HOJA DE RUTA PARA ‘DESVESTIR’ LA CAPITAL DE CHINA 

COLORÍN, COLORADO, este cuento se ha acabado. Cuatro días después de la clausura de los Juegos, Pekín comienza a recuperar su carácter previo a la vorágine olímpica. La ciudad ya no es la que era, gracias al gran número de nuevas instalaciones deportivas que la han invadido con motivo de la cita internacional. Pero, dejando de lado el aspecto deportivo –omnipresente durante tres semanas–, la capital de la República Popular China sigue resultando atractiva a los visitantes por motivos menos circunstanciales. Por eso, muchos de los extranjeros que hace unos días aplaudían con fervor en las gradas del Estadio Nacional, el canal olímpico de Shunyi o el velódromo de Laoshan, han tenido picardía y han alargado su estancia en la ciudad para acabar de empaparse de historia y modernidad.

Atractivo oriental

Hasta el 5 de septiembre la Imagine Gallery acoge la exposición Wang Limin, compuesta esencialmente por retratos de bellas jóvenes chinas (como las de la imagen superior), ostentando símbolos de la China moderna, como la estrella roja o el uniforme de Mao. La exposición tiene lugar en el distrito Chaoyang, al igual que otra, dedicada al maestro del pop-art Andy Warhol, que regresa a la capital con ocasión de la proyección de diapositivas realizadas en 1982 por Christopher Makos, su fotógrafo personal, durante una visita de ambos artistas a China. Esta muestra permanecerá abierta hasta el 7 de septiembre en Timezone 8 Editions.

Tienen estos ahora una oportunidad irrepetible de entrar en contacto con la acrobacia china, una de las artes más auténticas del país, con una historia milenaria y representantes mundialmente reputados por su agilidad y destreza. Hasta el 31 de agosto el teatro Poly acoge el espectáculo de una de las más importantes troupes acrobáticas, que se inspira precisamente en los recién clausurados juegos. Equilibrismo con sillas o en bicicleta, demostraciones de artes marciales, malabarismo o magia son algunos de los números que fusiona el show. Una reunión de belleza, gracia y destreza.

ARTE CONTEMPORÁNEO Un arte menos masivo es el de las obras que acoge el Ullens Center for Contemporary Art (UCCA), inaugurado por los coleccionistas suizos Guy y Myriam Ullens en noviembre del año pasado.

BEBIDA MEDICINAL

Dice un refrán chino que en cada casa no puede faltar ninguna de estas cosas: chimenea, arroz, aceite, sal, salsa, vinagre y té. Y es que este último elemento es la bebida nacional por excelencia. Su cultivo y consumo se originó en China hace más de 3.000 años. Hoy en día existen más de 1.000 tipos, que los chinos alaban por sus vitaminas, sus beneficios para la vista o sus propiedades relajantes y diuréticas. Por consiguiente, afirman que beberlo regularmente ayuda a prolongar la vida.

Esta fundación sin ánimo de lucro está dedicada a promover y promocionar el arte contemporáneo chino, en una antigua fábrica remodelada del distrito artístico más emergente de la capital. El pasado 19 de julio se inauguró en este centro la exposición Our future, con fondos propios de la colección Ullens, una muestra que, hasta el próximo 12 de octubre, agrupa 89 trabajos de 61 artistas chinos: esculturas, pinturas, vídeos, fotografías, obras de audio e instalaciones.

Fuera de los teatros y los museos, Pekín tiene algunos monumentos históricos obligados, como la Ciudad Prohibida, fiel representante de la arquitectura clásica china y preciado tesoro; el Palacio de Verano, con un sinfín de jardines y otras edificaciones de estilo clásico; el Templo del Cielo, el más imponente testimonio de los ritos de sacrificio; las 13 tumbas de los emperadores Ming, la más importante necrópolis imperial china; la Gran Muralla, la mayor construcción humana en términos de longitud, superficie y masa; los templos taoístas Bai Yun o Yonghegong; o la plaza Tiananmen, considerada la mayor del mundo.

A parte de esas visitas inexcusables, Pekín tiene todo lo necesario para que cada uno dibuje la ruta a su gusto: desde perderse por Quianmen Dashilan en busca de los suvenires más tradicionales hasta pasear por la calle Liulichang, especializada en la venta de antigüedades. Y si de tanto ajetreo se acaba exhausto, uno tiene dos opciones: relajarse en algún parque público practicando taichí (arte marcial basado en la circulación de energía) o zambullirse en el conglomerado de bares para extranjeros del sur del barrio de Sanlitun. Cada uno, a lo suyo.