JERNIGAN CENTRÓ SU ECONOMÍA

en el algodón hasta que un huracán devastó toda la zona, momento en el que decidió pasarse a los cítricos. Y no le fue nada mal. Con los años, vieron que el nombre no les convencía, así que dejaron atrás el ya pasado de moda primer habitante de la ciudad, Aaron Jernigan, y lo sustituyeron por el nombre de un solda- do muerto por una flecha india en el parque de Lake Eola, Orlando Reeves. Aunque los cí- tricos continúan presentes en su cultura, la capital de Florida se ha convertido en la ciu- dad del ocio y las compras. Un paraíso para los casi 50 millones de visitantes que cada año se desplazan al apéndice derecho de Es- tados Unidos en busca de diversión y con ga- nas de renovar por completo su vestuario. Las principales tiendas y firmas que mar- can la moda en los cinco continentes hacen cola en Orlando. Cartier, Louis Vuitton, Juicy Couture, Bloomingdale\’s, Macy\’s, Chanel o Gucci son las reinas en este centro comercial hecho ciudad. Los últimos modelos de las me- jores marcas se sitúan altivos al lado de las tiendas outlet, como Orlando Premium Ou- tlets o el Lake Buena Vista Factory Stores, donde los amantes de las rebajas, que llegan hasta el 60%, pueden disfrutar de ellas los 365 días del año. Ir de compras por Orlando puede ser un placer para los que dispongan de tiempo, ga- nas y dinero, pero también puede resultar un tanto agotador, sobre todo si se pretende re- correr hasta la última tienda, ya que el esce- nario de este parque temático del shopping se extiende por 4,6 millones de metros cua- drados.

Una opción para encontrar de todo y rápido son los centros comerciales. La ciu- dad reúne hasta nueve, todos ellos de cate- goría mundial. Algunos de los más conocidos son el The Mall at Millenia o el The Florida Mall. Todos aquellos que busquen huir de las mo- das y las últimas tendencias tienen la opción de introducirse en el mundo de las antigüe- dades, recorriendo las zonas de Sanford y Mount Dora, en el norte y el oeste de la ciu- dad, respectivamente. Y entre antigüedades y ropa de diseño, algo que nunca pasa de mo- da: las frutas y los vegetales de la región, dis- tribuidos por más de 2.500 vendedores al por mayor en los diferentes mercados de gran- jeros, como el Osceola Flea&Farmers Market. De noche, la moda y las compras pasan el relevo a la música en directo, la buena co- mida y las salas de baile. Orange Avenue, Church Street, Magnolia Street, Central Bou- levard y Pine Street se llenan de todos los compradores diurnos con ganas de seguir a la última, también por la noche.

Más de 20 restaurantes en un área de un kilómetro y medio, la mayoría con música en vivo, hacen difícil la elección del lugar. Los que quieran asegurarse el éxito de la velada pue- den visitar el Jimmy Buffett\’s Margaritaville, un bar restaurante que rinde homenaje a este co- nocido cantante y compositor y ofrece a sus clientes la degustación de sus famosas mar- garitas especiales con la banda de Jimmy Buf- fett de fondo. Para probar un poco de cultu- ra continental, un buen lugar es el restaurante Latin Quarter: un viaje por América Latina a través de su gastronomía, saltando de un pa- ís a otro con solo cambiar de plato. Y así has- ta 21 naciones americanas diferentes. Con el estómago lleno ya se puede afron- tar en condiciones la vida nocturna de la ciu- dad. En Church Street, por ejemplo, el local de moda son tres en uno. En la primera plan- ta se ubica Chillers, famoso por sus bebidas heladas.

En el segundo piso, el Big Belly Bre- wery ofrece barriles enteros de maní a los amantes de esta bebida de origen surameri- cano. Y en la azotea, el bar Latitudes mez- cla la música reggae con unas vistas increí- bles de la ciudad. La música de los clubs de baile con pinchadiscos, como el One-Eyed Jack, el Slingapours o el glamouroso Room 3 Nine, se mezcla con la música de locales contiguos como el The Social, donde bandas locales tocan música en vivo al aire libre.