ES UN RECORRIDO que, si uno pudiera permitírselo, debería hacer, al menos, una vez en la vida. El Orient Express nació en 1883 desde el lujo y para el lujo. Su ruta más famosa fue la que unía Londres y Estambul, y que pasaba por París, Venecia y Budapest. Un recorrido que inspiró a muchos artistas, como los escritores Graham Green o Agatha Christie, cuyo trabajo, sumado al del celuloide, acabaron por grabar el nombre de esta ruta en la mente de toda una generación. El Orient Express alcanzó su máxima fama y desarrollo en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando los personajes pudientes de todo el mundo se pirraban por montar en el que se bautizó como el rey de los trenes y el tren de los reyes. Los mismos vagones de aquel periodo son los que se utilizan hoy día, tras someterse a una minuciosa restauración fiel al original estilo art nouveau, para seguir ofreciendo glamur y confort a través de algunos de los paisajes mas bellos de Europa. Uno de esos trenes es el Royal Scotsman, que parte de la estación de ferrocarriles Waverley de Edimburgo y permite al viajero adentrarse en la majestuosidad de las tierras altas escocesas, mientras serpentea a través de campos agrestes y tramos de costa virgen. Sentado en el coche observatorio, con una copa en la mano, el huésped puede llegar a divisar un magnífico venado en lo alto de un peñasco cubierto de brezos o atisbar una marta en busca de cobijo. La misma sensación de acceso privilegiado embarga cuando el tren se detiene en castillos, destilerías o pueblos con encanto. Entonces el viajero se apea, para disfrutar de una excursión de la mano de algún residente local. Mejor guía imposible.

HOMENAJE CULINARIO

El restaurante del Royal Scotsman disfruta de una justa fama como una de las experiencias gastronómicas de lujo de mayor calidad de la Gran Bretaña. Y no solo en movimiento. Aquí, el fruto de los famosos recursos naturales de Escocia, como el salmón, el marisco, la caza o la ternera Angus de Aberdeen, esperan ser saboreados en un menú que refleja las estaciones, acompañado de una selección de los mejores vinos y espumosos. El día comienza con un completo desayuno típico escocés, o bien un almuerzo continental, en la habitación o en la cabina restaurante. Y cuando el cielo se tiñe de rosas y el día está a punto de morir, se alternan cenas formales e informales. En las primeras, los caballeros visten de esmóquin o kilt (falda escocesa), y ellas con traje de cóctel o similar. En cuanto a las cenas informales, la chaqueta con corbata es norma para los hombres. Tras la cena los huéspedes disfrutan de los cuentos y las leyendas que reviven la historia de Escocia, relatadas por boca de algún miembro de un clan local, mientras se disfruta de un buen whisky. Son pocos los elegidos. Y es que una experiencia de este tipo, en la que dos noches alcanzan los casi 2.500 euros por viajero, no están al alcance de cualquiera. Pero es que esa es la filosofía misma de la firma Orient Express: elitismo para los que lo pueden pagar. Concretamente, en cada viaje, 36 personas. Los vagones dormitorio cuentan con 16 cabinas dobles, y también hay 4 individuales, ricamente decoradas en madera. Un área íntima y confortable con su propio baño con ducha, lavabo y retrete, agua caliente en todo momento, artículos de tocador de primera calidad… Cada cama está equipada con una almohada de plumas y otra de espuma, edredón nórdico de plumas y edredón acolchado de algodón. Como para despertar tal cual caímos. ¿Demasiado lejos de nuestras posibilidades? Quizás una luna de miel, un aniversario de bodas o un compromiso matrimonial podrían ser la excusa perfecta para darnos el gustazo, y entrar a formar parte de este pedacito de historia.