ENTRE LAS MIL MARAVILLAS que es posible contemplar en Jordania una merece especial atención: la ciudad milenaria de Petra. Patrimonio de la humanidad, esculpida en piedra rosa, perdida durante siglos, situada en el desértico valle de Araba, accesible sólo desde un angosto desfiladero, este oculto lugar fue la joya de los nabateos y es hoy el mayor de los tesoros nacionales de Jordania. Petra fue la capital del reino nabateo, el lugar estratégico desde donde controlaban las rutas comerciales. Los nabateos poseían una refinada cultura, establecieron su dominio en la zona durante siglos y desarrollaron una arquitectura singular y un ingenioso sistema de embalses y canales de agua. Su predominio se prolongó durante 2.000 años hasta que, en el año 106 el emperador romano anexionó el reino al Imperio Romano. Durante más de diez siglos Petra siguió formando parte de la civilización, pero en el siglo XVI cayó en el olvido de Occidente y permaneció ignorada y en paradero desconocido durante 300 años. Sólo en 1812 y gracias al explorador suizo Johann Ludwig Burkhardlt volvió a ser conocido el paradero de esta maravillosa ciudad. Su ignoto paradero, en el fondo de una profunda garganta del desierto, fue posible gracias a que el único acceso posible es un angosto desfiladero, una grieta en la montaña fruto de un prehistórico movimiento tectónico. INCOMENSURABLE Por ello, hoy el visitante sigue accediendo a Petra a través de la grieta o Siq, con unos 500 metros de longitud y con paredes de 100 metros de altura. La ciudad puede definirse como inconmensurable y, sin duda, visitarla de forma completa es una hazaña que puede requerir semanas enteras. Pero hoy el turista tiene la opción de conocer el lugar de acuerdo con sus posibilidades y, también, según sus deseos y aficiones. De esta forma es posible cruzar el desfiladero a caballo, recorrer el recinto en camello o en carruaje, permanecer varias noches en alguno de los hoteles de la zona o, sencillamente, realizar una excursión de un solo día en autobús des- de Ammán. Pero, sea cual sea el modo, es imprescindible visitar monumentos como el Tesoro (Khaznah) -que sin duda reconocerán cuantos hayan visto la última película de Indiana Jones-, el teatro con capacidad para 7.000 personas, la Tumba de Palacio, el Altar del Sacrificio o el Monasterio. Uno de los atractivos adyacentes a Petra es el santuario que, en la cima de un monte próximo, conmemora a Aarón, el hermano de Moisés, en el lugar donde se cree murió. Este monumento, construido en el siglo XIII por el sultán de Egipto Mohammed ibn Calaon, ofrece la peculiaridad de estar dedicado a un personaje bíblico venerado por judíos, cristianos y mahometanos. Además, es interesante conocer Jabal al-Baydá, uno de los lugares más antiguos de Oriente medio, ya que la cultura existente allí se remonta al neolítico. Para quienes visitan la ciudad, el Museo Arqueológico de Petra es de visita casi obligada.