Hubo uno que fue a París y no subió a la Torre Eiffel. Era este un espíritu independiente, de los de mochila al hombro y cartera enclenque. Un buscavidas, con gula por un turismo alternativo, al margen de lo que hicieron gran parte de los pasajeros con los que viajó hasta la estación de Austerlitz.

Se fue a hospedar en uno de los tres Mije de la ciudad (Maison Internationale de Jeunesse et des Estudiants), un económico y reformado palacete del siglo XVI en pleno barrio de Le Marais, embajador de las últimas tendencias en moda y de la más rabiosa exclusividad.

Noches que dan pie a la inspiración

La expresión Paris la nuit no se ha acuñado porque sí. La ciudad tiene una rica oferta nocturna que ha servido históricamente para ilustrar a artistas y creadores. Las zonas de marcha más animadas son la parte inferior de Montmartre, Le Marais, los alrededores de la Bastilla y de la calle Oberkampf y algunas partes de Belleville. La orilla izquierda del Sena, sobre todo Saint-Germain-des- Prés, está copada por los turistas, pero últimamente han vuelto a aparecer algunos locales considerados branché, es decir, in. El barrio Butteaux- Cailles, cerca de la Place d’Italie, es del estilo: muchos bares y precios relativamente económicos. El transporte público solo funciona hasta las 0.30 horas.

Aunque él prefirió dejarse caer por alguno de esos oscuros talleres montados en algún local trastero, donde los nuevos diseñadores buscan hacer historia. Se asomó a Peral, ubicado en una elegante zona residencial del distrito 16. Pasó desapercibido entre los bohemios de Montmartre que se interesaban por la boutique Spree, con ese interior de hormigón con reminiscencias de los año 50. E hizo fotografías a los turistas japoneses que adoraban Olga, tienda que combina lo nuevo con lo vintage en Belleville, la zona más colorida y multicultural de París, que acoge también el mercado más grande, barato y exótico de la ciudad.

Pero como en casa le habían hecho algunos encargos de prèt-à-porter, se convierte en cazador de gangas a través la calle d\’Alésia, donde se concentran la mayoría de ofertas degriffé: ropa de marca de temporadas anteriores con la etiqueta cortada e interesantes descuentos.

TENTEMPIÉ URBANO

Tan pronto como el tiempo lo permite, el trotamundos se acerca al agua, como muchos parisinos, para convertir el puente de las Arts, la plaza de Vert Galant, el muelle de Orléans o Paris Plage –la playa abierta en julio y agosto– en escenarios para un picnic.

Aunque, con lo ahorrado en alojamiento, bien puede permitirse el lujo de homenajearse en alguno de los restaurantes modernos que últimamente triunfan en los museos: El Georges (en el Pompidou), el Saut du Loup (en el Museo de las Artes Decorativas) o el Tokyo Eat (en el Palais de Tokyo). Comer allí le hace sentirse vip durante un par de horas, además de darle acceso a algunos monumentos históricos fuera del horario oficial de visitas.

Confort sobre raíles Viajar a París en tren, por la noche, mientras se duerme en una confortable cabina es una opción que se debería tener en cuenta a la hora de planificar el viaje. Los trenhoteles Elipsos (www.elipsos.com) enlazan diariamente España con Francia a través de dos convoyes. El Trenhotel Joan Miró, une las ciudades de Barcelona, Girona y Figueres con Limoges, Orleans y París. Y el Trenhotel Francisco de Goya enlaza las ciudades de Madrid, Valladolid, Burgos y Vitoria-Gasteiz con Poitiers, Blois, Orléans y París.  

 

Alguna tarde sucumbe al guiño de la colina de Montmartre, donde antiguamente vivían y trabajaban artistas. Hoy, los elevados precios de los alquileres hacen que pocos puedan permitirse instalar allí su residencia. Para hacer un têteà- tête con alguno de esos pintores, se hace con el catálogo Meeting the French, que le ayuda a localizar el taller de un artista independiente y sonsacarle algunos secretos. Y al intuirse la noche, busca colarse en alguno de los pequeños e íntimos clubs por los que apuestan los parisinos. Así es como descubre el Paris Paris, que reúne a gente de la publicidad, la moda y los medios; L\’Opa, el preferido por los rockeros más jóvenes; o algún concierto en directo en La Fleche d\’Or o La Bellevilloise, lugar elegido por los alternativos del París este.

El au revoir llega cuando todavía no ha aprendido a pronunciarlo de manera que suene creíble. De camino a la estación, repasa la mochila, no vaya a ser que olvide algún beso alcohólico en la que llaman la ciudad del amor.

Una tras otra deja atrás las callejuelas de ese París moderno y, a según qué horas, decadente. En su cuaderno de viaje, alguna nota crítica: “caos circulatorio”, “sensación de peligro a altas horas de la noche en los barrios periféricos del norte, este y algunos del sur”, “precio de una cerveza” y “timo del falso turista que asegura haber sido robado para acabar sonsacándote alguna moneda”. Vaya, casi como estar en casa.