OSLO ES LA CIUDAD perfecta para uti- lizar la definición de marco incomparable. La capital de Noruega se levanta en ple- no corazón de Escandinavia, rodeada por el fiordo que lleva su mismo nombre, por colinas arboladas y espacios vírgenes que ponen de manifiesto la pequeñez del ser humano ante la inmensidad de la natura- leza. Pero en este viaje también hay es- pacio para la vida urbana y social. Es pre- cisamente este equilibrio el que explica el creciente interés de viajeros de todo el mundo por conocer Oslo, antiguo hogar de vikingos y sede del mítico trampolín de Holmenkollen, construido para albergar las pruebas de saltos de esquí en los Jue- gos de invierno de 1952 y actual mirador donde contemplar la ciudad y el puerto a vista de saltador olímpico. Por otra parte, es en el centro de la ciu- dad donde se concentra la mayor parte de la oferta cultural. Una de las mejores opciones para disfrutarla con calma es adquirir en las oficinas de turismo el Oslo Pass, un pase que permite la entrada gra- tuita a museos y atracciones, el uso libre de los transportes públicos, los aparca- mientos municipales y las piscinas de Frogner y Tøyen y que proporciona toda una serie de descuentos en recorridos tu- rísticos, alquiler de coches y restaurantes. El Museo de los Barcos Vikingos o el Museo Kon Tiki son el destino ideal para investigar el pasado de esta mezcla de conquistadores y piratas escandinavos que controlaron los fríos mares del norte siglos atrás. A continuación, el Museo de Artes y Tradiciones Populares y la Galería Na- cional pueden ser el paso intermedio pa- ra completar la transición hacia el arte no- ruego de finales del siglo XIX, representado por el pintor expresionista Edvard Munch y su célebre cuadro El grito.

Oslo tiene argumentos suficientes para atraer y conquistar a los visitantes  

MODELO A SEGUIR

Precisamente es a partir de esta obra que se puede adivinar parte del carácter es- candinavo. Y en este caso nada tiene que ver la angustia existencial y la sensación de asfixia que genera el pincel de Munch, sino la inocencia de una sociedad que du- rante los últimos años se ha convertido en el modelo a seguir por sus políticas so- ciales de redistribución de la riqueza. Y en este sueño de igualdad social, siempre con el permiso del sistema de libre mercado, no cabe la posibilidad de que alguien se dedique a robar cuadros. Así, en agosto del 2004 dos personas enmascaradas entraron en el museo a ple- na luz del día y arrancaron el cuadro, jun- to con otro titulado Madonna, ante la mi- rada atónita de los visitantes y sin que los vigilantes pudieran hacer nada para evi- tarlo. Rápido y fácil, como robar en un quiosco, tal y como público un diario no- ruego. Igual que en 1994, cuando otros dos ladrones sustituyeron una versión de El grito por una nota de agradecimiento por las medidas de seguridad del centro. Si dejamos a un lado estos desafortu- nados incidentes, el carácter noruego tam- bién queda reflejado en la oferta deporti- va y de ocio de su capital. A la mínima que pueden, los ciudadanos de Oslo se echan a la mar para pasear en barca, nadar o pescar por el fiordo o los lagos de la zo- na. Aunque, lógicamente, la atracción ha- cia la montaña es también muy fuerte. En verano, se llenan los senderos y las rutas para cicloturismo y en invierno, las pistas de esquí que rodean la ciudad y a las que se puede acceder en metro.

VIDA SOCIAL

Por otro lado, la vida social se concentra a lo largo de la calle Karl Johan, donde se hallan la mayoría de tiendas de ropa y centros comercia- les, y en el puerto de Aker Brid- ge, que alberga gran variedad de bares y restaurantes. Si se sigue el curso del río Akerselva aparece Gruner- løkka, un antiguo barrio de clase trabajadora convertido ahora en el centro bohemio donde se dan cita pintores, escultores y mú- sicos para buscar la inspiración y rela- jarse en algunos de los cafés y res- taurantes más modernos de Oslo. Todo esto convierte a la capital no- ruega en una visita casi obligada. Por desconocida e interesante, por ur- bana y natural, por marítima y montañera. Por estar tan cerca y tan lejos, por ser tan diferente a los países mediterráneos y por su inocencia. Eso sí, antes de partir cabe recordar que el país no pertenece a la Unión Europea, por lo que es necesario llevar el pasaporte y adquirir coronas no- ruegas. Y a la hora de elegir equipaje, una sorpresa: a pesar de su latitud, Oslo tiene un clima muy parecido a Escocia o Galicia y más horas de luz que cualquier otra capi- tal del mundo