint-Jean-Pied-de-Port. Allí se encuentra la abadía de Saint Pierre, datada del siglo XII, que ofrece a los peregrinos un momento de pausa y contemplación.

Dominique Viet

De este monumento destaca su claustro, compuesto por cuatro galerías cuyas arcadas recaen sobre 116 columnas de mármol, con capiteles esculpidos con temas del Génesis, de la infancia de Cristo y otras escenas bíblicas, además de otros motivos animales y vegetales. Asimismo, vale la pena detenerse a observar el tímpano sur, que ilustra la visión de San Juan del Apocalipsis en una profusión de detalles expresivos.

  1. Vías verdes

Ruta en bicicleta a través del Canal de los dos mares

Enlazar el océano Atlántico con el mar Mediterráneo en bicicleta es posible gracias al Canal de los dos mares. Un recorrido de más de 700 kilómetros de bellísimos paisajes que toman prestado caminos de sirga del canal del Garona, del canal de Midi y el del Robine.

El recorrido –se puede hacer entero o solo algunas etapas– se compone de vías verdes y senderos reservados exclusivamente para el tráfico suave, por lo que es perfectamente adecuado para todo tipo de usuarios, desde los ciclistas avanzados a las familias con niños.

Joël Damase

A medio camino se encuentra una parada del todo ineludible: Montauban. Con casi nueve siglos de historia, la ciudad de ladrillos rosas sorprende al visitante por la espléndida plaza Nationale, sus preciosos soportales, las viejas calles peatonales y los hotels particuliers, que conservan elementos originales de la arquitectura medieval.5

  1. Rutas por los viñedos

Fiestas en abadías y explotaciones vinícolas

Con el buen tiempo proliferan las fiestas en muchos pueblos y ciudades de Tarn-et-Garonne. Del 17 al 19 de agosto, por ejemplo, se celebra Sabores y olores, la fiesta de los vinos de Fronton, donde se pueden degustar algunos de estos caldos, al tiempo que se escucha la música, se realizan talleres o se asiste a espectáculos de animación.

En septiembre, dos celebraciones coinciden en el tiempo: los días 15 y 16 de ese mes llegan las fiestas medievales de Belleperche –cuyo epicentro se encuentra en la abadía de dicha población, fundada a orillas del Garona en 1143– y una gran fiesta en torno a la uva chasselas en Moissac. Pero no hace falta esperar a estas fiestas para entrar en contacto con la riqueza vitivinícola del departamento (seis DO: Fronton, Coteaux du Quercy, Saint-Sardos, Brulhois, Coteaux et Terrasses de Montauban y Lavilledieu).

Tarn

Una esencia medieval aún intacta

De Albi a sus decenas de villas fortificadas, el departamento occitano reta al visitante a un interesante viaje a tiempos pasados

Al entrar en el departamento de Tarn sucede un extraño fenómeno: el visitante tiene la sensación de haber entrado en la máquina del tiempo y viajado hasta la época medieval. Quizás sea por la majestuosidad del recinto episcopal de Albi, la ciudad roja. O por su sucesión de bastidas, pueblos fortificados que mantienen el encanto de los viejos tiempos. O por un paisaje dominado aún por los viñedos, en una muestra de la relación de amistad que mantienen los habitantes de la zona con su suave y provechosa naturaleza. En todo caso, un recorrido por este territorio del suroeste francés permite desconectar del estrés del siglo XXI y disfrutar de la vida como mandan los viejos cánones.

Christophe Bouthe

Para ello, la primera parada debe ser, sin duda, Albi y su Cité Episcopale, designada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Su historia está fuertemente ligada a la espiritualidad, ya que acogió primero al obispado cátaro y luego al católico. En 1270, el obispo de Albi, Bernard de Castanet, se convirtió también en Señor de la Ciudad y Viceinquisidor de Francia, quien encargó su construcción. Algo que marcaría para siempre a la ciudad, no solo en su esencia, sino también en su color: el rojo.

CONJUNTO DE IMPRESIÓN. La ciudad episcopal de Albi reúne tres joyas: la catedral de Santa Cecilia, el palacio de la Berbie (actual museo Toulouse-Lautrec) y el Puente Viejo. Todos construidos con ladrillos hechos con la arcilla que se extraía del río Tarn y otorgaba ese tono rojizo tan característico. En el caso de la catedral, se tardó dos siglos en construirla y presenta una dicotomía digna de admirar. Por fuera se muestra sobria, con alma de castillo fortificado. Por dentro, es rica en elementos decorativos de distintos estilos. De todos ellos destacan las pinturas renacentistas de la bóveda, que se suman al resto de frescos para hacer de Santa Cecilia la mayor catedral pintada de Europa.

A su lado se encuentra el palacio de la Berbie, antigua residencia de los obispos, que actualmente acoge el museo de Toulouse-Lautrec, hijo ilustre de la ciudad y uno de los pintores y cartelistas que mejor supieron captar las luces y sombras de la Belle Époque parisina de finales del siglo XIX. El conjunto queda reforzado por el Puente Viejo, levantado en el año 1040 y uno de los más antiguos de toda Francia en funcionamiento.

Y a parte de visitar estos grandes gigantes arquitectónicos, aún queda perderse por sus callejuelas y por las riberas del Tarn, para comprobar como ese rojo tan característico va variando de tonalidad desde el amanecer hasta el crepúsculo.

L. Frezouls

VILLAS MEDIEVALES. El visitante se puede alejar de Albi, pero no de la esencia medieval que impregna todo el Tarn. De hecho, aumenta a medida que se van cruzando por el camino las bastidas, ciudades fortificadas construidas durante la época de las cruzadas y que tenían un marcado carácter defensivo. Ahora, sin embargo, los aires bélicos han desaparecido por completo y este tipo de villas se han convertido en un lugar turístico imprescindible. De hecho, una de ellas, Cordes-sur-Ciel, fue escogida por los franceses como su pueblo preferido en el 2014. No es de extrañar al observar sus murallas, sus suntuosos palacios góticos, sus misterios escondidos y calles con nombres tan evocadores como Caliente, Del Paraíso, Oscura, Jardín Real…

Construida el mismo año, la bastida de Castenau de Montmiral conserva de sus primeros tiempos algunos contrafuertes y la puerta de los Garrics (robles, en occitano). En su interior, destaca la plaza con sus arcadas, su pozo, la antigua picota y las magnificas casas que la rodean, construidas en los siglos XVI y XVII. La iglesia parroquial también merece una visita, especialmente por el tesoro que esconde su sacristía: la cruz relicario de los condes de Armagnac, embellecida por 450 piedras preciosas.

El camino sigue por carreteras secundarias a bordo, por ejemplo, de uno de los míticos Citroen 2CV que restaura y alquila Dominique Barba (www.la-vadrouille-albigeoise.fr). Una buena manera para avanzar sin prisas y descubrir nuevas bastidas, como Andillac, Brassac, Castres, Lautrec, Labastide-de-Levis, Penne, Rabastens… Y, por supuesto, los viñedos que crecen alrededor de Gaillac, uno de los más antiguos de Francia y que cuentan con cerca de 3.000 hectáreas de superficie.

De allí surgen las uvas para elaborar los vinos de la DOP Gaillac, de carácter vivo, fresco y seductor, con gran presencia de frutas y especias. Destacan sobre todo sus vinos jóvenes. Para probarlos, no hay nada como detenerse en las bodegas que salen al paso o bien esperar a la temporada estival para asistir a los famosos aperitivos-concierto en los jardines de la abadía Saint-Michel de Gaillac. Música y buen vino, qué más se puede pedir.